Día Mundial de los Océanos

Hoy se conmemora el  Día Mundial de los Océanos. El objetivo de este día es que desde nuestra área del conocimiento podamos contar la  relevancia que tienen los océanos en nuestra vida cotidiana. No importa en qué lugar habites, puede ser Salta, San Juan, Corrientes, Misiones, Tucumán, Patagonia andina o en Calafate; estés donde estés tu vida diaria está regulada y depende de lo que ocurre en el océano.  Las razones son múltiples: los océanos regulan el  clima de la Tierra, absorben más de la mitad del dióxido de carbono atmosférico (principal gas atmosférico responsable – entre otras cosas – del efecto invernadero que lleva al Cambio Climático), proveen más de la mitad del oxígeno disuelto en la atmósfera (y que resulta esencial para todos los  organismos que lo respiramos para vivir), suministran proteínas para alimentación y  proveen otros recursos esenciales para el funcionamiento de la economía global (hidrocarburos,  minerales). 

Por el Dr. Luis Cappozzo

El origen de la idea del Día Mundial de los Océanos surge en las Naciones Unidas el 8 de Junio de 1992, en el Foro Mundial en Río de Janeiro y como un evento paralelo a la Conferencia de la ONU sobre Ambiente y Desarrollo (UNECED,  sus siglas en inglés), con el objetivo de promover una oportunidad para que el  tercer sector (ONGs) y la sociedad civil puedan expresar sus opiniones sobre temas ambientales.

Sin embargo, recién en 2008 e inspirados por un evento organizado por el Oceans Institute of Canadá y apoyado por el gobierno canadiense que se llamó “Oceans day at Global Forum-The Blue Planet” (Día de los Océanos en el Foro  Global – El Planeta Azul), que congregó a numerosos expertos internacionales y de múltiples disciplinas vinculadas al océano e incluyó la opinión de líderes diversos que hablaron acerca de cómo los océanos contribuyen a la sostenibilidad del “Planeta Azul”.

Ese año, se designó el 8 de Junio como “Día Mundial de los Océanos” a través de la Resolución 63/111 de la ONU. La Resolución incluía la implementación de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, el espacio marítimo, el transporte marítimo internacional, la seguridad marítima, la ciencia y tecnología marinas, la diversidad biológica marina, el medio marino y el desarrollo sostenible, el cambio climático y cooperación regional e internacional.

También se expresaba que a través de la toma de conciencia y la acción -impulsadas por la observación y conmemoración del Día Mundial de los Océanos- serían cruciales en todas estas áreas. Estos lineamientos fueron adoptados por numerosos países, incluido la Argentina a través de la Iniciativa Pampa Azul a través de su lanzamiento inicial en 2014 y su reciente relanzamiento en 2020, pero sobre esto me  referiré más adelante.

Buque Oceanográfico ARA «Puerto Deseado». Foto: Min. de Ccia y Tec.

Regresando al “Día Mundial de los Océanos”, luego de su denominación y declaración en 2008 a través de su implementación efectiva, comenzó su conmemoración, a partir del 8 de Junio de 2009 y con el lema “Our Oceans, Our Responsibility” (Nuestros  Océanos, Nuestra Responsabilidad”). Desde entonces, cada año tuvo un lema diferente para llamar la atención de todxs sobre este tema, que no sólo es esencial, sino que resulta imprescindible tomar acciones inmediatas a nivel internacional, regional y local para conservar los océanos, no ya por  una cuestión de sensibilidad, ni siquiera por sentido común, sino por supervivencia, y no  solo de nuestra especie, sino de toda la biodiversidad planetaria. Así enunciado parece una exageración,  pero no lo es, y a tal punto esto es así  que desde hace algunos años los científicos publican artículos contundentes al respecto. Los  expertos sostienen de manera robusta que a partir de la comparación de la asociación entre la amenaza de extinción y los rasgos ecológicos en los animales marinos modernos – sobre todo los grandes vertebrados marinos, como las ballenas, delfines, osos polares, tortugas y aves marinas, tiburones y rayas, morsas, leones marinos, focas y grandes peces- comparados con eventos de extinción masiva anteriores (recordemos que el último ocurrió hace 65 millones de años, eliminando al 97% de todos los organismos vivos del planeta, incluidas la mayor parte de las especies de dinosaurios – aquí recordamos que algunas especies pequeñas de dinosaurios lograron sobrevivir y sus descendientes son las aves actuales) la amenaza de extinción en los océanos modernos está asociada de manera contundente con un gran tamaño corporal, mientras que los eventos de extinción pasados ​​no fueron selectivos o se eliminaron preferentemente taxones de cuerpos más pequeños. Esta vez, en la antesala de la sexta extinción masiva planetaria, son los animales pelágicos (grandes nadadores) los que se  ven más afectados por las acciones irresponsables del hombre en los procesos productivos concentrados en pocas manos. En esta ocasión los grandes animales marinos son la punta del iceberg frente a la disyuntiva moral a la que se enfrenta nuestra especie: reconvertir los procesos productivos, reemplazar a los  combustibles fósiles, evitar la desertificación, rubricar convenios internacionales para reducir la emisión de gases de efecto invernadero, volver a la agricultura familiar y cooperativa, aplicar control integrado de plagas, reducir hasta su reemplazo los agroquímicos nocivos. Está claro que el desafío es inmenso y como declaró el año pasado en Estocolmo, frente al  Parlamento Sueco,  la joven activista Greta Thunberg “…lo primero que tenemos que hacer es entender que estamos en una emergencia y admitir el hecho de que hemos fallado – la humanidad colectivamente ha fallado – porque no se puede resolver una crisis que no se comprende”; en una clara referencia hacia los responsables en tomar las decisiones, sobre todo a las grandes potencias industriales. Esto caló tan  profundo que fue criticada de manera pública, tanto por Donald Trump como por Vladimir Putin.  La joven activista contra el cambio climático, no participará este año de la conferencia sobre el clima COP26 que se llevará a cabo en  noviembre en la ciudad escocesa de Glasgow, en protesta por la distribución desigual de las vacunas para combatir la Covid-19, que margina a los países con menos recursos. 

Volviendo al “Día Mundial de los Océanos” de hoy, el lema de Naciones Unidas es “El Océano: vida y medio de subsistencia” cuyo objetivo es reforzar la relevancia de “conservar y utilizar de manera sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos” de cara a la  próxima década. En este sentido, el año pasado desde el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación y con motivo del Relanzamiento de la  Iniciativa Pampa Azul, desfinanciada durante el gobierno macrista, el Ministro Roberto Salvarezza declaró “La iniciativa trataba de fortalecer todas las actividades de ciencia y tecnología relacionadas al mar, con el propósito de orientar lo productivo y así ganar soberanía. En 2015 solo el 1.5% del PBI provenía del mar, por ello, la meta era incrementarlo al 10% de cara al 2035. Lo que vimos a partir del macrismo solo fue retroceso: se vaciaron los presupuestos y los instrumentos se vinieron abajo. Pasó lo mismo con el desarrollo satelital y nuclear. Hoy buscamos relanzar todo aquello que creemos estratégico para nuestro país”. Por eso es importante resaltar que el objetivo de esta estrategia política de Estado persigue un objetivo económico que permita el desarrollo de todas las actividades productivas ligadas al Mar Argentino con racionalidad, aplicando el  conocimiento científico y el desarrollo tecnológico a la industria y actividades privadas vinculadas al mar, pero con controles del Estado que permitan el desarrollo económico con desarrollo tecnológico local para maximizar la producción con un criterio que permita conservar nuestros recursos marinos renovables. En otras palabras, un Estado presente que garantice el desarrollo, que genere puestos de trabajo genuinos y que haga cumplir la Ley, empezando por el Artículo 41 de nuestra Constitución Nacional: 

“Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo. 

El daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley. 

Las autoridades proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación del patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica, y a la información y educación ambientales. 

Corresponde a la Nación dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de protección, y a las provincias, las necesarias para complementarlas, sin que aquéllas alteren las jurisdicciones locales. 

Se prohíbe el ingreso al territorio nacional de residuos actual o potencialmente peligrosos, y de los radiactivos”.

Leyendo  este artículo de  nuestra Constitución resulta adecuado, incluso apelando al  sentido común ¿Quién guardaría sustancias tóxicas en su casa? ¿A quién se le ocurriría intoxicar a sus niñes? ¿Quién almacenaría sustancias radiactivas en el placard? ¡Pues a nadie en su sano juicio! Por eso el Estado debe regular y controlar todas las acciones productivas garantizando un ambiente sano y protegiendo a las generaciones futuras. En relación al Mar Argentino, y a Pampa Azul en particular, existe una batería robusta de leyes que lo sustentan. Por eso aquí se trata de sentido común y de cumplir con la ley.

Foto: Dr. Luís Cappozo

Pampa Azul es una política estratégica de Estado, involucra a varios Ministerios (Seguridad, Defensa, Relaciones Exteriores, Agricultura Ganadería y Pesca, Turismo, Ambiente, Jefatura de Gabinete) con un Comité Coordinador Interministerial e impulsado desde el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación;  es transversal, multidisciplinaria, federal  e intervienen además el Conicet, las Universidades Nacionales vinculadas con investigaciones en el Mar Argentino, Prefectura Naval,  la Armada, el  INIDEP (Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero. La Iniciativa tiene por objetivos la investigación de la biodiversidad del Mar Argentino, el uso racional  de los recursos naturales de nuestro mar, generar e identificar Áreas Marinas Protegidas con criterio científico, promover el desarrollo tecnológico nacional aplicado a la  explotación racional de nuestros recursos marinos, comunicar a la sociedad la importancia del Mar Argentino y ejercer nuestra soberanía sobre el Océano Atlántico Sur. Por esto decimos que la ciencia es política y también es soberanía. Las áreas temáticas de la Iniciativa incluye a la oceanografía física y química, la geología marina, la pesca, los servicios ecosistémicos, la  conservación de la biodiversidad, la tecnología aplicada a la investigación, la producción y la conservación y el cambio climático. El relanzamiento del año  pasado implica un período que se extiende hasta 2032 y que busca el desarrollo económico, la generación de puestos de trabajo, la conservación y el uso racional  de los recursos naturales marinos. Ciencia y Tecnología aplicada al desarrollo, a la soberanía y a la conservación del océano. Eso  es lo que hacemos.

Por eso celebramos la Ley de Financiamiento del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Ley 27.614), que garantiza que el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología irá incrementando su presupuesto en relación al PBI de manera paulatina y sostenida hasta alcanzar el 1 % del PBI en 2032. Por eso estamos orgullosos del reciente resultado que ubica al CONICET entre los organismos científicos más prestigiosos del planeta y el mejor de Latinoamérica según el ranking SCImago. Por eso estamos orgullosos de la producción de vacunas contra la Covid-19 en Argentina, por la Unidad Coronavirus integrada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación,  el CONICET y la Agencia  Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i), por el desarrollo de dos potenciales vacunas contra la Covid-19 argentinas;  por eso y por mucho más la  ciencia es soberanía.

Por último, la  vida se originó en el océano y está claro que los seres humanos estamos hechos de agua en un 75 % de lo que somos, el 71 % del planeta está cubierto por océanos y en definitiva lo que ocurre en el océano afecta nuestra vida cotidiana y nuestro futuro como especie. Por todo eso,  no lo dude:  ¡Somos Océano!

El Dr. Luis Cappozzo es Investigador Principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Museo Argentino de Ciencias Naturales, Jefe del Laboratorio de Ecología, Comportamiento y Mamíferos Marinos (LECyMM-CONICET), Beca Marie Curie de la Unión Europea para Científicos Senior (2008). Biólogo Marino, Comunicación Pública de la Ciencia.

Foto de portada: Dr. Luíz Cappozo.

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Director: Santiago O´Donnell. contacto@medioextremo.com

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