Testigo del Apocalipsis

Sr. Director:

Mientras el mundo se paraliza, los moderados vemos cómo los ácidos extremos se radicalizan, y el discurso intolerante, incendiario y estigmatizante, gana prime time en tertulias televisivas y titulares en los diarios. Sal en las heridas a niveles barriales, nacionales e internacionales. En países musulmanes, cada vez más jóvenes adhieren al yihadismo o a las doctrinas de crímenes de honor familiar, fogoneados por imanes irresponsables, y la amarga frustración de la pobreza perenne. Mientras la decadente juventud occidental, cae en modas absurdas y hasta contradictorias en sí mismas, desprestigiando a la familia, al respeto y al fruto del esfuerzo. Qué podrían tener que ver una joven educada en Buenos Aires, vegana pero abortista, con un jovencito dispuesto a morir por Allah en el Líbano. Que ambos fueron presas fáciles de las propagandas que les tocó en suerte. Y que los dos claman por sus derechos a decidir quién vive y quién no. Y finalmente, que los dos tienen claros y estridentes referentes sociales, que saben muy bien cómo movilizarlos.

Los que vamos del trabajo a casa, y sólo desearíamos más tiempo para acompañar el crecimiento de nuestros hijos, aunque seamos una inmensa mayoría no tenemos mártires, o líderes inflamados que nos convoquen. Ni tiempo, ni energía o disposición ética para tirar palos y piedras, o mostrar nuestro descontento quemando contenedores. No tenemos más referencia, que la lucidez de distinguir lo que está bien de lo que está mal según nuestros padres, si es que hicieron un buen trabajo. No tenemos banderas, color de pañuelo ni movimiento que reivindique la normalidad pacífica. Miramos con pena por TV cómo los ¨ismos¨ se insultan y antagonizan adrede, como si todas las correcciones que las sociedades nos deben a todos se hubieran vuelto exigencias impostergables. La música y las artes plásticas también reflejan una desfiguración total, y la vulgaridad consigue pasar por ¨excentricidad¨ en la industria del entretenimiento, justo ahora que es súper masiva. En Irán te pueden colgar en la plaza sólo por ser gay, y en Canadá le reconocen a un hombre de cincuenta años, casado y con siete hijos, que es una niña de seis. Y le dan un dni. En ambos países te hostigarán por no pensar así. A los moderados sólo nos queda refugiarnos en los libros, que nos repiten como si fuera un secreto milenario, que los sabios están llenos de dudas y los necios, llenos de certezas.

Marcelo Amaral Correa

About Author

Miguel es abogado, fue durante veinte años Prosecretario del diario La Nación a cargo de la sección de Cartas de Lectores. También fue fundador y editor del newsletter CANAL.E, que se distribuía por mail, de lunes a viernes, durante mas de diez años.

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