Lisandro Carcavallo revive magias y nostalgias con Cemento El Documental

Pizzería de Buenos Aires, un calor que raja la tierra, café, gaseosa y cigarrillo mediante. Del otro lado de la mesa, Lisandro Carcavallo, director de Cemento El Documental, quien se puso al hombro la tarea de retratar la mística de este epicentro de la cultura under de los 80, 90 y primeros 2000. Este espacio y semillero cultural, en los últimos años se mantuvo en la memoria del inconsciente colectivo pero oculto detrás de la sombra de Omar Chabán y la tragedia de Cromagnón. Lisandro rescata a Cemento de la intención del olvido en donde el presente, a modo de símbolo del desprecio estatal por el arte y la cultura, lo encuentra convertido en un triste estacionamiento.

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¿Cómo fue esto de arrancar a filmar sin ningún apoyo del INCAA que normalmente suele ser fundamental para esta clase de proyectos?

Básicamente desde el momento cero sabíamos iba a ser independiente, que la íbamos a hacer a pulmón. Contamos con un montón de gente que nos ha ayudado como el crowfunding que hicimos en IDEAME, hasta la gente de Understile que nos hizo todo el merchandising para que podamos financiarla. Alejandro Taranto en la producción, y todas las personas que participaron lo hicieron de manera desinteresada en un laburo de producción muy arduo, casi noventa entrevistas durante dos años y medio de rodaje. Fue una puesta muy intensa y de mucho trabajo, pero también hubo mucha predisposición del otro lado. En los entrevistados, verdaderamente, había muchas ganas de hablar de esto.

Con esa cantidad de entrevistas, imaginamos que deben haber existido obstáculos con la construcción del guión.

Sí, en realidad había una serie de preguntas ya establecidas y bueno, lógicamente se iba modificando con cada encuentro. Notas que llegaron muy al final, como la del Indio Solari, que fue una de las últimas. Eso implica una revisión del guión y una modificación inmediata pero sabíamos que la realización de un documental de estas características era así, el precio que teníamos que pagar por armar el recorrido de la película a partir de los testimonios. No queríamos voz en off, sino que al relato lo cuenten los mismos protagonistas.

Empezaste el documental solo con tu cámara y pagandole a un sonidista por jornada, y con el correr de las entrevistas, el proyecto creció y se armó un equipo con más de 15 personas. ¿Cómo transitaste ese proceso?

La cantidad de cosas que me retribuyó la película es incontable y muy fuerte. Estoy más agradecido para con la película, que la película para conmigo. Fue un sueño, reabrir Cemento para el estreno (dentro del BAFICI), de que haya sido declarada de interés cultural; de pasarla en una plaza un sábado a la noche y que haya más de mil pibes, o en la Biblioteca Nacional, lugar emblemático.

LLegó en un momento en que había perdido visibilidad por todo lo que pasó con Omar Chabán y con Crogmanon, es como que Cemento pasó a un segundo plano.

Había una necesidad, más allá del libro que sacó Nicolás Igarzabal, que es excelente, hacía falta un registro audiovisual que nos muestre verdaderamente lo que se vivía, lo que se sentía, lo distinto que era antes ir a un recital de rock en relación a estos días, que son tiempos muy distintos. Y sobre todo reivindicar la importancia de Cemento para lo que fue nuestra cultura, y el devenir de artistas tan importantes para nuestra música y el teatro. Cemento fue una pieza fundamental. Había que reivindicarlo. Básicamente fue lo que buscamos, sacarlo del olvido.

¿Tenías experiencia antes de meterte con este formato documental?

Sí, como productor de radio y TV, hace cuatro años que hago radio, videoclips también hace mucho tiempo, y algunos spots. Es mi primer película, es mi ópera prima como largometraje. O sea que la experiencia al nivel de presentar una película y lo que eso implica es todo nuevo, es todo aprender en el día a día. Es igual muy lindo, sobre todo por la recepción de la gente. Cuando reabrimos Cemento para proyectarla, momento en el que todavía nadie había visto la película, yo pensaba es mi primer película, reabrimos Cemento, esto está explotado. La película no llega a gustar y a mí me linchan! Entonces, el otro día entré a una página que se llama Todas las Críticas, y la verdad que ver once críticas de Cemento y las once positivas, te llena de orgullo. Es un mimo al laburo, a tanto laburo. Sobre todo siendo que nunca nadie vio un mango haciendo esto. Lo hicimos porque en realidad queríamos hacerlo, porque queríamos contar una historia.

¿Pero el crowdfounding no ayudó a financiarlo?

Hicimos un crowdfounding en Ideame por cincuenta $50.000 y entre todos los descuentos y demás nos habrán quedado $38.000. Para que se den una idea, solo la traducción y subtitulado salió $7.000. A partir de eso ya te vas dando cuenta la cantidad de gastos que tenés. SADAIC nos salió setenta lucas prácticamente. Sale mucha plata hacer una pelicula, sobre todo con tantas canciones y de varios grupos reconocidos. También hay que destacar que todos nos pidieron lo mínimo. Nadie nos pidió, no sé, mil dólares para poder poner su tema en la película. Todos entendieron que era una producción independiente, y estuvieron de acuerdo.

En relación a las entrevistas, cómo las manejaste, eran personajes de la cultura rock algunos muy excéntricos y otros todo lo contrario.

Sin dudas es algo que siempre voy a recordar. Entrevistar a Mollo, a Iorio. La verdad que todas fueron entrevistas muy sentidas, muy sinceras. En todas hubo una charla anterior o posterior. Fueron muy naturales, me agradecían mucho por estar haciendo la película, eso también fue muy lindo. Para mí fue un sueño, lógicamente. De pibe escuchaba Almafuerte, Hermética y de repente estaba hablando con Ricardo y me daba cuenta de que había mucho más para escuchar de lo que uno pensaba. Me pasó por ejemplo con Cadena Perpetua. Entrevistamos al Chino Biscotti y el que tenía el derecho de la canción que queríamos utilizar era Vala, el cantante. Me acuerdo que un día le mando un WhatsApp y el chabón me contesta que yo no le tenía que pagar nada, que era mucho más importante la película que cualquier tema, que cualquier ganancia. Ni me conocía. Entonces eso ya habla de que lo que cantan es lo que hacen y eso les da legitimidad a ellos como artistas, como personas. Y es muy gratificante.

¿Quiénes fueron los más complicados de conseguir para el documental?

Y, Katja (Alemann) fue una de las más difíciles, al principio estaba muy dolida, no quería participar. Después finalmente se dio cuenta de que la película no iba sin ella. A partir de ahí fue fundamental. Hoy por hoy nos tenemos un gran cariño. Hemos compartido muchas jornadas debatiendo sobre el proyecto, a veces coincidíamos a veces no. Pero la verdad que nos ha ayudado mucho, brindándonos archivos muy valiosos.

¿Katja aportó la mayor parte del material fílmico que tenías de Cemento o conseguiste de otras fuentes?

No sé si la mayoría, pero aportó mucho. Al menos de lo que es la primera época, muchísimo. Después le pedíamos directamente a los artistas, o a periodistas. Eso después se digitalizaba. Nos llegaba en beta max, vhs, súper vhs. En muchos casos con sorpresas muy increíbles como el recital de Los Redondos, la presentación de Gulp! Aparte de las entrevistas, eran un día a día de digitalización y de horas y horas sentado frente al monitor, valió la pena.

Siempre se dijo que el Indio es un poco o demasiado inaccesible.

Fue la única nota que no la hicimos presencial. El indio nos pidió las preguntas, después de tres, cuatro mails, le mandamos las preguntas y su gente lo filmó. Pero el hecho de que haya aceptado estar en la película es muy groso. El único problema es que le puso música atrás. Pero los veinte minutos de la entrevista, son impagables, increíbles.

Sólo te faltó Chabán.

Sí, cuando empezamos, ya Chabán había fallecido, teníamos muchas entrevistas inéditas de él, pero también nuestra decisión era que él no hable de sí mismo, que hablen los demás, que los demás retraten quién fue. Creo que eso le dio mucha más legitimidad al discurso de quién era Omar, que si salía diciendo “yo hice tal cosa”. Muchas de las respuestas fueron “esta película se la debemos a Omar”.

Todos coinciden puntualmente en que fue un tipo que fomentó muchísimo la cultura y que dio oportunidades a todos. Es al menos en lo que coinciden las bandas que entrevistaste. ¿En cuanto a Katja, cómo lo pintaba?

Katja tuvo una historia de amor muy fuerte con Omar, después fueron grandes amigos. Siempre con mucho cariño, Katja lo adoraba. A veces era difícil hablar de ese tema con ella, porque se emocionaba y porque lógicamente fue muy duro para ella lo que pasó. Pero no difiere mucho de lo que dicen los demás en esta historia. Un tipo que era más artista que empresario, que más allá de que sabemos que se equivocó y que pasó lo que pasó, durante más de veinte años, inclusive en dictadura con el Café Einstein fomentó y aportó al desarrollo de un montón de artistas y de nuestra cultura underground. Entonces eso fue lo que intentamos destacar, el aporte que él hizo para que hoy tengamos las bandas que tenemos y los artistas que tenemos. Creo que fue un gran gestor cultural.

¿Por qué creés que Cemento terminó en la desidia y hoy es un estacionamiento?

Lo de Cromagnón derivó automáticamente en que Cemento no abra más. El día del incendio, fue la última fecha de Cemento. Al tener el mismo gerenciador que era Chabán, a partir de ahí no abrió más, entonces eso cambió el circuito, cambió la movida, la noche. Nosotros, al menos yo que fui los últimos años a Cemento y que Cromagnón nos tocó muy de cerca somos como una generación Cromagnon. Nosotros crecimos con todo lo que nos dejó esa tragedia, con todo lo que nos dolió. Estuvimos justo en la bisagra de conocer la movida antes y pos Cromagnón. Sabemos lo que implicó, sabemos lo que fue que no estén más esos chicos, lo que fue la desidia estatal, el desinterés por parte de las autoridades, el desmanejo político político que se hizo.

Creo que le podría haber pasado a cualquiera, le pasó a Omar, pero podría haber pasado en cualquier otro lugar. Le tocó a él. Yo no digo que haya sido inocente, para nada, creo que se equivocó, pero no fue el único. Se hizo a partir de él un laburo mediático en donde parecía que él era el demonio y la verdad que, yo al menos, no comparto esa idea.

Foton con el maestro y amigo @tarantoalejandro !

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¿Qué crees que es lo principal para encarar la realización de un documental?

Tener algo para contar. A partir de ahí surge todo. Después está cómo lo terminás contando pero es importante querer decir algo y estar bien plantado ante eso porque de algún modo hacer un documental te pone en un lugar desde donde vos estás mirando.

Tu historia con Cemento tiene que ver con su última etapa que coincidió con tu adolescencia.

Sí, empecé a ir a los catorce años, más o menos, en el 2001. Eran épocas donde descubrí todo lo que es el rock, que es como un estilo de vida en sí mismo. Me acuerdo de ir a festivales en contra de la guerra de Irak o por los inundados de Santa Fe y me acuerdo de ver bandas que hoy ya no están o que recién estaban empezando como Carajo, Árbol, otras más consagradas como Catupecu Machu, El otro yo. Pero siempre me sentí bien en Cemento. Era un lugar en donde vos caías con catorce o quince años y estaba todo bien, no te sentías extraño.

Es muy curioso porque todos los entrevistados coincidían en que, al margen de ser un faro cultural, significó también un espacio de democracia. Muchos hablaban y mencionaban a la policía. Fue como una contracultura que llegó para cambiar todo.

Totalmente. Eran tiempos muy salados. La policía seguía teniendo los hábitos de la dictadura y uno cuando empieza a investigar en profundidad se ve cómo seguían persiguiendo a los pibes. También fue un lugar de resistencia, de decir “bueno, nosotros pensamos esto y queremos hacer esto” y era ese lugar, que estaba ahí para que todos puedan expresarse y desde ese punto de vista fue fundamental, claramente. Fue núcleo de una movida cultural muy fuerte, que se empezó a gestar con advenimiento de la democracia. Después se convirtió en un espacio de rock que atraviesa tres décadas muy distintas y aun así, con las puertas abiertas permitiendo el desarrollo de un montón de artistas. Porque así como tocaron Sumo y Los redondos tocaron las bandas que yo nombré recién. Entonces ese recorrido desde el advenimiento de la democracia, desde los 90s neoliberales y la crisis del 2000, Cemento siempre estuvo abierto y brindando oportunidades. Con shows nacionales e internacionales, obras de teatro populares.

¿Las críticas todas fueron buenas pero cuál fue la reacción de Katja al ver el documental terminado?

Tuvo sus objeciones, le costó al principio la mirada de alguien como yo, que cayó a Cemento ya en los 2000, y que es muy distinta a la de Katja que la vivió de adentro, que supo exactamente como fueron las cosas en un montón de sentidos. Para ella, había que darle mucho más lugar a lo que fue la escena artística, el arte y el teatro de mediados de los 80s. Mi posición tenía más que ver con nuestra limitación de ser una película de una hora cuarenta y que era muy difícil contar casi veinte años de historia. Por eso la decisión de que la primera media hora sea dedicada a eso y después volcarnos a otros aspectos. Pero siempre fue todo muy sano, un ida y vuelta muy respetuoso. Era lógico que iba a tener sus objeciones, por algo es Katja, pero aún así siempre está felicitándome, alegrándose por los logros. Jamás dijo “bueno, entonces la peli no sale”, para nada, siempre con un apoyo total.

Me acuerdo cuando fuimos a Cemento por lo de la placa, ella no podía creer que esté así, me decía “lo destrozaron”, entonces no es fácil. Uno hace una película así y también hay que lidiar con los sentimientos de un montón de personas, y hay que ponerse en el lugar. Para Katja todo esto es mucho más fuerte que para cualquiera de nosotros y, la verdad, es que tuvo una fortaleza de hierro y siempre voy a estar muy agradecido con ella.

¿Cuáles son los próximos pasos del documental, tenés pensado hacer una continuación sobre el impacto que tuvo en la gente, las distintas proyecciones especiales que se dieron?

Tengo que hacer algo con los extras y con todo lo que sobró y la verdad es que todavía no toqué nada. Es muy desgastante hacer un proyecto de estas características. Cuando hacés una ficción está todo más pautado, hacés un rodaje, la pelicula se estrena y si a la gente le gusta o no le gusta no es lo más importante, contaste una historia y punto. En cambio, cuando contás una historia que pasó realmente y que mueve tantas cosas en tanta gente, con muchas personas involucradas, tantos entrevistados y demás, uno tiene que estar muy preparado para esas emociones que se mueven, para las repercusiones y fue muy desgastante en este sentido, sumamente gratificante, un sueño, pero también desgastó mucho porque no es fácil, cada uno tiene sus posiciones, su mirada de las cosas y ordenar todo eso fue muy difícil. Entonces, no estamos tomando un respiro, frenan un poco, mirar la pelicula de frente y ver qué nos faltó.

¿Cómo sigue tu vida después de este shock?

Por suerte ahora se viene un documental muy importante para la historia de nuestro rock también que me convocaron a participar aun no sé en qué rol, en estos días tengo la primera reunión. También estoy trabajando en el guión de una película que se llama “Black Metal Desde El Fin Del Mundo” dirigida por Victoria Pellerano que marca un paralelismo entre lo que es la escena de Black Metal acá y lo que es en Noruega, siendo que es un género muy de allá pero tuvo un desarrollo importante  en Argentina. Si sale todo bien, en estos días estoy terminando el guión de mi próxima película que va a ser una biopic sobre un escritor argentino.

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Es periodista del staff de Medio Extremo. Cubre noticias de política y sociedad, principalmente de la Ciudad de Buenos Aires. Podés escribirle a: contacto@medioextremo.com

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