Crecen los casos de Covid-19 en CABA… pese a «la sociedad»

Contra lo que afirmó ayer el ministro de salud porteño, la estadística oficial de la Ciudad muestra un aumento del 11 por ciento en la cantidad de nuevos casos y se acerca también al 11 por ciento en los fallecimientos, durante el mes de agosto.

Fernán Quirós, ministro de Salud de la Ciudad, sostuvo ayer que “luego del pico de la Ciudad, que fue la primera semana de agosto, hemos tenido siempre una media de los últimos 7 días que ronda los 1100 casos. La semana pasada alcanzó los 1150 y las jornadas siguientes descendió nuevamente”.

Sin embargo, según se extrae de las estadísticas oficiales del Ministerio de Salud porteño, en la última semana epidemiológica de agosto el promedio de casos fue 1.314; en la semana anterior hubo 1.084 casos; en la segunda semana de agosto 1.042, y en la primera semana había llegado a 1.183. Es decir, la última semana muestra un aumento del 11 por ciento con respecto a la primera semana, y de casi 24 por ciento con respecto al promedio de las dos siguientes semanas de agosto.

Por lo demás, el 12 de agosto Quirós había afirmado que «el número de casos en la ciudad de Buenos Aires está relativamente estable, con una semana que sube y una semana que baja. Estamos en un promedio alto de casos, entre 1.100 a 1.200 diarios. Es una meseta alta». Es decir, en ese momento no comunicó el «pico» de la primera semana, que recién ahora anuncia para darlo por superado, y aparecía ya la noción de la «meseta alta», en la que insisten las autoridades de la Ciudad.

La información puede obtenerse en https://www.buenosaires.gob.ar/coronavirus/noticias/actualizacion-de-los-casos-de-coronavirus-en-la-ciudad-buenos-aires, llamada «Actualización de los casos de coronavirus en la Ciudad» y donde «El Gobierno porteño informa sobre nuevos enfermos, hospitalizados, sospechosos, dados de altas y contactos de los confirmados». Cabe señalar que el GCBA suministra los datos día por día, sin calcular los promedios semanales que presentamos en esta nota.

En la última semana epidemiológica, que va del 24 al 30 de agosto, el promedio de casos fue de 1.314. Se obtiene a partir de una cantidad de 1.352 casos el lunes 24, 1.275 casos el martes 25, 1.554 casos el miércoles 26, 1204 casos el jueves 27, 1.408 casos el viernes 28, 1.172 casos el sábado 29 y 1.234 casos el domingo 30 de agosto.

En la primera semana epidemiológica de agosto, en cambio, el promedio de casos fue de 1.183. Se obtiene a partir de una cantidad de 1.088 casos el lunes 3; 1.358 casos el martes 4; 1.486 casos el miércoles 5; 1.341 casos el jueves 6; 1.217 casos el viernes 7; 918 casos el sábado 8; 876 casos el domingo 9.

De acuerdo con estos datos oficiales del GCBA, la cantidad de casos aumentó un 11 por ciento entre la primera y la cuarta semanas epidemiológicas de agosto.

Si se incluyen las restantes semanas de agosto, tenemos que, en la segunda semana, el promedio de casos fue de 1.042. Se obtiene a partir de una cantidad de 1.069 casos el lunes 10; 1.174 casos el martes 11; 1.147 casos el miércoles 12; 1.085 casos el jueves 13; 1.014 casos el viernes 14; 913 casos el sábado 15; 897 casos el domingo 16. En la tercera semana, el promedio de casos fue de 1.084. Se obtiene a partir de una cantidad de 785 casos el lunes 17; 1.053 casos el martes 18; 1.126 casos el miércoles 19; 1.305 casos el jueves 20; 1.167 casos el viernes 21; 1.116 casos el sábado 22; 1.035 casos el domingo 23.

Si se añaden los casos del 1 y 2 de agosto, no incluidos en la primera semana epidemiológica, las cantidades son: 965 el sábado 1º y 966 el domingo 2. De este modo, la primera semana calendario de agosto registra un promedio de 1203 casos. En todo caso el «pico», si cabe esta expresión utilizada por el ministro Quirós, se ha producido, no en la primera sino en la última semana de agosto, de acuerdo con las cifras que oficialmente dio a conocer hasta la fecha el Gobierno de la Ciudad.

En cuanto a los fallecimientos, el promedio de la última semana de agosto fue de 37. Se obtiene a partir de una cantidad de 62 muertes el lunes 24; 33 el martes 25; 41 el miércoles 26; 34 el jueves 27; 37 el viernes 28; 26 el sábado 29; 29 el domingo 30. En la primera semana había sido de 34. Se obtiene a partir de una cantidad de 52 muertos el lunes 3; 48 el martes 4; 33 el miércoles 5; 36 el jueves 6; 31 el viernes 7; 17 el sábado 8; 22 el domingo 9, 22. En la segunda semana el promedio de muertes diarias por Covid-19 fue de 31. Se obtiene a partir de una cantidad de 34 muertos el lunes 10; 37 el martes 11; 62 el miércoles 12; 28 el jueves 13; 40 el viernes 14; 11 el sábado 15; 8 el domingo 16. En la tercera semana el promedio fue de 35. Se obtiene a partir de una cantidad de 37 muertos el lunes 17; 60 el martes 18; 46 el miércoles 19; 43 el jueves 20; 35 el viernes 21; 10 el sábado 22; 14 el domingo 23, siempre según los datos oficiales del Gobierno de la Ciudad. Esto arroja un aumento del 10,9 por ciento entre la primera y la cuarta semanas epidemiológicas.

El aumento en los casos y en los fallecimientos son consistentes con las previsibles consecuencias de la flexibilización del aislamiento social dispuesta en la ciudad, y pone en relieve que las medidas –sobre las cuales esta nota no se propone opinar– no han sido dispuestas a partir de datos epidemiológicos sino en consideración al hecho de que, se nos dice, la sociedad está cansada o harta de la cuarentena.

Pero ¿qué es «la sociedad», ese ser difuso cuya voluntad, cuando despierta, es tan fuerte como para que las estadísticas oficiales se tornen maleables? Quienes invocan a «la sociedad» no se molestan en definirla. Por lo visto, «la sociedad» no espera a votaciones democráticas para expresar sus designios; tampoco apela a acciones masivas como, supongamos, la Revolución Francesa. «La sociedad» es silenciosa pero hay personas que están en condiciones de interpretarla. Suelen ser comunicadores, bendecidos con el don de registrar las pulsaciones de «la sociedad»; también están los «especialistas», que esos comunicadores consultan desde sus medios de comunicación, y los políticos que, sobre la base construida por comunicadores y especialistas, se hacen eco de la voz inapelable de «la sociedad».

Una característica esencial de «la sociedad» es su condición unificada. Ella es capaz de conjugar sin fisuras la voluntad de los propietarios de los medios de producción con la de los trabajadores; la de los tenedores de bonos de la deuda externa con la de los desocupados. Pero esta síntesis, así naturalizada, viene a priorizar siempre los intereses de los propietarios. De otro modo, el reclamo por la apertura de comercios no tendría más repercusión que la súplica –inaudible– por el Ingreso Familiar de Emergencia (I. F. E.), reducido a la suma de 10.000 pesos cada dos meses o cada tres o cuando el Gobierno de la Nación decida pagarlo.

Hay que anotar que «la sociedad» no es simplemente una figura ideológica, sino que constituye un instrumento discursivo imprescindible para que se deslice la responsabilidad por las decisiones más graves. Así, el gobernante no toma una u otra medida por propia voluntad y convicción, sino porque sería inútil y perjudicial oponerse a lo que dicta «la sociedad», y enseguida, pero a posteriori, las estadísticas se inclinan hacia «la sociedad» como un perro hacia su amo. Los comunicadores tampoco son responsables de propiciar una u otra solución, ya que sólo ejercen su don de captar, directamente o con ayuda de los especialistas, las expresiones de «la sociedad». Tampoco el ciudadano, tomado individualmente, se siente concernido por ninguna decisión tomada por el gobernante que eventualmente haya votado, ya que el gobierno no le responde a él sino a «la sociedad» que, como una madre, nos contiene a todos.

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Escritor y Periodista

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