María O´Donnell: «han sido muy mezquinos contando la historia, sobre todo Firmenich»

A 50 años del asesinato del general Aramburu, como acto fundacional de Montoneros, la periodista, politóloga y escritora revive en su nuevo libro los hechos del secuestro con sus autores y la génesis de la organización armada, la misma que cosechara amores y luego odios con Juán Domingo Perón.

No es la primera vez que María O´Donnell  intenta desenterrar la parte más profunda de la historia de aquellos años signados por la violencia de gobiernos dictatoriales y resistencias armadas. Tampoco la primera vez que investiga lo que fue y significó la organización Montoneros, como también lo hizo en su anterior libro «Born». En esta oportunidad, en  «Aramburu: el crimen político que dividió al país. El nacimiento de Montoneros», no sólo analiza la historia del secuestro del ex general, sino que también logra entrevistar a los sobrevivientes de la llamada «Operación Pindapoy», entre ellos a Mario Firmenich, la figura difícil.

-¿Cómo fue el haber buceado en ese origen de Montoneros, en esa conjugación de nombres, de ideologías tan complejas y en muchos casos tan diversas?

-A mí lo que me parece especialmente interesante de Montoneros, en un contexto de guerrillas latinoamericanas que se daban en esa época, es que es una irrupción sorpresiva pero muy particular. Cuento en el libro algo que para mí fue muy interesante reconstruir, que fue el paso de la célula original de Montoneros por Cuba. Ese grupo llega a Cuba y se encuentra rápidamente como en confrontación, o surgen diferencias con otros jóvenes que habían adoptado la lucha armada, pero que venían de tradiciones de izquierda y a los que les costaba entender, el peronismo vaya y pase, porque algunos de esos sectores después convergen hacia el peronismo,  pero sobre todo el catolicismo de estos jóvenes. Como me dijo Firmenich en Barcelona, “Nosotros rompimos el molde, nosotros no encajábamos dentro de lo que era una guerrilla tradicional latinoamericana”. Ahí juega un rol muy importante la Iglesia Católica y los curas tercermundistas, en lo que fue la transformación política de esos jóvenes.

-Entrevistaste también a Vélez Carreras, otro sobreviviente del grupo que secuestró  Aramburu.

-Los dos grupos de la célula original que planifican y ejecutan el secuestro de Aramburu, unos eran los porteños comandados por Fernando Abal Medina y los otros corbeses, cuyo jefe era Emilio Maza.Tanto Abal Medina como Maza mueren pocos meses después del asesinato de Aramburu. En el caso de Córdoba, el íntimo amigo de Maza también liceísta como él, era justamente Vélez Carreras, quien participa de la planificación y del secuestro. No va a la quinta La Celma, no participa del asesinato de Aramburu, pero sí participa de la planificación (de la llamada «Operación Pindapoy»).

Después viene la toma de La Calera y muchos cordobeses caen presos. En ese contexto surge algo muy interesante, que es esa primera disidencia de Montoneros: ese grupo que habiendo formado parte del grupo original, muy tempranamente le marca una suerte de desviación excesivamente militarista a Montoneros.

-Lo cual es un poco paradójico porque a esa disidencia se la nombró La Sabino Navarro, en referencia a un dirigente de la organización que tuvo varios enfrentamientos armados.

-Se nombraron La Sabino Navarro en honor a quien fue un jefe bastante fugaz, que había estado en la pizzería de Hurlingam donde se dio el enfrentamiento en el que caen muertos Abal Medina y Ramus (líderes de la organización), y logra escapar. Montoneros había empezado una fusión con una célula pequeñita que era la de Sabino Navarro, un dirigente obrero que venía de padres peronistas y analfabetos. Trabajaba en una fábrica y tenía características muy distintas a estos jóvenes de clase media que venían de familias aristócratas cordobesas o del Nacional Buenos Aires. Era un tipo de mucho predicamento, muy carismático. Y especialmente tenía ese componente obrero que Montoneros no, mucho menos esas células originales. Entonces se vuelve un poco el símbolo de la conexión que, según esa disidencia, habían perdido los Montoneros con las organizaciones clasistas, con el sindicalismo clasista, con las organizaciones de base y con la clase obrera. Por eso ellos reivindican la figura de Sabino Navarro como un tipo que sí tenía esa mirada sobre la inserción territorial. Así y todo condujo muy poquito tiempo a Montoneros, hasta su muerte, pero en ese tiempo estuvo bastante centrado en las acciones militares.

-En estos tiempos en que se está dando una reivindicación del papel de la mujer en la historia, injustamente olvidado o dejado de lado. En algún momento tocás a la figura de Norma Arrostito y el tema de las mujeres en Montoneros.

-En las organizaciones guerrilleras las mujeres estaban muy a la par, no había una distribución de tareas que tuviesen que ver con el género. Norma Arrostito asaltaba y participaba de los atracos, de la misma manera  que Abal Medina, y entrenaba militarmente. Salvo en Cuba, donde a las mujeres no les daban instrucción militar física más severa, al monte iban sólo los hombres. Pero dentro del reparto de tareas no había una situación distinta, sin embargo dentro de las conducciones eran mayoritariamente varones.

Es muy raro, pero cuando van quedando muy poquitos de la operación Pindapoy, hecho que les da protagonismo y popularidad dentro de la resistencia peronista, que los vuelve interlocutores de Perón… el  haber participado de ese hecho fundacional  generaba mucha legitimidad dentro de la organización, pero Arrostito nunca tuvo un cargo de conducción dentro de Montoneros, que sí lo tuvo Firmenich, siendo que  al principio de la organización era más importante Arrostito que Firmenich.

Según cuenta Susana Ramus, hermana de Carlos (dueños de la estancia donde lo matan a Aramburu), cuando la encuentra en la ESMA, donde fue torturada y donde matan a Arrostito, «ella  resentía un poco de esa situación de que nunca le hubieran dado un cargo de conducción».

Por eso me gusta el rescate de la historia de vida que hace en su libro la compañera de Firmenich, María Martínez Agüero, que es la madre de sus cinco hijos y dirigente montonera también. Estuvo presa a disposición del Poder Ejecutivo mucho tiempo, en la cárcel de Devoto. Ahí está contada un poco la historia de ella, que a mí me parecía que ameritaba ser contada y no quedar a la sombra de.

Norma Arrostito, parte fundacional de Montoneros.

-¿Cuál fue el contacto que llevó a estos muchachos a viajar a Cuba?

-Fernando Abal Medina había viajado a Cuba como parte de la revista Cristianismo y Revolución. Ellos parten de lo que había pasado con los cambios dentro de la Iglesia y del Concilio Vaticano II, venían de los grupos nacionalistas que tenían toda una tradición de participar del debate político a través de publicaciones. El director, García Elorrio, había tomado contacto con las organizaciones que reivindicaban la figura de Camilo Torres, un cura guerrillero que habían matado en Colombia, y a través de formar parte de la revista. Abal Medina hace un primer viaje con García Elorrio a Cuba, a un encuentro muy famoso de la época. Ahí ya establece sus propios contactos como para después volver. También había conexión a través de algunos de los amigos del Che Guevara de Córdoba, con la célula cordobesa.

-El hijo de Aramburu aún sostiene la hipótesis de que su padre fue entregado.

-No encontré evidencia en ese sentido. Evidentemente estaba muy desprotegido, siendo una figura muy importante, habiendo sido presidente de facto durante tres años y candidato a la presidencia en elecciones con prohibición del peronismo, en el 63. Era una figura que estaba buscándole una salida al régimen militar de Onganía, y no tenía custodia. Eso siempre llevó a la familia a creer que de alguna manera lo habían entregado.

Lo que yo no encontré, y no hay en la causa ni en los requerimientos judiciales, es evidencia de lo que se habló en ese momento de un supuesto vínculo de Firmenich con la dictadura de Onganía. De hecho Firmenich no era una figura importante en la célula original, en todo caso si había algún vínculo podría haber venido a través de Abal medina y los grupos nacionalistas. Pero la verdad es que no encontré ninguna evidencia, salvo de que fue un hecho muy sorpresivo porque, ¿cómo puede ser que una organización que nadie conoce, bastante limitados en su estructura, toman una decisión tan osada como llevarse a un ex presidente de su casa y les sale todo tan bien en función de cómo lo habían planificado?

-¿De dónde surge la idea Firmenich como doble agente?

-Eso tiene más que ver con  una investigación de un periodista norteamericano, Martin Andersen, que invocando alguna fuente del FBI  señala eso. Como si Firmenich hubiera sido miembro de los servicios para de alguna manera generar las condiciones de la tolerancia social hacia la dictadura y a la represión ilegal.

En los documentos que se conocieron durante el gobierno de Cristina Kirchner, con el listado de colaboradores del Batallón 601, no apareció. Pero claro, siendo el jefe de una organización que tiene en la cuenta más muertos que sobrevivientes, siempre es incómoda la pregunta de cómo es que Firmenich sobrevive y cómo sobrevive en circunstancias que otros no. Yo no le pude preguntar al respecto pero, en septiembre de 1970 meses después del secuestro y asesinato de Aramburu, cuando se encuentran en la pizzería en William Morris Abal Medina y Ramus, llega la policía, se enfrentan y caen abatidos. Ahí tenía que ir también Firmenich y llega tarde a ese encuentro.

-¿Cómo fue llegar a Firmeich y cuál fue tu lectura del personaje?

– Para llegar a él trabajé mucho a través de su familia, su mujer es clave para llegar a él. Después me ayudó un dirigente peronista con quien él siente que tiene alguna deuda. Finalmente me arriesgué un poco, me fui a España, y logré un almuerzo que me sirvió de mucho para el libro. Es un personaje atrapado en el pasado.

Ahí aparece esta figura de alguien muy resentido, muy enojado, frustrado con la imposibilidad que tuvo de reciclarse en democracia. Él estuvo preso en la época de Alfonsín, cuando juzgan a los militares pero también a  las cúpulas guerrilleras; después recibe el indulto que Menem le da a los genocidas y también a los jefes de las guerrillas. Tuvo muchos reproches de sus propios compañeros por haber aceptado ese indulto. Entonces, para un sector de la sociedad es el símbolo de una violencia política que ya no quiere más y para algunos de sus compañeros traicionó la causa al aceptar el indulto. Es una figura muy resistida y eso lo llena de frustración.

– ¿Crees que con los años se reescribió la historia?

-Han sido muy mezquinos contando la historia. El propio Firmenich no ha escrito sus memorias, ni sé si alguna vez las va a escribir. Hay mucha muerte en el medio. Hay gente que por ahí todavía no ha querido contar qué pasó. Por ejemplo, yo sé que en la Celma había una persona más, seguro, que participó del asesinato de Aramburu. Sospecho quién es, alguna idea tengo de quién puede ser, pero en la medida en que esa persona no lo quiera decir públicamente yo no tengo derecho, en las condiciones de falta de seguridad que tengo, de poder señalarlo. Lo que quiero decir es que hay gente que eligió seguir adelante con otra vida y que no quiere hablar de ese pasado. Hay otros que tienen cuentas pendientes, habrán los que tienen culpas. Han sido muy mezquinos, sobre todo Firmenich, no sé si eso va a cambiar con respecto a revisar ese pasado. Muchos le piden que se arrepienta, yo creo que es un pedido absurdo, no se va a arrepentir, al contrario sigue revindicando hoy el asesinato de Aramburu como un hecho fundacional que le dio a Montoneros su identidad. Pero sí podría tener un poquito de perspectiva histórica, de mirada crítica, y eso no tiene para nada.

-¿Considerás que Montoneros pervirtió su ideología a lo largo de su existencia con respecto a esa idea original?

-Es muy difícil pensar que los Montoneros originales eran católicos, firman un comunicado hablando de Dios y se proponen, supuestamente, la vuelta de Perón como objetivo. La relación con él siempre fue tensa. De hecho cuando lo van a conocer, después del triunfo de Cámpora, se genera una situación muy incómoda. Ellos se les imponen como interlocutores, no es que Perón los busca. Me parece que el objetivo de la vuelta tampoco era tan cierto, porque cuando vuelve no era lo que querían, mucho menos el Perón que vuelve. Cuando ellos hablaban del socialismo nacional, tampoco quedaba claro qué modelo tenían en mente, porque no eran grupos de la guerrilla más tradicional que tenían el modelo cubano, soviético, chino o lo que fuese. Nunca terminó de quedar claro. Además fue cambiando la configuración, una cosa es el grupo original donde la impronta católica y nacionalista es fuerte, otra muy distinta es el montonero del 74-75 que pasa por un pico de popularidad con el gobierno de Cámpora y que suma a las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) y a las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas). Es muy diversa y cambiante la identidad de montoneros a lo largo de su historia.

 

 

 

 

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Es periodista del staff de Medio Extremo. Cubre noticias de política y sociedad, principalmente de la Ciudad de Buenos Aires. Podés escribirle a: contacto@medioextremo.com

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