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Hay imágenes fotográficas que perforan la conciencia por grotescas y dolorosas. Son reales, son noticia, denuncian una profunda injusticia, pero son tan fuertes que podrían vulnerar la barrera del buen gusto para instalarse en el terreno del morbo y la explotación sensacionalista de una persona. Es el caso de una imagen de los cadáveres hinchados y semipodridos de una mujer y un niño, ella vestida y él desnudo, flotando sobre una tabla de madera en medio del mar.




Durante el mes de Mayo, desde hace varios años se viene celebrando en diversos países, principalmente europeos y americanos, la Marcha Mundial de la Marihuana. Su objetivo es la reivindicación de la licitud del consumo y el cultivo de la planta de cannabis. En la ciudad de Buenos Aires los manifestantes se concentran en la Plaza de Mayo y de allí marchan hacia la Plaza del Congreso. Al caer la tarde, ante un auditorio estimado en unas cien mil personas, varios oradores dan sus diferentes testimonios sobre su compartida intención de terminar no sólo con la prohibición, sino en especial con la penalización de estas actividades –lo que ha llevado a la detención y encarcelamiento de no pocas personas.