La principal vía de contagio fue desestimada durante muchos meses

La creciente evidencia de que el Covid-19 se transmite ante todo por vía aérea, en lugares cerrados, a distancias mayores que 2 metros y aun usando tapabocas, no es tomada en cuenta por gran parte de la población.

Así sucede en el mundo en general, por razones vinculadas con debates, errores y posibles dogmatismos en el campo de la ciencia que afectaron también el estudio de enfermedades como la tuberculosis y el sarampión. Y sucede en la Argentina en particular, donde el mayor pico de la pandemia coincide con acciones de desinformación obedientes a intereses económicos y políticos. En los últimos días, dos artículos, publicados en las revistas especializadas The Lancet y Nature, explican y fundamentan esa evidencia.

El 15 de abril pasado, en la edición on line de The Lancet, se publicó el artículo «Diez razones científicas en apoyo de la trasmisión por vía aérea del SARS-Cov-2», firmado por un grupo de investigadores de las universidades de Oxford (Reino Unido), California, Colorado y Carolina del Norte (Estados Unidos) y Toronto (Canadá), coordinados por Trisha Greenhalgh. El trabajo apunta a los aerosoles, esas partículas pequeñísimas que se dispersan a muchos metros en lugares cerrados, que no se detienen ante los tapabocas comunes ni son afectadas por el alcohol en gel ni por la desinfección de superficies. No hay que confundir estos aerosoles con las gotitas respiratorias, que son más grandes, caen a uno o dos metros por acción de la gravedad y pueden ser controladas con distanciamiento social, con barreras físicas como las placas transparentes de acrílico y con los barbijos de uso habitual. El artículo en The Lancet sostiene que el SARS-CoV-2 se trasmite, «principalmente», por vía de los aerosoles.

Entre las razones, menciona los eventos llamados de supercontagio, que podrían ser impulsores primarios de la pandemia y se han verificado en «conciertos corales, barcos de crucero, cárceles, asilos». «En hoteles de cuarentena, ha sido documentada la trasmisión entre personas que nunca habían estado en presencia una de la otra pero residían en cuartos adyacentes.»

Para generar aerosoles basta con unas palabras: «El simple hablar produce miles de partículas de aerosol y sólo unas pocas gotitas respiratorias», señala el artículo, y observa que «la trasmisión del virus desde personas asintomáticas o presintomáticas que no se hallaban tosiendo o estornudando da cuenta de por lo menos un tercio y quizá por encima del 59 por ciento de toda la trasmisión mundial, y es una vía clave por la cual el virus se ha esparcido alrededor del mundo: esto sostiene la vía por aerosoles». Además, «se han documentado infecciones hospitalarias donde había equipos para el personal, destinados a proteger de las gotitas pero no de los aerosoles». Asimismo, «en muestras de aire de habitaciones ocupadas por pacientes y en el aire del interior de autos de personas infectadas se detectaron virus viables: permanecían con capacidad de infectar por más de tres horas, con una vida media de 1,1 hora».

Incluso la trasmisión a corta distancia puede explicarse mejor por los aerosoles exhalados: «La errónea suposición de que la trasmisión a corta distancia proviene sólo de gotitas respiratorias o fomites (objetos contaminados) fue usada durante décadas para negar la trasmisión por vía aérea de la tuberculosis y el sarampión. Se convirtió en un dogma de la medicina, ignorando las mediciones directas de aerosoles», y ese viejo dogma afectó la reacción preventiva al Covid-19: cuando se forjaron las respuestas preventivas comunitarias se priorizó decididamente la trasmisión por gotitas respiratorias de corto alcance.

El artículo en Nature, firmado por Dyani Lewis sobre la base de fuentes de la comunidad científica, advierte que «aun en un restaurante aparentemente espacioso, con techos altos, la cantidad de dióxido de carbono suele superar las 2000 partes por millón, indicador de que la sala tiene escasa ventilación y plantea un riesgo de infección por Covid-19». «El público en general no tiene idea de esto», comenta Lidia Morawska, investigadora de la universidad de Queensland. «La situación es la misma en cafés y jardines de infantes en gran parte del mundo», según el artículo de Nature. Sólo en marzo de este año la OMS dio a conocer una guía para mejorar la ventilación en locales cerrados. Philomena Bluyssen, de la Universidad Delft de Holanda, observa que «las fallas de los gobiernos para proveer guías claras o dinero para hacer más seguros los espacios cerrados deja a gran parte de la población en riesgo de contraer la enfermedad», y enumera: «Trabajadores en sus oficinas, clientes de restaurantes, detenidos en cárceles, niños que van a las escuelas».

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Escritor y Periodista

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