El Cordobazo: la historia del movimiento obrero que pretende ser olvidada

Entrevista con el historiador y profesor de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), Jorge Cernadas, sobre lo que significó el Cordobazo, sus causas y consecuencias; la figura de Agustín Tosco como lider; la burocracia sindical y la tendencia al olvido de este hecho que marcó el siglo XX y la historia de la lucha obrera Argentina durante el  29 y 30 de mayo de 1969. 

¿Considera que tuvo una influencia importante el Mayo Francés en el Cordobazo, así como otras revueltas que se dieron en la Argentina por ese entonces, o fue causa exclusiva de factores internos?

Es innegable que alguno de esos ecos pueden haber tenido alguna influencia.  Si lo tuviera que poner en los términos de tu pregunta, me inclino más bien por los factores internos.  Más allá, además, de las diferencias notorias entre ambos episodios.

El Mayo francés, simplificando, uno podría decir que fue una revuelta urbana que comienza en el mundo estudiantil universitario y tracciona al movimiento obrero, produciendo una de las huelgas generales más duras y más largas en la historia moderna de Francia. Aquí fue a la inversa, es el movimiento obrero cordobés en particular el que por una política de algunos de sus líderes, más notoriamente el caso de Agústín Tosco, tiene una apertura hacia los estudiantes universitarios. Córdoba era y sigue siendo un gran centro universitario, quizás más en la época porque habían menos universidades en el territorio, que captaba estudiantes de la ciudad, de la provincia, de otras provincias y estudiantes latinoamericanos. En 1960/70 córdoba tenía una población estudiantil de unos 30 mil alumnos.

La iniciativa de convocar a la protesta corrió básicamente por un acuerdo entre algunos grandes líderes sindicales locales y, por supuesto, el movimiento estudiantil universitario tuvo un rol relevante, pero no diría decisivo.

Si uno mira la evolución posterior de los acontecimientos, el Cordobazo estimuló muy fuertemente en la Argentina a los sectores obreros, medios y universitarios, y dio un gran impulso a la noción de la necesidad de la acción colectiva. Tuvo un sentido politizante muy potente. Mientras en Francia, algunos observadores piensan que, una vez  que pasó la cresta de la ola y las cosas volvieron a cierta “normalidad”, el impacto sobre la sociedad francesa fue más bien el de un nuevo paso en la secularización y hasta la valoración, en una sociedad que en muchos sentidos era extraordinariamente conservadora. Creo que tuvo más un efecto de liberalización de la vida cotidiana, de relajación de ciertas jerarquías muy consolidadas, tradicionales.

La Policía huyendo ante la reacción de los manifestantes.

¿Cuáles piensa que fueron las consecuencias más notorias en la cuestión sindical, social y política?

A nivel sindical las consecuencias son muy relevantes. Hay quienes tienden a ver al Cordobazo más como un punto de llegada de las potentes luchas defensivas que venía librando la clase trabajadora argentina, especialmente luego de la caída de Perón; los períodos de la resistencia;  la oposición al gobierno de Frondizi, etc., lo ven más como un punto de acumulación y de llegada de esos procesos. Otros analistas, sin desconocer esa dimensión de los acontecimientos, tienden a poner más énfasis en lo que impulsa o fortalece el Cordobazo hacia adelante, luego de los acontecimientos del 29 y 30 de mayo en la ciudad de Córdoba. Creo que, en ese sentido la consecuencia más general que tiene el Cordobazo es la de fortalecer aquellas corrientes de acción gremial más combativas, en un espectro variado que podría incluir el sindicalismo combativo liderado por Agustín Tosco, hasta el sindicalismo clasista de los sindicatos de las empresas Fiat de 1970/71. O la consolidación de una dirección clasista en SMATA Córdoba, que era un gremio muy importante, puesto que una parte no menor del nuevo proletariado cordobés estaba vinculado a la instalación de la industria automotriz, después de la caída de Perón. Básicamente las plantas de Fiat y de Ika-Renault.

Tiene un impacto muy importante al nivel de los gremios locales, pero también como inspiración y apalancamiento de los intentos por quebrar estructuras sindicales muy verticales, poco democráticas y muy consolidadas, como eran las sindicales de gran parte de la Argentina y en gran medida van a seguir siendo. El impacto sin duda fue nacional, pero desigual regionalmente. Este aliento a las corrientes más combativas fue más inmediato y más evidente en la propia provincia, y en el otro gran centro de convulsión laboral en los primeros 70s, hasta el golpe del  76 prácticamente, que va a ser el cordón industrial del Paraná. Desde el norte de la provincia de Buenos Aires hasta el sur de Santa Fe, que fue un foco de conflictividad también muy fuerte, muy inspirado, y en algunos casos  mediados por relaciones personales entre dirigentes de esta zona y los cordobeses.  Varias de esas experiencias fueron amasándose durante muchos años pero tuvieron con el Cordobazo un empuje, un aire nuevo.

Más de un testimonio habla del sentimiento de autoconfianza que se respiraba en los medios obreros de Córdoba después del Cordobazo, con cierto orgullo y sentido del valor de las propias acciones, incluso políticas: el debilitamiento, la puesta en crisis del régimen militar de la llamada Revolución Argentina, instaurada en 1966 que, hasta comienzos del 69, corridos casi tres años desde la asunción del general Onganía, parecía que podía llevarse por delante y aplastar sin mayores consecuencias adversas cualquier tipo de oposición que se manifestara, de estudiantes, trabajadores o sectores campesinos. Entonces, en ese sentido creo que las consecuencias en el terreno sindical son muy importantes.

En el terreno político casi todos los analistas coinciden en que, un régimen militar como la Revolución Argentina, que desde el momento mismo del golpe, y antes, había hecho de la restauración del orden supuestamente perdido y de cierto sentido de lo que debía ser “normal”, uno de sus puntales. Entonces, este régimen que se vanagloriaba de haber puesto orden en la Argentina y haber restaurado jerarquías supuestamente transgredidas previamente en todos los órdenes de la vida social, se encontró después de las 48 horas de la huelga con movilización de Córdoba, con un gran nivel de confrontación y de destrucción material en la segunda ciudad del país, por ende esa pretensión de orden quedó pulverizada en horas.

El régimen sufrió una herida de muerte y fue un punto de inflexión, a pesar de que Onganía sobrevivió en el gobierno un año más, hasta el asesinato de Aramburu en mayo de 1970, luego de su secuestro por el grupo Montoneros. Pero claramente se profundizaron las internas dentro del propio régimen de una manera muy aguda, acerca de cómo seguir con ese emprendimiento político que, cuando se inauguró en 1966 en los mentideros políticos se decía que era un régimen destinado a durar veinte años,  al estilo del golpe de estado de la Revolución brasileña del 64, que duró veintiuno.

El Cordobazo fue un terremoto, como lo ha calificado alguna historiadora, en el sentido de que en un período muy acotado de tiempo transformó todo el paisaje político, sindical; las perspectivas del  régimen; las expectativas de los hasta entonces hibernados partidos políticos tradicionales y de las izquierdas. Cambia completamente el tablero de juego para todos los actores.

Como figura inherente del  Cordobazo ¿qué análisis u opinión le merece la figura de Agustín tosco?

A mi juicio fue sin dudas uno de los más grandes dirigentes sindicales de la Argentina del siglo XX. Hace sus primeros pasos como delegado en la década del 50, por una lista peronista, y se desplaza por un proceso de “izquierdización” ideológica hasta reconocerse abiertamente socialista en los primeros años de los 70s. Una figura muy respetada, con una gran capacidad de interlocución con otros sectores sociales no obreros, por ejemplo el estudiantado, y con otros sectores gremiales que no tenían necesariamente una línea de política gremial similar a la de él y de los compañeros que lo rodeaban en la dirección de Luz y Fuerza, su sindicato.

Varios de sus compañeros de militancia lo convencen de, a propósito del Cordobazo,  que tiene que coordinar la protesta con Elpidio Torres, que era el secretario general de SMATA Córdoba.  Tosco hace caso a sus compañeros,  se reúne con Torres y otros dirigentes gremiales diversos del ámbito local para coordinar la protesta, que fue inicialmente un paro activo. Las dos CGTs, tanto a nivel nacional como en muchas provincias,  estaban fracturadas desde el año 68. La CGT de los Argentinos por un lado, que era más combativa, más frontalmente antidictatorial, y la CGT Azopardo, más dispuestos a algún tipo de negociación con el régimen.

Era un gran estratega sindical, uno podría decir “un tipo que se autodenominaba socialista, no tenía una relación ideológica muy cercana con Elpidio Torres” (SMATA), quien era una especie de vandorista un poco díscolo.

El paro en la provincia por decisión de los dirigentes gremiales se extiende y se adelanta un día. Lo que a nivel nacional iba a ser el viernes 30 de mayo, en Córdoba se convierte en una protesta de casi 48 horas que comienza a media mañana del 29, justo el Día del Ejército, que fue finalmente la fuerza que termina asumiendo la represión de la movilización en la tarde y noche del 29 y la madrugada del día 30.

Tanto René Salamanca (SMATA) como el propio Tosco, no perdieron la dirección de sus gremios después del 73, sino que la perdieron por proscripciones, por intervenciones de sus sindicatos, por persecución policial. Tosco muere en la clandestinidad, con una orden de captura pendiente y por enfermedades no debidamente atendidas en esas circunstancias.

Era un tipo extraordinariamente  respetado, por actores muy diversos de la sociedad cordobesa y no sólo cordobesa. Incluso quienes no estaban comprometidos directamente con la acción sindical ni con Tosco en particular, le tenían un enorme respeto como un dirigente fiel a sus bases, a sus representados, de una honestidad intachable. Un tipo que iba a laburar a la Empresa provincial de energía eléctrica de Córdoba, como cualquier trabajador, y recién después se iba al sindicato a discutir política sindical hasta altas horas de la noche. Una figura de una talla realmente notable, lo cual quizás explique que en la ciudad de Córdoba  tenga un monumento, en frente de un shopping que no voy a recordar. Cosa que en Buenos Aires es raro o imposible de encontrar, no sólo de la figura de Tosco, sino que de ningún dirigente gremial.

El aire que dio el Cordobazo a estas corrientes más democráticas, en términos de la vida de interna de los sindicatos, más asambleareas, más combativas en término de sus reivindicaciones, en muchos casos los líderes emergente de esos procesos eran tipos de una combatividad, pero también de una honestidad personal intachable.

Otro ejemplo fue René Salamanca, que siguió siendo el secretario general de uno de los gremios más poderosos y políticamente más cruciales como el de SMATA. No cambió en nada sus hábitos de vida.  Siguió viviendo siempre en su mismo ranchito donde fue secuestrado el mismo día del golpe de estado del 76.

Agustín Tosco, sec. gral. de Luz y Fuerza.

Viendo el presente bajo la lupa de la historia, ¿se puede decir que no sólo triunfaron los militares sino  también la burocracia sindical?

Una primera respuesta tentativa es sí, efectivamente. Pero además hay que considerar dos o tres variables, al menos. Una es que el mundo de las clases subalternas no es el de fines de los años 60s, hoy es un mundo popular más fragmentado, precarizado. Por otro lado el  mercado de trabajo de pleno empleo prácticamente, para la época  y hasta la última dictadura por lo menos. Es decir que hay una serie de condicionamientos, algunos de ellos estructurales, que habilitaron el poder de la llamada burocracia sindical; también el poder relativo acotado regional y sectorialmente. No es que ese sindicalismo alcanzó una expresión nacional, fue mucho más débil fuera de córdoba y el cordón industrial del Paraná.

La segunda cuestión es que el ajuste de cuentas con estas variantes del sindicalismo combativo, empezó bastante antes del 76. La represión a los líderes del Cordobazo fue fenomenal. Tosco, Torres y otros fueron condenados sumariamente a penas de siete u ocho años de prisión. Fueron detenidos decenas de dirigentes gremiales. Hay un número “oficial” de doce muertos, que seguramente y según cálculos de algunos historiadores, pueden haber oscilado entre sesenta y cien. Hubo más de mil detenidos, obreros, manifestantes estudiantiles, sectores medios que, en parte por sus propias demandas y hartazgo con el régimen, en algún momento se sumaron activamente escondiendo manifestantes en su casa o colaborando con cosas para construir barricadas y demorar el avance de las fuerzas de la represión. El propio Cordobazo fue una muestra de brutalidad represiva muy importante.

Dos años después, durante el segundo Cordobazo, que es más específicamente obrero que el de mayo del 69, la represión del gobierno de Lanusse es durísima.

Perón a su regreso se vuelca en favor de su alianza con la dirigencia sindical peronista tradicional. Empuja a la reunificación de la CGT y por su influencia se designa a Rucci como secretario general. Durante su gobierno, la represión sobre la fila de los sindicatos combativos es muy potente. Tanto por medios legales como con la Ley de asociaciones profesionales del 73 que le da mucho más poder todavía a las cúpulas en la vida interna de los gremios, como con la represión ilegal donde ese movimiento obrero había desplegado con más energía estas corrientes renovadoras, es muy dura. El caso de Córdoba, o Villa Constitución en 1974/75, es ejemplar.

Después, los militares sistematizan y llevan al paroxismo la represión de estos sectores, en algunos casos con la complacencia y la complicidad de la burocracia sindical, como ocurrió en Mercedes Benz con la dirigencia de SMATA. Entonces vienen a maximizar y a extremar una tarea sucia que ya tenía su historia. Uno puede decir que sí, que es una victoria de los militares y la burocracia sindical, pero que se venía amasando de mucho antes.

¿Se puede decir que hubo una intencionalidad de los distintos gobiernos para desplazar de la memoria colectiva estos hechos que forman parte vertebral de la Historia Argentina del siglo XX o responde más al olvido clásico de las sociedades?

La reestructuración capitalista de los 70s fue de escala planetaria y en argentina se abre paso particularmente a partir del Proceso. Lo que se produce es una derrota de las fuerzas del trabajo y de las fuerzas populares frente al capital. Esa reestructuración del capitalismo, tiene como ingrediente central aumentar el poder del capital sobre el trabajo.

En término de memoria yo creo que sí, que efectivamente no sólo desde los gobiernos sino desde múltiples ámbitos se interviene conscientemente para que ciertos momentos, procesos, acontecimientos o actores sean olvidados o minimizados. El Cordobazo es un buen ejemplo. El diario La Nación al día siguiente de los hechos tituló en tapa “Graves hechos subversivos se produjeron en Córdoba”.

Yendo al Perón del 73, uno se encuentra con la intervención de la provincia de Córdoba, gobernada por un afín a la izquierda peronista, y a un Perón diciendo “en córdoba tenemos un foco de infección”.  Ahí  se refería a la continuidad de un grado de militancia muy alto por parte de las izquierdas peronistas y no peronistas, organizaciones armadas, curas del tercer mundo, etc.

El gobernador Obregón Cano, desplazado por Perón en 1974.

En el régimen militar van a ser común las ideas de “la nación enferma”, y “el cáncer de la subversión que hay que extirpar”. Hay actores que operan deliberadamente en los procesos de selección del pasado, de olvido y memoria.  Como diría Gramsci: “las clases subalternas tienen una historia interrumpida”, es decir una dificultad para consolidar una historia propia, que siempre implica una memoria, y reconocerse en ella. Para las clases dominantes, creo yo, hay una capacidad de transmitir una memoria  apropiada a sus intereses y adversa a sus adversarios. Se consolida en el seno de la familia, en espacios de socialización, en sus colegios o sus corporaciones empresarias y sus medios de comunicación. Un  montón de espacios hacen a su cohesión como clase dominante y a la transmisión intergeneracional de cuáles son sus intereses, de cómo defenderlos y de cuáles son las estrategias para hacerlo.

Eso no significa que las clases subalternas no puedan construir sus memorias, pero veo un proceso más difícil, más complicado de sostener en el tiempo y permanentemente  interferido por las clases dominantes de todos los modos imaginables.

Cualquier historiador de América Latina sabe que el Cordobazo probablemente fue la insurrección urbana más importante de la Historia Latinoamericana del siglo XX. No es casual que algunas de las investigaciones más exhaustivas hayan sido hechas por extranjeros.

Que esa memoria se desdibuje o se borre con el tiempo, es parte de la derrota misma. ¿Cómo lo medimos? Por la precarización de las condiciones de vida, de trabajo, por la pérdida de ingresos, por la expansión del trabajo en negro.  Pero también uno de los componentes más reveladores de la derrota son estos procesos de desmemoria. Es parte del mismo fenómeno, no es una especie de componente que va por una vía paralela. Es parte de la derrota, el hecho de que ciertos acontecimientos  vayan siendo progresivamente olvidados, desfigurados o abandonados.

 

 

 

 

 

 

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Es periodista del staff de Medio Extremo. Cubre noticias de política y sociedad, principalmente de la Ciudad de Buenos Aires. Podés escribirle a: contacto@medioextremo.com

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