Cuando todo esto pase

Sr. Director:

Desde el momento en que éste documento se publique, mi vida estará en peligro.

Cuando todo esto pase, la reactivación económica, podrá ser una renovada caricatura de aquella conocida pesadilla que cavó la grieta entre ricos y pobres, si la enfrentamos con el viejo sistema del capitalismo depredador, o será una oportunidad única para adaptarnos todos a un nuevo paradigma que abarque a todos.

Estamos ante la oportunidad histórica humana, de evolucionar hacia una economía real, sustentable, limpia y justa. No habrá otra ventana más clara y amplia, para quebrar la inercia suicida que nos trajo hasta éste punto horrible de nuestra evolución. En éste convulsionado siglo veinte, el comunismo perdedor sólo produjo pobreza, y el capitalismo triunfalista depredación. Y para colmo, su rivalidad nos empujó a todos a una carrera armamentística infinita, y el día del juicio final, no está más que a un botón rojo de distancia. Para todos.

La tecnología ya está aquí. Sólo los mezquinos intereses de una porción ínfima de la población mundial, ha impedido que evolucionemos como especie. Los gobiernos terminaron siendo la fuerza de choque de los lobbies energéticos, tecnológicos, armamentísticos y bancarios. Lo que pagamos de luz y de petróleo y de impuestos, mantiene a una clase millonaria que sólo nos escucha un poco cada cuatro años. Las elecciones perpetúan o cambian los equipos para el mismo campeonato, y todos sabemos quiénes ganan y quiénes pierden siempre. Como en las corridas de toros.

La buena noticia, es que hoy, conocemos los recursos, sabemos medir sus eficiencias y la contaminación que generan sus producciones. Conocemos las necesidades y tenemos las redes de comunicación para alcanzar los puntos más lejanos del planeta. Hemos llenado el cielo de aviones, la tierra de carreteras y rieles, y el mar de rutas. Podemos administrar con conciencia, responsabilidad y eficiencia. Podemos erradicar enfermedades mortales curables, y podemos aumentar la investigación para las que aún no podemos curar. Podemos robotizar los servicios y la producción de bienes, y planear las poblaciones para no hacinarnos. Podemos determinar una línea de mínimos y una de máximos para la acumulación de riquezas que nos beneficie a todos, respetando incluso la autonomía de los que más se exigen a sí mismos, y la de los que no.

Los gobiernos, presionados por las sociedades, pueden bajar los impuestos de maneras dramáticas y aún así brindar salud, energía, educación e infraestructuras sólo con dejar de robar. Y los ciudadanos podemos vigilar que esto se cumpla gracias a la tecnología, los plebiscitos y las consultas municipales.

Habría que dejar de mantener todas las estructuras nacionales y provinciales, y con ése ahorro fortalecer organizaciones municipales y comarcales, que jueguen con casi las mismas reglas, y una administración internacional minimalista de control.

Esto no solo nos evitará un gasto astronómico e innecesario, sino que acabará con las obsoletas guerras.

La mala noticia, es que se opondrán con fiereza los poderosos, los líderes religiosos, los banqueros, los políticos, sus asesores y los comerciantes dueños de los jugosos monopolios que se han sabido acumular a la sombra de ésta falacia de la guerra entre oriente y occidente. Como si a alguno de los que leen esto le hubieran repartido algo de esa torta.

El coronavirus y la tecnología nos dan, a un precio justo, la llave para hacer realidad el sueño de Carl Marx y de Adam Smith juntos, como si fueran amigos y hubieran podido estar de acuerdo en mucho. El de Mandela, Lennon, Marley y la Madre Teresa también. Se lo debemos a las próximas generaciones inocentes. Se lo debemos al planeta.

Marcelo E. Amaral Correa

Madrid, España.

About Author

Miguel es abogado, fue durante veinte años Prosecretario del diario La Nación a cargo de la sección de Cartas de Lectores. También fue fundador y editor del newsletter CANAL.E, que se distribuía por mail, de lunes a viernes, durante mas de diez años.

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