Ciencia y Tecnología: orgullo y reflexión

Hoy 10 de abril se celebra el Día del Investigador Científico y del Trabajador Científico en Argentina, por conmemoración del natalicio de Bernardo Alberto Houssay (1887-1971), primer Premio Nobel de América Latina en Ciencias y fundador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Hace dos años atrás también tuve la oportunidad de reflexionar sobre este día – y por este medio – porque para quienes integramos el sistema científico y tecnológico nos resulta un día de celebración y, agrego hoy, debiera ser de reflexión.

Por el Dr. Luis Cappozzo

La diferencia entre estas líneas y las de hace dos años atrás, es que entonces nos encontrábamos con los y las colegas en la explanada del Polo Científico y Tecnológico en Palermo o en las calles reclamando mayor atención del Estado de la alianza gobernante de entonces (2015-2019), por la destrucción sistematizada y dirigida del Sistema Científico y Tecnológico Nacional.

Por el contrario en nuestros días, luego de cuatro años de desidia planificada neoliberal y más de un año de pandemia global, el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología está de pie y ante los ojos de toda la sociedad demostró su capacidad instalada y de respuesta, a través de todo lo que aportó y aporta para que la sociedad argentina reciba mitigado el impacto de esta feroz pandemia: kits de detección, test de detección, barbijos de calidad con protección casi total, respiradores, métodos de tratamientos, producción de vacunas y hasta desarrollo de nuestra propia vacuna. Becarixs, científicxs, técnicxs profesional de apoyo y todo el personal asociado a nuestros institutos, centros de investigación, universidades, entre otros, trabajan a destajo y con salarios muy deprimidos para lograr aportes significativos que beneficien a toda la sociedad. La ciencia es una construcción colectiva y la sociedad su destinatario final.

Protesta frente al Polo Científico y Tecnológico, 04/2019. Foto: Luis Cappozzo.

El mismo reconocimiento social aplica sobre todo al personal de Salud, que luego de tanto bombardeo opositor ya no recibe aplausos nocturnos desde balcones y zaguanes. Todxs ellxs en la primera línea de combate contra este virus de difícil contención, no por las características del virus, sino por dos razones: la escasez de vacunas y la ausencia de liberación de patentes, y por el mal comportamiento de una parte minoritaria de la sociedad – que arrastra a otro tanto no informado- pero suficiente para complicarlo todo. Pese a ello, de a poco vamos cercando al virus y la pandemia será contenida, no sin lamentar pérdidas de vidas por millones y un impacto económico gigantesco y mundial.

El otro colectivo que no puedo dejar de mencionar es el docente, que pese a lo que digan los que confunden y  a las restricciones de conectividad que conocemos, dieron clases virtuales con las dificultades y el enorme esfuerzo que conlleva durante todo 2020. No quería dejar de mencionarlo aquí, que tampoco es casual que en Ciencia y Tecnología, Salud y Educación los recortes realizados en el período 2015 a 2109 fueron bestiales y los tres sectores tienen salarios pauperizados y la necesidad de mucha más inversión en infraestructura, recursos humanos y desarrollo. Por eso en pandemia el personal de salud, educación y ciencia-tecnología merecen ser celebrados a diario en agradecimiento al inmenso esfuerzo al que están sometidos. Destaco que en los tres sectores la explicación es la enorme vocación en juego.

La evidencia en la estafa electoral, en todas y cada una de las definiciones vertidas en el debate del ballotage de 2015, por quien fuera luego Presidente de la Nación, no requieren el mínimo espacio de debate argumentativo en esta columna, como así tampoco la de quien fuera degradado de Ministro a Secretario de Estado en aquellos años, que declaraba no saber con exactitud a cuanto ascendía la inversión del Estado -en relación al PBI- en Ciencia y Tecnología. En aquellos días de 2019, quien le respondía al Secretario de CyT era el Dr. Alberto Kornblihtt, (Miembro del Directorio del CONICET) que entonces llevaba meses esperando su nombramiento en el Directorio del CONICET votado por amplia mayoría y en representación de las Ciencias Biológicas y de la Salud, hoy miembro pleno del Directorio. El Dr. Kornblihtt fue contundente al responder entonces, respecto al porcentaje del PBI destinado a CyT en 2019: “Es del 0,256%, lo sabemos con una precisión de tres decimales”.

Pero ¿qué pasó, por ejemplo, entre 1995 y 2015? Si nos remontamos a 2017 en un pormenorizado informe realizado por el Dr. Fernando Stefani (Vice-Director del Centro de Investigaciones en Bionanociencias -CONICET), dónde señala “En 2015, por primera vez en nuestra historia, los dos candidatos finalistas a la presidencia manifestaron una visión que implicaba impulsar el desarrollo económico en base al conocimiento. Daniel Scioli declaró que elevaría la inversión en ciencia y tecnología al 1% del PBI, mientras que Mauricio Macri publicó un documento con una serie de medidas que promoverían la generación de conocimiento y la transferencia de tecnología a la industria, incluyendo el aumento de la inversión en el sector hasta el 1,5 % del PBI”. No es necesario repetir los resultados alcanzados en Ciencia y Tecnología por la gestión de Juntos por el Cambio; pero por si fuese necesario “lo sabemos con una precisión de tres decimales” como indicó el Dr. Kornblihtt, y ese 0,256 % del PBI alcanzado en 2019 fue de los más bajos en los últimos 30 años, tenemos que remontarnos al 2001. El Dr. Stefani señala que para 2017 “En términos de % de PBI, Argentina invierte entre 5 y 7 veces menos que los países más desarrollados. En valor absoluto Argentina invierte entre 10 y 14 veces menos”. Pero si no resulta suficiente, los datos oficiales muestran que la inversión en Ciencia y Tecnología aumentó fuertemente entre 2004 y 2015, casi duplicó su proporción sobre el PBI, llevando este porcentaje de 0,18 % en 2004 al 0,35 % en 2015.

En este sentido la comunidad científica y la sociedad toda debe celebrar la reciente sanción de la Ley de Financiamiento del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Ley 27.614) que tiene entre sus objetivos lo que todos deseamos y que compromete a los responsables de gobernar a llevar la inversión para el sector, del actual 0,28 % del PBI (2021) en un incremento progresivo hasta alcanzar el mínimo necesario para comenzar a hablar de desarrollo, el tan ansiado 1 % del PBI en 2032. Pensar que algunos países del tan preciado primer mundo superan el 4 % del PBI en inversión de sus sistemas de ciencia y tecnología. La pandemia que nos atraviesa es un ejemplo de la necesidad de tener un sistema científico robusto, asociado con desarrolladores privados con una mirada productiva y no financiera especuladora.

Dr. Salvarezza (Min. de C y T) y la Dra. Ana Franchi (Presidenta del CONICET) en el Congreso.

El inicio de una estrategia nacional para el desarrollo científico y tecnológico fue anterior a la creación del CONICET y lo podemos ubicar en el primer gobierno peronista (1946-1955) como contracara del modelo de país neoliberal reforzado con el golpe de Estado de 1930 que, con una matriz de continuidad con los neoliberales de hoy, buscaba primarizar la economía, evitar el desarrollo industrial y hundir la Ciencia y la Tecnología a una actividad cultural y minoritaria sin ningún impacto social. Tras la asunción de Juan Domingo Perón al Gobierno en 1946, aparecen proyectos a mediano y largo plazo en el área de ciencia y tecnología como herramienta de desarrollo y soberanía. Como menciona Alfredo Mason “El desarrollo de las mismas es un elemento contemplado tempranamente en el Consejo de Post-guerra y plasmado en el Primer Plan Quinquenal, pero siempre se encuentra subordinado a una estrategia que busca consolidar un grado de independencia en ese campo, y a su vez, una función social”.

Volviendo al objetivo central de esta columna –celebración y reflexión- amerita recordar algunos de los conceptos vertidos por el Dr. Houssay, quien es sinónimo de dedicación completa a la ciencia, fue fundador de uno de los institutos de investigaciones científicas más prestigiosos de nuestro país, una personalidad que destacó entre los científicos argentinos al vislumbrar que una sociedad solo puede prosperar si valoriza la ciencia, la tecnología y el conocimiento que sus intelectuales producen.

El vínculo que existe entre aquello que investigan los científicos en sus laboratorios y la vida cotidiana de las personas es mucho más estrecho de lo que podemos pensar. Juan Domingo Perón inició el camino con una mirada estratégica de desarrollo social y soberanía. Por otro lado, Bernardo Houssay fue pionero en comprender la importancia de ese vínculo y dijo en una ocasión “Los países ricos lo son porque dedican dinero al desarrollo científico-tecnológico, y los países pobres lo siguen siendo porque no lo hacen. La ciencia no es cara, cara es la ignorancia”

Desde hace décadas, en los espacios políticos donde se decide a qué ramas de las ciencias dar más o menos dinero para investigar, hay una discusión instalada: ¿qué trae más beneficios al país, investigaciones científicas que resuelvan problemas técnico-científicos, investigaciones que curen enfermedades o investigaciones que no tengan aplicaciones inmediatas pero que fortalezcan las bases científicas del conocimiento? Para Houssay siempre estuvo claro que es una divisoria de aguas innecesaria y artificial. Además, la mayoría de los avances de la humanidad ocurrieron por descubrimientos accidentales no planificados. En otras palabras, la ciencia no puede dividirse en pura y aplicada, sino en buena o mala ciencia. El compromiso de los investigadores tiene que estar en lograr avances de buena calidad científica, ya se trate de una nueva aplicación en medicina o de desentrañar el mecanismo de acción de una proteína. Cómo ejemplo invito a leer la historia que vincula el descubrimiento de la bacteria Thermu aquaticus -en los años 60s-; la enzima TAQ polimerasa -en los años 70s- y la tan mencionada hoy y conocida por todos, técnica de PCR -en los años 80s- para confirmar casos de SARS-CoV-2 (Covid19) junto a sus protagonistas, dejando expuesto que no existe diferencia entre ciencia pura o aplicada, que la ciencia es una construcción colectiva y que solo podemos dividir la buena ciencia de la mala. La buena ciencia lleva al desarrollo de los pueblos y a la soberanía.


El 15 de febrero de 1958 quedó constituido el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, denominado por sus siglas en un primer momento CONICYT y luego CONICET. La misión de este organismo autárquico y descentralizado (lo que significa que su desarrollo y funcionamiento depende directamente de la máxima autoridad de la ciencia y la tecnología en el país) fue y es promover, coordinar y orientar – de acuerdo a las necesidades de nuestro país – la investigación científica y tecnológica y el conocimiento, todo esto directamente bajo la órbita de la Presidencia de la Nación. El Dr. Houssay en el año 1958 se entrevistó, junto a un grupo de personalidades de la época, con el Presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu, y consiguió que por un decreto ley se ordene la creación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) con la misión de “promover, coordinar, y orientar las investigaciones en el campo de las ciencias puras y aplicadas”, diferencia irrelevante entre ambos, como quedó expresado más arriba.

Cómo en un error involuntario de un gobierno de facto, en 1958 facilitó la creación del CONICET. Pero los gobiernos de facto y los neoliberales no cometen errores, como en el caso del gobierno de Aramburu; o en 1966, durante el gobierno de facto de Onganía que fue y será recordado por la terrible “Noche de los Bastones Largos” y la mayor fuga de cerebros generada entonces y que privó al país de una cohorte de científicos y científicas que tuvieron que emigrar.

Para resumir los resultados de los últimos cuatro años de neoliberalismo de los que acabamos de salir, aunque seguimos estacados en la matriz que reforzaron, utilizaré las palabras de Eduardo Dvorkin (docente universitario y referente en desarrollo de políticas científicas y tecnológicas): “1) Desindustrialización, que significó cierre de pymes y alta capacidad ociosa en la industria general, 2) cancelación de los proyectos de desarrollo autónomo de tecnologías como los de la industria satelital y los de las industrias de defensa que movilizaban una gran cantidad de pymes y brindaban posibilidades de alta formación a jóvenes profesionales,3) Desocupación provocada por esta desindustrialización, 4) Ajuste en el sistema científico, en particular en el CONICET, induciendo a la fuga de cerebros. Los resultados medidos en términos de desindustrialización, desempleo y ajuste del sistema científico no fueron errores de gestión del equipo gobernante; fueron el resultado exitoso de sus políticas”.

Pocos meses antes de las elecciones Presidenciales de 2019, el Dr. Diego Hurtado (Secretario de Planeamiento y Políticas en Ciencia, Tecnología e Innovación del MinCyT) escribía: “¿existen las condiciones para esta transformación cultural e ideológica? Un porcentaje importante del sector de CyT apoyó en las elecciones al gobierno actual. Sin embargo, incumpliendo promesas de campaña, desde los primeros meses el macrismo explicitó un proyecto de país con creciente desigualdad, desindustrialización, financierización, endeudamiento y devastación de las actividades de I+D con acelerada precarización del mundo del trabajo. Como respuesta, los/as trabajadoras/es del sector –científicas/os, tecnólogos/as, ingenieras/os, técnicas/os, administrativos/as–, por encima de sus diferencias, fueron convergiendo en la resistencia a estas políticas. Desde mediados de 2018 no se escuchan voces que defiendan públicamente la “política” de CyT del gobierno”.

El actual gobierno del Frente de Todxs, no improvisa en temas de Ciencia y Tecnología, en una línea continua con los conceptos aquí vertidos y a partir de revisar las trayectorias de sus principales referentes, está a la vista de todxs que pese al fondo profundo en dónde el gobierno anterior dejó al Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología, el sistema resistió y los logros en transferencia concreta a la sociedad están hoy a la vista de todo el mundo.

Cómo ejercicio podemos revisar una entrevista que quien suscribe esta columna de opinión le realizó al Dr. Roberto Salvarezza cuando se desempeñaba como Presidente del CONICET y en la que afirmaba que “El desarrollo debe ser inclusivo, sustentable y tecnológico” y alineado con las visones diferentes de país entre los dos modelos en pugna declaraba “En un país que no tiene un modelo de desarrollo tecnológico, la ciencia en teoría no es un insumo importante, es solo un hecho cultural válido”.

No solo celebramos la sanción de la Ley 27.614, también somos testigos de la capacidad de respuesta frente a esta pandemia de los insumos generados desde la Unidad Coronavirus cuyo objetivo es poner a disposición todas las capacidades de desarrollo de proyectos tecnológicos, recursos humanos, infraestructura y equipamiento que puedan ser requeridas para realizar tareas de diagnóstico e investigación sobre Coronavirus o COVID-19. Esta Unidad está integrada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MINCyT), con el Dr. Roberto Salvarezza al frente del organismo; el CONICET, con la Dra. Ana Franchi a cargo de la Presidencia quién además implementó un deseada y esperada política de igualdad de Género en el Organismo; y por la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i), bajo la Presidencia del Lic.Fernando Peirano (Presidente de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación  el Desarrollo Tecnológico y la  Innovación) . Los resultados obtenidos por esta Unidad tuvieron reciente trascendencia internacional en el mundo de la academia a partir de una publicación del 24 de febrero realizada por los prestigiosos colegas, Doctores Gabriel Ravinovich y Jorge Geffner en Nature Immunology.

Dr. Salvarezza y Lic. Peirano. Foto: Prensa MinCyT

La Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i), con el Lic. Fernando Peirano al frente explicó hace pocos meses cuales son las principales políticas que desde el organismo que preside : buscará priorizar -una vez superada la pandemia- áreas específicas, centrado en 5 vectores claves para el desarrollo del país: agroindustria con valor agregado, transición energética hacia energías renovables, modelo ambiental hacia una producción sustentable con agenda en el ambiente, transformación digital atravesando comercio, producción y educación y finalmente en salud , cuyos resultados quedaron expuestos en esta pandemia distópica a través de las acciones mencionadas desde la Unidad Coronavirus.

Todavía queda camino por recorrer, por supuesto que desde la creación del Primer Plan Quinquenal pasando por la fundación del CONICET hasta nuestros días ha corrido mucha agua bajo el puente, como dicen. Hasta tuvimos un ministro de economía que nos mandó “a lavar los platos” a los científicos, menospreciando una actividad que resulta fundamental para el desarrollo, la independencia, la soberanía y la calidad de vida de cualquier país de nuestro planeta.

La mayoría de los científicos somos sometidos a rigurosas evaluaciones para garantizar que nuestro trabajo tenga frutos. Hoy existe un Plan Estratégico que fue pensado por muchos y muchas de manera federal, y ajustar los detalles para su éxito como política de Estado, preservando la inversión en Ciencia y Tecnología es un camino que comenzamos a recorrer. La pandemia nos puso a prueba y pese a todo el Sistema Nacional de CyT respondió con beneficios concretos para la sociedad.

Son dos modelos de país, el que merecemos apoya la Ciencia y la Tecnología, la Salud, la Educación y la generación de trabajo genuino. El otro, nos endeudó a cien años. Por eso, vuelvo al título, y manifiesto que aquellos que buscamos un desarrollo social, con inclusión, igualdad de género y democratización de la ciencia, debemos celebrar con orgullo el Día del Investigador Científico y del Trabajador Científico, mientras que aquellos que, desde dentro del propio sistema científico-tecnológico, critican las políticas públicas de recuperación del mismo, debieran llamarse a reflexión, porque también son necesarios sus saberes para la construcción colectiva del conocimiento y el desarrollo de nuestro país.

 

El Dr. Luis Cappozzo es Investigador Principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Museo Argentino de Ciencias Naturales, Jefe del Laboratorio de Ecología, Comportamiento y Mamíferos Marinos
(LECyMM-CONICET), Beca Marie Curie de la Unión Europea para Científicos Senior (2008). Biólogo Marino, Comunicación Pública de la Ciencia.

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