CARTAS DE LECTORES: SUBMARINO / MAPUCHES

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ENIGMAS LEGENDARIOS

Sr. director:

Me dirijo a ustedes para comunicar una gran preocupación con motivo la desaparición del submarino argentino San Juan, con alrededor de cuarenta y cuatro tripulantes a bordo.

El gobierno nacional ya ha movilizado diferentes medios de búsqueda, solicitando incluso apoyo internacional, por lo cual también se han encargando de buscar al submarino grupos con aviones y otros vehículos desde Rusia y los Estados Unidos.

Sin embargo, parece poco probable que el submarino, con el tiempo transcurrido desde su desaparición, según han explicado diferentes especialistas en medios nacionales, sea encontrado entero. ¿Qué es, a mi parecer, lo más grave de este asunto? Que aún con la supuesta preocupación mostrada por el gobierno, el propio ministro de defensa de la nación aún no se ha dignado ofrecer explicación alguna, y el único que ha ofrecido alguna ha sido un vocero de la Armada, quien erróneamente ha admitido de manera concluyente la explosión del submarino y la muerte inmediata de los tripulantes. Y se conoció que habría sido detectada por hidrófonos internacionales una anomalía procedente de la dirección en la que se habría hallado el submarino por última vez, que bien podría indicar una explosión, un incendio o una inundación interna por una falla. Tampoco se descarta un ataque por una potencia extranjera, aunque la Argentina no está en guerra con nadie. Lo que sí ya es un dato cierto es que el vehículo se encontraba navegando en condiciones, que antes de que se interrumpiera la comunicación el capitán intentó alertar algo a la base, y que el submarino en cuestión llevaba siete tripulantes más a bordo de lo que su capacidad soportaba.

Espero sinceramente que este caso no se convierta en uno de esos enigmas legendarios sin resolver que, como el Experimento Filadelfia, siguen siendo un misterio, tan verosímil e improbable como los avistamientos de OVNIs y OSNIs.

Franco Caruso – DNI: 40120297

 

MAPUCHES

Sr. director:

Los periodistas-publicistas al servicio del Gobierno nacional suelen insistir en una condición demoníaca de las acciones de liberación nacional mapuche, cuya disposición a utilizar formas de acción violenta justificaría la política de Estado de balearlos por la espalda, como sucedió en el caso de Rafael Nahuel. En contrapartida, opinadores sensibles han preferido desestimar las potencialidades reales de la lucha de este movimiento, destacar la precariedad de sus medios y subrayar su condición “vulnerable”, categoría cuyo encanto consiste en poner al calificado siempre por debajo del amable calificador.

Tal vez sea mejor prestar atención respetuosa a los objetivos y métodos de lucha de este movimiento, tal como fueron expuestos por Facundo Jones Huala –líder del Movimiento Mapuche Autónomo del Puelmapu–, en la detallada entrevista que, desde la cárcel, concedió a Medio Extremo.

El dirigente mapuche no desestimó allí una perspectiva que Occidente conoce por lo menos desde 1848 pero que, desde hace más de tres décadas, nadie se atreve a enunciar y quizá ni siquiera a pensar en la Argentina: que la realización de la justicia exige derogar el sistema legal del Estado burgués, que no hay justicia sin revolución y que no hay revolución sin violencia.

Jones Huala planteó “la recuperación de las tierras productivas y las tierras sagradas, hoy en manos de capitalistas terratenientes”; en esos territorios, reconstruir “la normativa ancestral” de su nación y restablecer “el concepto de trabajo comunitario, la reciprocidad”. Aclaró que “no nos interesa el reconocimiento del Estado sino el de nosotros mismos como pueblo y el de los demás pueblos oprimidos”. Reconoció que “existe la lucha de clases, el sistema la plantea” y postuló “un proceso de liberación nacional mapuche, utilizando el sabotaje para la expulsión de las empresas”. Aclaró que, si bien “todas las formas de lucha son válidas, no planteamos la lucha armada ni la guerrilla, sino el sabotaje a las maquinarias, la infraestructura. La lucha es contra la idea de la propiedad y las acciones son contra bienes materiales, no contra la vida humana. Es mucho más revolucionario destruir maquinaria de una empresa forestal que matar al gerente”.

Este movimiento plantea así una utilización puntual de la violencia –el sabotaje, que distingue con precisión técnica de la lucha armada y del terrorismo– para obtener objetivos políticos y sociales que lo ponen en conflicto con los Estados –Chile y Argentina– en los que residen sus comunidades nacionales. Por hallarse acusado, en Chile, de efectuar acciones como las que fundamentó en la entrevista, existe un pedido de extradición sobre Jones Huala por parte de la Justicia chilena, en relación con el cual se halla detenido.

La aparición de un movimiento dispuesto a utilizar determinadas formas de violencia plantea al Estado nacional el desafío de responder dentro de los estrictos límites de la legalidad. Y, especialmente en un país con los antecedentes de la Argentina, existen razones para inquietarse a ese respecto. La primera se ejemplifica con el crimen de Rafael Nahuel, que parece indicar un sesgo represivo ilegal por parte del actual Poder Ejecutivo Nacional y sus agencias de seguridad. La segunda es la acción sistemática de los periodistas-publicistas del Gobierno, enteramente similar a la que desarrollaron sus precursores durante la última dictadura y que, como entonces, se sostiene en la aquiescencia de un sector importante de la opinión pública. Una tercera razón para inquietarse es la política errática de los representantes del Poder Judicial, cuyo notable desprestigio no lo pone en las mejores condiciones para hacer valer los principios del Estado de derecho. Una cuarta razón es la especial y gravísima violencia que, como lo muestran ejemplos internacionales recientes, pueden llegar a ejercer los Estados nacionales contra las minorías étnicas en rebelión.

De todos modos, no hay que olvidar la fórmula de que los argentinos venimos de los barcos, es decir, que somos el descarte del mundo. Nuestro mestizaje vale también para el apellido compuesto del líder mapuche Jones Huala –de padre inglés–, heredero de la mixtura que ya Lucio V. Mansilla advirtió entre sus argentinísimos ranqueles. Y el origen del actual conflicto no hace falta ir a buscarlo hace quinientos años ya que puede leerse –invertido, como en la cámara oscura de Engels– en la apropiación por un aventurero inglés que se hace llamar Joe Lewis del acceso al lago Escondido, que suscita incesantes protestas en los pobladores de El Bolsón. De la “propiedad” que Lewis sustrae a la legislación nacional es huésped habitual el presidente Mauricio Macri, no menos argentino que los ranqueles de Mansilla. Quizás el ingreso de las fuerzas de seguridad al Escondido para hacer cumplir la ley de una vez por todas podría generar en favor de los “pueblos originarios” prodigios aun mayores que la mediación de un obispo. Entretanto, nadie le devolverá la vida a Rafael Nahuel, ni tampoco a Santiago Maldonado, ahogado en el río Chubut en el marco de un operativo de legalidad dudosa efectuado por Gendarmería nacional.

Ricardo Viamonte
Profesor universitario

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Miguel es abogado, fue durante veinte años Prosecretario del diario La Nación a cargo de la sección de Cartas de Lectores. También fue fundador y editor del newsletter CANAL.E, que se distribuía por mail, de lunes a viernes, durante mas de diez años.

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