«La gente de los pueblos fumigados se muere de cáncer»

El Dr. Medardo Ávila Vázquez, fundador de Médicos de Pueblos Fumigados, fue despedido luego de ayudar a un pequeño con leucemia, comprándole un medicamento vital con dinero de su bolsillo. Pero esa es parte de una injusticia mucho más grande: el negocio de los agrotóxicos que envenena y mata a los pueblos y a su gente.

Es pediatra, neonatólogo, docente, fue secretario de Salud de la Ciudad de Córdoba, fundó y dirige a la red de médicos que junto con otras organizaciones, denuncian la práctica de la fumigación y promueven alternativas a ese sistema que enferma. Cáncer, malformaciones en recién nacidos, abortos espontáneos, las consecuencias.

Trabajó 18 años como jefe de Neonatología en la clínica Caraffa de la ciudad de Córdoba, hasta que lo echaron el pasado 8 de junio, luego de comprarle el medicamento a un chiquito con leucemia, que no había disponible en la farmacia de la clínica. “Esto no se maneja como un almacén y tampoco somos una clínica de caridad” fueron las palabras de uno de los gerentes según la carta que hizo pública el Dr. denunciando la situación, que se viralizó en redes sociales.

Dr Medardo Álvarez Vázquez. Foto Pablo Piovano.

¿Dado que la situación que vivió con la clínica tomó estado público, hubo algún dejo de arrepentimiento o alguna intención de reincorporarlo?

A pesar de que hubo una petición bastante grande firmada por mucha gente, organizaciones ambientalistas y de derechos humanos, no.

Antes era una clínica en la que los dueños eran todo un grupo de médicos que trabajaban en el lugar. Era su lugar de trabajo, no vivían de la clínica. Desde mi sector lo teníamos bien orientado a recibir pacientitos del interior, de los pueblos fumigados. Nunca tuvimos ningún inconveniente. El problema empezó el año pasado, porque los dueños y los socios anteriores empezaron a jubilarse, a retirarse. Ahí un abogado (Pedro Flores) y una contadora (Agustina Suárez), siguieron con un criterio más de sacarle el dinero a la clínica. Y también empezaron los roces, principalmente con nosotros (Neonatología), que éramos muy exigentes con mantener el nivel de atención, de insumos y demás.

¿Cómo es el estado del pequeño en cuestión? ¿Cómo está por estos días?

Él tiene una leucemia linfocítica aguda, que evoluciona relativamente bien. Realmente responden mejor durante el primer tratamiento, que ya se cumplió. Hay que seguir, requiere más atención, más tiempo de tratamiento, pero sigue siendo un pronóstico bueno. En este tipo de leucemia, la mayoría logramos curarla, después de tres o cuatro años de mucho tratamiento, mucho seguimiento y mucha agresión  al niño. Y tiene después el otro factor de altísimo riesgo, que son una familia muy pobre. Viven en una casa que tiene piso de tierra, no tienen baño instalado con agua corriente, tienen el excusado afuera de la casa y son muchos en una sola habitación. Él va a estar inmunodeprimido, con los glóbulos blancos muy bajos durante mucho tiempo. Entonces no puede volver ahí, tiene que volver a un lugar relativamente más seguro.

Tiene por delante mucho trabajo social, médico, de contención y de acompañamiento de la familia. Por suerte el Movimiento Campesino del norte de Córdoba está ayudando. Son gente de la zona del norte de Córdoba donde el agronegocio se aprovecha de los territorios, los destroza, los desmonta, empiezan a sembrar soja y se fumiga masivamente. Ellos viven delo que queda de los desmontes, hacen leña para comercializar. Son  una parte de la población olvidada por los gobiernos.

A la injusticia social, se le suma esta injusticia ambiental, que viene por un negocio de terceros. Los cagan envenenando con agrotóxicos, que son los que producen lesiones en las células de la madre. El ADN de la madre produce mutaciones en algunos genes y se genera la leucemia,  esos genes son transmitidos a los niños y estos se activan entre los dos y los nueve años. En eso no hay dudas, hay cientos de trabajos científicos publicados sobre esa relación. Es algo realmente indignante.

¿De qué manera ingresa en el organismo humano y qué otras consecuencias tiene el uso indiscriminado del glifosato y otros productos similares?

Es un fenómeno relativamente nuevo. Antes esta exposición sobre las personas estaba vinculada a los trabajadores, de donde se fabrican estos productos, y de quienes los aplicaban. En la medicina laboral estaban descriptos todos los efectos de quienes  están en contacto directo. En los últimos veinte años se utiliza tanta cantidad de agrotóxicos que contaminan los ambientes y  surge una nueva situación, que es la exposición de las poblaciones.

Libro de Patricio Eleisegui. En tapa Fabián Tomasi, fallecido en 2018. Trabajaba con agrotóxicos.

El aire de estas zonas está cargadas de agrotóxicos, porque las fumigaciones en el campo argentino son sistemáticas y masivas. Cuando se empezó cultivar la soja transgénica de Monsanto resistente al Round up, se aplicaban nada más que tres litros por hectárea, con eso mataban a todos los yuyos y lo único que crecía era la soja. Pero las plantas, los yuyos, también se van haciendo resistentes. A vos te parece que mató a todas las plantas, pero quedan cinco o seis. El año que viene se convierten en doscientas, y a los cuatro años tenés el predio todo lleno de yuyos. Cada vez van aplicando más cantidad para controlar esa resistencia y los van mezclando con otros productos. Hoy, en esa misma hectárea que se empezó a fumigar con tres litros en los años 96/97, se pasó a aplicar quince litros, y a la vez le agregan otros agrotóxicos. Cuando fumigan, el producto no queda en el terreno, solamente el 10% o 15%, el resto queda vagando en el ambiente

Nosotros hemos podido documentar esto midiendo el agua de lluvia de los pueblos, del barrio Ituzaingó acá en Córdoba,  la medimos en el laboratorio y tiene glifosato. Eso está en el aire, lo estamos respirando, y la mayor superficie de contacto con el ambiente que tiene el cuerpo humano son los pulmones. También lo  encontramos en las mediciones de orina que le hacemos a las personas.

Los efectos sobre la salud, teniendo en cuenta estos veinte años de aplicación y exposición de las poblaciones,  lo ven los médicos que están en estos lugares incluso desde muchos años antes de que llegara este modelo. Ahora prevalecen otras enfermedades graves que antes no había. La gente de los pueblos fumigados se muere de cáncer, cuando antes eso no sucedía. En la Argentina, la primera causa de muerte son los problemas cardiovasculares con el 25%,  la segunda el cáncer con 20%. Pero en los pueblos tenemos una taza del 40% y hasta del 50%, como en algunos lugares de Entre Ríos y el sur de Córdoba. Es una muerte terrible, te morís de a poquito, te va comiendo tu propio cuerpo

Los niños nacen con más malformaciones, son mucho más frecuentes. Normalmente en el 2% de los nacimientos se genera algún problema de malformación, un síndrome de Down. Es un problema de la naturaleza, de nuestro sistema, porque es el error que tiene la biología. Pero en los pueblos nacen el 6%, tres veces más. Eso desgraciadamente lo vemos, yo soy neonatólogo, y en mi servicio la mayor parte de los niños malformados son provenientes de pueblos fumigados.

Foto Alvaro Ybarra Zavala

En cuánto a los abortos espontáneos, ¿cuáles son los porcentajes?

La taza natural de los abortos es del 2% o el 3%, en mujeres de edad reproductiva  entre los 15 y los 45 años, una tasa de aborto muy baja. Nosotros encontramos el 21% en Ituzaingó, 19% encontró un grupo del CONICET  en Río Cuarto, tasas similares la Facultad de Medicina  de Rosario. ¿Por qué pasa esto?  porque se demostró que el glifosato produce ruptura en la cadena de ADN de los núcleos celulares, donde está la información genética. Eso genera que la información esté alterada. Si les sacamos sangre o mucosidad de la boca  a quienes viven en zonas fumigadas  y lo estudiamos en microscopio, eso se ve.

Esas células que están dañadas, no significa que uno está enfermo, sino que se está sufriendo una agresión. Nosotros en nuestro cuerpo tenemos la capacidad de reparar ese daño, cuando no es muy grande, y si es muy grande eliminamos esas células dañadas, para que no se genere una célula mutante. Hay algunas personas que no las pueden eliminar o reparar, entonces esas células persisten, sufren mutaciones y empiezan a multiplicarse, buscan alimentarse por sí mismas y así se desarrolla un cáncer.

Usted es el fundador y coordinador de Médicos de Pueblos Fumigados ¿Cómo surgió y cómo trabajan?

Yo era el secretario de Salud de la ciudad de Córdoba en el año 2007. Ahí teníamos el barrio Ituzaingó, en el borde de la ciudad con el campo. En ese barrio había 200 casos de cáncer, cuando tenían que haber 50. Cuando arrancamos, nosotros creíamos que los agrotóxicos eran seguros como dice Monsanto o (Lino) Barañao – el ex ministro de Ciencia y Tecnología– entonces empezamos a estudiar qué era lo que podía pasar. Hicimos un mapa del barrio de dónde estaban los enfermos y  descubrimos que el 90% estaban frente a  las manzanas que daban al campo. 

Después, desde la Facultad de Medicina de Córdoba hicimos el primer Encuentro de Pueblos Fumigados, donde participaron muchos científicos también. Los investigadores que trabajaban con ratas y con las mismas sustancias,  veían lo mismo que le pasaba a nuestros pacientes. Fue entonces que ahí armamos una red para poder difundir la información, porque hay  una gran mentira instalada que necesitamos desarmar

En ese camino y durante todos estos años, hemos logrado que más de cuatrocientos pueblos hoy tengan ordenanzas que prohíben fumigarles alrededor, gestionadas principalmente por grupos de autoconvocados que hemos acompañado. Pero también hay muchos otros lugares donde hay compañeros que están peleando y donde, intendentes claramente sojeros, siguen negándose a darles un marco de protección a su población. A nivel local es más difícil que las autoridades nieguen algo que está pasando, ya que ellos y sus mismos familiares se enferman.

Entre los pueblos que más estudiamos está Monte Maíz, al sur de Córdoba, en la zona más productiva. El intendente que nos convocó para hacer el estudio tenía cáncer, el director del hospital se había muerto de cáncer, al igual que el cura de leucemia (dos años antes). Todavía tenemos a nivel de las provincias y nacional un lobby muy fuerte, donde  prevalece el interés del agronegocio por sobre los valores de  la salud y la vida.

El reclamo al Congreso

Nosotros intentamos un proyecto de ley en Cámara de Diputados, en los años 2010/2011, que se trató en comisión, pero no fue aprobado por el voto en contra de un diputado radical del agronegocio. No tuvo despacho y no fue a sesión.

Después tuvimos una audiencia en el Congreso por el tema de las escuelas fumigadas con los chicos en clase, que es otro drama. Pasa el avión y los maestros tienen que sacar a los chicos porque empiezan a vomitar, a desmayarse. Y muchas veces el fumigador es el padre de los chicos que están descompuestos en la escuela. Es terrible.

La alternativa

Ahora estamos con una iniciativa diferente, diseñamos  junto con la red de Maestras de Pueblos Fumigados y la red de agrónomos que hacen agroecología (de los pueblos en los que dejaron de  fumigarles alrededor) con muy buenos resultados, porque cada vez más productores quieren sumarse a estas prácticas. En esas cien mil hectáreas la producción está vendida antes de cosecharla, porque los propios productores quieren la semillas para sembrarlas en sus campos. Entonces lo que hemos diseñado es una política de reducción que vaya bajando el consumo de agrotóxicos. Hoy estamos en 500 millones de litros, hace veinte años estábamos en 50.

En otros países, sobre todo de Europa, vieron esto como una amenaza y tomaron medidas. En vez de prohibirlo, empezaron a cambiar esa situación a través de políticas de reducción de agrotóxicos e impulso de la agroecología.

Todos los años, solamente Estados Unidos, quiere comprar soja libre de plaguicidas y no logran cubrir el cupo, Argentina es el que más le vende. Somos el mayor productor de soja orgánica del mundo y es sólo el 1% de toda la soja que producimos.

Foto Alvaro Ybarra Zavala

¿Cuáles fueron los casos que trató que más lo hayan impresionado o marcado?

El de un bebé que tuvimos internado, que vino con una malformación llamada gastrosquisis, (la pared abdominal no se cierra al nacer) y tenía todo el intestino afuera. Es una de las malformaciones más vinculadas a los agrotóxicos, porque ya hay pruebas de la década del 60 con los primeros pesticidas. El chiquito nació bien, pero tenía el intestino afuera. Lo tuvimos que operar tres veces, tres meses internado en neonatología. Le fuimos metiendo el intestino y cerrándole la panza. Al final se fue perfectamente, en buen estado, hermoso; había aumentado de peso. Los padres eran trabajadores rurales que vivían en un campo de soja, en Río Tercero, expuestos a los agrotóxicos. La madre quedó embarazada en plena época de fumigación.

Lo dimos de alta, en septiembre/octubre. Después vinieron al control y les dijimos que no vuelvan al campo. Ellos dijeron que se iban a ir a Río Tercero. El chico estaba bien, había subido de peso.

Como a los veinte días me llama la mamá para decirme que había muerto. Lo fueron a levantar y estaba muerto en la cuna. A mí personalmente me dolió porque habíamos trabajado muchísimo y lo habíamos cuidado, no le había quedado ninguna secuela.

Consolando a la madre le pregunté si estaban viviendo en Río Tercero y me dijo, “no doctor, no pudimos, porque somos muy pobres y tuvimos que volvernos al campo”, le contesté “no me digas que fumigaron ayer” y me dijo que sí. Al chico lo volvieron a fumigar después de nacido. El cuerpito no lo pudo resistir y falleció de muerte súbita a los cuatro meses.

 

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Es periodista del staff de Medio Extremo. Cubre noticias de política y sociedad, principalmente de la Ciudad de Buenos Aires. Podés escribirle a: contacto@medioextremo.com

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