Historia del cannabis: la medicina prohibida

La marihuana es una planta con propiedades psicoactivas que diversas poblaciones humanas han producido, intercambiado y consumido a lo lago de miles de años. Habiendo tenido su origen en Asia, distintas variedades del cannabis se han difundido por todo el mundo y han sido objeto de diferentes usos: religiosos, medicinales, festivos, artísticos e intelectuales, así como para la fabricación de diversos artículos manufacturados. Existen evidencias arqueológicas acerca de que los primeros cultivos de cáñamo se remontarían unos 10.000 años atrás, presumiblemente para la confección de tejidos. Las primeras referencias específicas al cannabis corresponden a la obra del emperador chino Shen Nung (2.730 a C.), quien lo recomienda para tratar varias afecciones: estreñimiento, reumatismo, dolores menstruales e incluso malaria. Asimismo, ha sido a partir del cáñamo que los chinos comenzaron a elaborar el papel.

En la antigua India la planta de cannabis fue objeto de empleo en diversas celebraciones religiosas, tanto hinduistas como budistas. Mientras de acuerdo a la arcaica religión védica se consideraba “fuente de felicidad”, para las tradiciones brahmánicas su consumo agilizaba la mente y otorgaba salud. En ciertos mitos se relata que esta planta era un don brindado por el dios Shiva. Por otro lado, cuenta la leyenda que, durante el tiempo previo a su iluminación, Buda se alimentó exclusivamente de semillas de cáñamo.

En la antigüedad occidental la marihuana era un importante ingrediente de la medicina griega, así como ocupaba un lugar significativo en la vida social de los romanos, los escitas y los celtas. Derivados del cannabis también jugaron un importante papel en las poblaciones musulmanas, tanto para usos medicinales como espirituales –como ser en las célebres danzas sufíes-. También existen evidencias de su empleo en el antiguo imperio egipcio, así como se ha constatado en diversas tribus africanas –probablemente previo a las invasiones islamistas, que a su vez lo difundieron-.

Ante el carácter extraordinario de sus propiedades, a lo largo de su historia la marihuana ha sido a su vez objeto de proscripción en determinadas épocas y lugares. En la Edad Media su consumo fue asociado por la Inquisición a prácticas satánicas –asociación llevada a cabo en su momento con diversas plantas: cacao, tabaco, café, yerba mate, coca-.

No obstante, desde el Renacimiento la utilización de esta planta ha sido objeto de progresivo interés, tanto para fines médicos como prácticos. Diferentes partes del cáñamo, en especial sus fibras, constituían la fuente para la fabricación de varios productos: papel, cuerdas, redes, aceites, tinturas, jabón, tejidos, entre otros-. Sus hojas y semillas se han usado como alimento para animales. Hasta fines del siglo XVIII el cultivo del cáñamo no sólo estaba muy difundido, sino que incluso fue singularmente alentado por los principales actores de la revolución norteamericana y por Manuel Belgrano en nuestro país.

Sin embargo, en los albores de la era moderna ha acaecido un cambio crucial al respecto. Un referente histórico del mismo lo constituye la prohibición del cáñamo por Napoleón en Egipto a principio del siglo XIX. Empero, no es sino hasta principios del siglo XX que se promueve una auténtica persecución moral y legal de determinadas drogas. Hitos al respecto lo constituyen la Conferencia de Shanghai de 1909 y la conferencia de La Haya de 1912 –ambas centradas en el problema del opio-. En 1925 la Convención de Ginebra decidió incluir dentro de las sustancias controladas, junto al opio, la morfina y la cocaína, a la heroína y la marihuana. En 1937 se consumó en Norteamérica la prohibición efectiva con la sanción del Acta para el Impuesto de la Marihuana (Marihuana Tax Act).

A nivel internacional la política prohibicionista se consolidó en 1961 con la Convención Única de Estupefacientes de la ONU realizada en Nueva York (cabe advertir que se exceptuaban eventuales usos medicinales y para la investigación científica). Esta política fue refrendada por la Convención de Viena aprobada también por la ONU en 1971, donde se agregaron a las listas oficiales numerosas sustancias sintéticas. En 1988 se celebró la Convención contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Drogas Psicotrópicas, donde por primera vez se compromete a los firmantes a penalizar todas las actividades relacionadas con la circulación de las drogas prohibidas: cultivo, fabricación, distribución, venta y lavado de dinero.

En nuestro país se han promulgado varias leyes que, en consonancia con lo dictaminado por las convenciones internacionales, clasifican al cannabis dentro de la Lista I de las drogas prohibidas –las consideradas más peligrosas y sin ningún valor terapéutico-. La Ley 23.737 de 1989, actualmente en vigencia, sanciona penalmente la mera tenencia para el consumo personal de cualquiera de las sustancias catalogadas en las listas oficiales. Su aplicación concreta, no obstante, ha dado lugar a numerosas discusiones entre especialistas en la materia. Se ha objetado en particular su carácter inconstitucional por contravenir lo sostenido en el artículo 19 de nuestra Constitución Nacional, el que sostiene que el Estado no debe intervenir en las conductas privadas de los ciudadanos que no atenten contra el orden público.

Es relevante consignar que, desde hace ya más de un siglo, a fin de fundamentar sus políticas correspondientes, determinadas autoridades gubernamentales han encargado varios estudios científicos para evaluar la nocividad del consumo de marihuana. No obstante, a pesar de sus notables coincidencias en cuanto a la desmentida de su supuesta gran peligrosidad, ninguno de estos estudios llegó a tener una influencia significativa en la puesta en práctica de la legislación de rigor. Una mención aparte lo merece el gobierno holandés, que encargó dos estudios que llegaron a conclusiones similares a los anteriores, coincidiendo en considerar al cannabis como un “riesgo aceptable” o droga “blanda”. Se observó a su vez que sus efectos dependen del contexto en el que se obtiene y se consume. A diferencia del resto de los países cuyos estudios llegaron a resultados semejantes, el gobierno holandés no hizo oídos sordos a sus recomendaciones, lo que dio lugar a la habilitación de los célebres coffee-shops.

También es pertinente traer a colación el detallado Informe de un Grupo Científico de la misma Organización Mundial de la Salud, titulado Uso de Cannabis (Ginebra, 1971). Allí se señala que la mayoría de los estudios “niegan que el cannabis posea una acción farmacológica predisponente de modo específico al uso de otras drogas”. Se observa que uno de los motivos aducidos con mayor frecuencia para recurrir al cannabis es “la sensación de bienestar, de relajamiento y de alivio de tensiones”. En sentido inverso, paradójicamente, también se han observado casos en que la marihuana se emplea “con el fin de aliviar la fatiga y aumentar la resistencia” (como es el caso de los indígenas amazónicos tenetehara, quienes la consumen con el objeto de tener más fuerza para trabajar). Se menciona asimismo su común utilización en la India “como auxiliar de la meditación y para alcanzar estados místicos”. Si bien se han comprobado faltas menores cometidas por muchos consumidores, no se encontró una relación entre marihuana y violencia o delitos graves. Se observó a su vez que, en grupos minoritarios de los sectores marginales, era menos probable una conducta agresiva de los consumidores de cannabis que de parte de los bebedores de alcohol. Asimismo, se ha advertido incluso que “el paso del alcohol a la marihuana se acompañaba generalmente de una disminución de las tendencias delictivas”.

En la actualidad se han producido dos cambios significativos en cuanto a la apreciación de las cualidades de esta singular planta. En primer lugar, se ha redescubierto la propiedad medicinal de la marihuana, por cuanto son cada más las personas que recurren a ella para atender ciertas dolencias –se han destacado las mujeres que cultivan cannabis para tratar problemas de sus hijos que no son aliviados por los medicamentos convencionales-. De allí que, desde hace más de dos décadas, se ha ido incrementando el número de países que ha sancionado leyes para regular el consumo medicinal de cannabis. Dentro de EEUU, país propulsor de la prohibición, Oklahoma es el estado número 30 que lo ha hecho. En Argentina el año pasado se ha sancionado una ley al respecto, sin embargo, aún no ha prosperado su implementación.

En segundo lugar, pasado más de un siglo de la vigencia del prohibicionismo, ha quedado en evidencia que no ha dado los resultados esperados –e incluso que ha generado más problemas que soluciones-. En consonancia con la elevada proporción de personas que transgreden la ley, así como se va abriendo camino el cannabis medicinal, también lo hace a paso más lento el cannabis recreativo. El país pionero en legalizarlo fue Uruguay en 2013, y este año lo hecho Canadá. También varios estados norteamericanos, Colorado y Washington en principio, California después, y hace un mes Vermont fue el noveno.

Lo interesante de estos casos es que ya están siendo estudiadas sus consecuencias, y así nos enteramos que, coincidiendo con lo observado por el informe de la OMS de 1971, la legalización de la marihuana para uso recreativo en Colorado y Washington se ha asociado con una significativa reducción de la delincuencia, en especial las violaciones y los delitos contra la propiedad, así como una reducción del consumo de otras drogas, incluido el alcohol; a su vez, en otros cinco estados se comprobó que no se ha producido un aumento de su consumo entre los jóvenes, desmintiendo así los uno de los principales motivos anticipatorios de quienes aun avalan la prohibición.

About Author

Fernando es Licenciado en Ciencias Antropológicas de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). Allí es docente de la materia dedicada a la etnología de pueblos indígenas y el dictado de seminarios de investigación –Metodologías Hermenéuticas, Antropología Lingüística, Antropología Ecológica, La problemática de las drogas-. Ha publicado dos libros: Las drogas en cuestión. Una perspectiva antropológica, y Mana y Tabú. Notas etnográficas sobre la cuestión de las drogas.

Leave A Reply