Miguel Canale es abogado, fue durante veinte años Prosecretario del diario La Nación a cargo de la sección de Cartas de Lectores. También fue fundador y editor del newsletter CANAL.E, que se distribuía por mail, de lunes a viernes, durante mas de diez años.

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Legalización del cannabis en Canadá

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De: maria belen perez lucero
Enviado: lunes, 22 de octubre 6:54 p. m.
Asunto: Legalización del cannabis en Canadá

Sr.Director
He leído el artículo sobre la legalización del cannabis en Canadá y me ha resultado muy interesante.Desde dos puntos de vista: el de la salud pública,y la comercializacion global de la misma.No hay ya dudas de los beneficios que tan noble producto trae a las vidas de cientos de personas,ya sea en cualquiera de sus presentaciones.Por otra parte,desde el punto de vista de la comercializacion ha sido, para mí asombroso el universo de intereses creados alrededor del cannabis.Como han surgido diversas empresas y compañías alrededor del mundo interesadas en utilizarlo en sus distintos usos.Destaco la excelente calidad de la nota, como así también su contenido,que se cotize en bolsa,impensado hace un tiempo atrás.

Sin más lo Saluda atte Belén Lucero.

Reflexiones de un médico

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De: Javier Pagnussat 
Señor Director
Me pregunto si los días como hoy se recuerdan. Probablemente no. ¿Hay un día para las oportunidades perdidas? ¿Cuántos días como hoy habría que recordar? Hoy la sociedad argentina a través de sus representantes en el congreso decidió mirar hacia otro lado, decidió barrer la mugre debajo de la alfombra. Decidió “salvar las dos vidas” lo que paradójicamente significa no salvar ninguna. Más allá de la discutible idea de comparar la vida de un embrión de 12 semanas con los sueños, anhelos, amores y tristezas de una mujer en edad fértil. Es tan simple que no admite ninguna réplica. Decir no lo hagas, decir eso está mal, criminalizarlo y hasta penalizarlo con la cárcel no va a detener la realidad. Y eso es un hecho. El aborto existe por más que miren a otro lado. Existió, existe y existirá. Y hoy mientras algunos festejan haber salvado dos vidas, quizá en este momento mientras escribo este intento banal de superar mi frustración, haya alguna chica, quizá menor de edad y con pocos recursos que está viendo un test de embarazo positivo y siente como su mundo se derrumba. Y va a tomar una decisión. Será una de las más difíciles que le toque y quizá la más triste, pero la va a tomar. Es probable que el pibe se borre, siguiendo el ejemplo de sus representantes en el congreso y se haga el desentendido. Entonces buscará en internet o preguntará a sus amigas. Intentará juntar una plata que nunca tuvo para pagar el negocio oscuro del farmacéutico, si tiene suerte, o recurrirá a un sótano sombrío o se meterá algo por consejo de alguno. Porque la sociedad, a través de sus representantes le dijo que eso que va a hacer está mal. No intentó comprenderla, no intentó contenerla, no intentó ayudarla. Solo juzgarla. Y va a sangrar. Porque no hay otra forma de hacerlo. Y se va a asustar y va a temblar y va a tener frio y miedo y se va a sentir sola. Más sola que nunca. Porque su país la dejo sola. Su país a través de sus representantes la dejo sola. Y si tiene suerte la sangre va a parar y solo va a quedar en un triste recuerdo. Pero en algunos casos el sangrado no para. Y si tiene luces y se anima va a ir a una urgencia y muerta de miedo va a mentir. Y quizá sea maltratada o ninguneada y hasta criminalizada. Pero quizá no consulte. Por vergüenza o por temor. O consulte tarde. Y su vida terminará por apagarse ese día por sangrado o los días posteriores por una infección. Esa vida con todos sus proyectos, sus alegrías, sus amigos, su sonrisa, su carpeta del colegio, su osito de peluche, sus zapatillas gastadas. Su vida. Y sus padres llorarán encima de un cuerpo frio. Y una parte de la sociedad argentina se irá a dormir tranquila, creyendo hipócritamente que ha salvado dos vidas.

El suicidio de Nisman II

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De: Santiago O´Donnell

Agradezco al señor Alberto Ferrari Etcheverry por su carta.
Yo creo que si, que un cretino puede suicidarse , Nisman lo era y lo hizo.
Cristina no fue la primera. Es mas, primero dio a entender que se habia suicidado, pero cuando las encuestas se le pusieron en contra cambio de discurso.

El suicidio de Nisman

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De: Alberto Ferrari Etcheberry

Muy bueno  el artículo de Santiago O´Donnell publicado en Página 12, pero respecto de Nisman,  (aunque es evidente que sus patrones de Usa al acercarse a Irán lo dejaron colgado de la brocha), hay algo que no cierra: un cretino ( como surge de la infirmación) puede llegar a suicidarse?

No encontré antecedentes locales ( Alfonsina, dela Torre, Lugones, Loncán…) Además, la primera que habló de asesinato fue la presidente CFK. Lo mejor que he leído  sobre la muerte de Nisman es de Kolman, pero él nunca encaró estas dos cuestiones.

Describir la conducta de Nisman desde que lo designó Néstor Kirchner ( no olvidar) es lo más adecuado para impedir que se lo convierta en héroe y permite dejar en segundo plano la novela policial ya muy enmarañada y sin chance de dejar de serlo. Creo que puede hacerlo.

Cordialmente,

Alberto Ferrari Etcheberry.

Me ha gustado el podcast que hacen con Santiago y Guillermo

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De: Franco Leonel

UNASUR: concuerdo, resultará doloroso para muchos que este organismo o bien desaparezca, o bien se mantenga simplemente como una institución puramente formal de las decisiones de los países  sudamericanos. En algún momento en el 2015, cuando se cumplían diez años del “ALCA, ALCA, al carajo” de Hugo CHávez, junto a néstor Kirchner, Evo Morales, Rafael correa y otros dirigentes latinoamericanos populares , , se estaba queriendo señalar el final de un período en la historia regional, como una unión política desde la UNASUR, y económica desde el MERCOSUR, genuina e independiente de los intereses del primer mundo; con los sucesivos fallecimientos de Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Fidel Castro, quedó abierta una brecha en la región para decidir a los siguientes dirigentes; decisiones que, está de más aclararlo, fueron desafortunadas y equivocadas.. Y volviendo a la situación general latinoamericana, no es creíble que el organismo se disuelva, incluso si la OEA toma el control, es necesario contar con el apoyo de un rostro aparentemente pluralista y democrático de la unión sudamericana para que las decisiones norteamericanas y de la UE sean efectivas.

SUBMARINO / MAPUCHES

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De: Franco Caruso

ENIGMAS LEGENDARIOS

Sr. director:

Me dirijo a ustedes para comunicar una gran preocupación con motivo la desaparición del submarino argentino San Juan, con alrededor de cuarenta y cuatro tripulantes a bordo.

El gobierno nacional ya ha movilizado diferentes medios de búsqueda, solicitando incluso apoyo internacional, por lo cual también se han encargando de buscar al submarino grupos con aviones y otros vehículos desde Rusia y los Estados Unidos.

Sin embargo, parece poco probable que el submarino, con el tiempo transcurrido desde su desaparición, según han explicado diferentes especialistas en medios nacionales, sea encontrado entero. ¿Qué es, a mi parecer, lo más grave de este asunto? Que aún con la supuesta preocupación mostrada por el gobierno, el propio ministro de defensa de la nación aún no se ha dignado ofrecer explicación alguna, y el único que ha ofrecido alguna ha sido un vocero de la Armada, quien erróneamente ha admitido de manera concluyente la explosión del submarino y la muerte inmediata de los tripulantes. Y se conoció que habría sido detectada por hidrófonos internacionales una anomalía procedente de la dirección en la que se habría hallado el submarino por última vez, que bien podría indicar una explosión, un incendio o una inundación interna por una falla. Tampoco se descarta un ataque por una potencia extranjera, aunque la Argentina no está en guerra con nadie. Lo que sí ya es un dato cierto es que el vehículo se encontraba navegando en condiciones, que antes de que se interrumpiera la comunicación el capitán intentó alertar algo a la base, y que el submarino en cuestión llevaba siete tripulantes más a bordo de lo que su capacidad soportaba.

Espero sinceramente que este caso no se convierta en uno de esos enigmas legendarios sin resolver que, como el Experimento Filadelfia, siguen siendo un misterio, tan verosímil e improbable como los avistamientos de OVNIs y OSNIs.

Franco Caruso – DNI: 40120297

 

De: Ricardo Viamonte

MAPUCHES

Sr. director:

Los periodistas-publicistas al servicio del Gobierno nacional suelen insistir en una condición demoníaca de las acciones de liberación nacional mapuche, cuya disposición a utilizar formas de acción violenta justificaría la política de Estado de balearlos por la espalda, como sucedió en el caso de Rafael Nahuel. En contrapartida, opinadores sensibles han preferido desestimar las potencialidades reales de la lucha de este movimiento, destacar la precariedad de sus medios y subrayar su condición “vulnerable”, categoría cuyo encanto consiste en poner al calificado siempre por debajo del amable calificador.

Tal vez sea mejor prestar atención respetuosa a los objetivos y métodos de lucha de este movimiento, tal como fueron expuestos por Facundo Jones Huala –líder del Movimiento Mapuche Autónomo del Puelmapu–, en la detallada entrevista que, desde la cárcel, concedió a Medio Extremo.

El dirigente mapuche no desestimó allí una perspectiva que Occidente conoce por lo menos desde 1848 pero que, desde hace más de tres décadas, nadie se atreve a enunciar y quizá ni siquiera a pensar en la Argentina: que la realización de la justicia exige derogar el sistema legal del Estado burgués, que no hay justicia sin revolución y que no hay revolución sin violencia.

Jones Huala planteó “la recuperación de las tierras productivas y las tierras sagradas, hoy en manos de capitalistas terratenientes”; en esos territorios, reconstruir “la normativa ancestral” de su nación y restablecer “el concepto de trabajo comunitario, la reciprocidad”. Aclaró que “no nos interesa el reconocimiento del Estado sino el de nosotros mismos como pueblo y el de los demás pueblos oprimidos”. Reconoció que “existe la lucha de clases, el sistema la plantea” y postuló “un proceso de liberación nacional mapuche, utilizando el sabotaje para la expulsión de las empresas”. Aclaró que, si bien “todas las formas de lucha son válidas, no planteamos la lucha armada ni la guerrilla, sino el sabotaje a las maquinarias, la infraestructura. La lucha es contra la idea de la propiedad y las acciones son contra bienes materiales, no contra la vida humana. Es mucho más revolucionario destruir maquinaria de una empresa forestal que matar al gerente”.

Este movimiento plantea así una utilización puntual de la violencia –el sabotaje, que distingue con precisión técnica de la lucha armada y del terrorismo– para obtener objetivos políticos y sociales que lo ponen en conflicto con los Estados –Chile y Argentina– en los que residen sus comunidades nacionales. Por hallarse acusado, en Chile, de efectuar acciones como las que fundamentó en la entrevista, existe un pedido de extradición sobre Jones Huala por parte de la Justicia chilena, en relación con el cual se halla detenido.

La aparición de un movimiento dispuesto a utilizar determinadas formas de violencia plantea al Estado nacional el desafío de responder dentro de los estrictos límites de la legalidad. Y, especialmente en un país con los antecedentes de la Argentina, existen razones para inquietarse a ese respecto. La primera se ejemplifica con el crimen de Rafael Nahuel, que parece indicar un sesgo represivo ilegal por parte del actual Poder Ejecutivo Nacional y sus agencias de seguridad. La segunda es la acción sistemática de los periodistas-publicistas del Gobierno, enteramente similar a la que desarrollaron sus precursores durante la última dictadura y que, como entonces, se sostiene en la aquiescencia de un sector importante de la opinión pública. Una tercera razón para inquietarse es la política errática de los representantes del Poder Judicial, cuyo notable desprestigio no lo pone en las mejores condiciones para hacer valer los principios del Estado de derecho. Una cuarta razón es la especial y gravísima violencia que, como lo muestran ejemplos internacionales recientes, pueden llegar a ejercer los Estados nacionales contra las minorías étnicas en rebelión.

De todos modos, no hay que olvidar la fórmula de que los argentinos venimos de los barcos, es decir, que somos el descarte del mundo. Nuestro mestizaje vale también para el apellido compuesto del líder mapuche Jones Huala –de padre inglés–, heredero de la mixtura que ya Lucio V. Mansilla advirtió entre sus argentinísimos ranqueles. Y el origen del actual conflicto no hace falta ir a buscarlo hace quinientos años ya que puede leerse –invertido, como en la cámara oscura de Engels– en la apropiación por un aventurero inglés que se hace llamar Joe Lewis del acceso al lago Escondido, que suscita incesantes protestas en los pobladores de El Bolsón. De la “propiedad” que Lewis sustrae a la legislación nacional es huésped habitual el presidente Mauricio Macri, no menos argentino que los ranqueles de Mansilla. Quizás el ingreso de las fuerzas de seguridad al Escondido para hacer cumplir la ley de una vez por todas podría generar en favor de los “pueblos originarios” prodigios aun mayores que la mediación de un obispo. Entretanto, nadie le devolverá la vida a Rafael Nahuel, ni tampoco a Santiago Maldonado, ahogado en el río Chubut en el marco de un operativo de legalidad dudosa efectuado por Gendarmería nacional.

Ricardo Viamonte
Profesor universitario

Violadores

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De: Lic. Ricardo Stepanich

Me permito hacerle llegar las siguientes reflexiones sobre un caso reciente, por si las considera merecedoras de debate. Aprovecho para saludar y destacar la independencia periodística de su portal.

Hace unos meses, cuando la opinión pública examinó el caso de un violador reincidente, se mencionó que el inculpado tiene un hermano mellizo, un gemelo idéntico: se ratifica así que la condición de violador no está inscripta en los genes. Por otra parte, es sabido que personas que no cometerían violaciones en la vida civil son capaces de concretarlas en la guerra. Sucedió así en la Guerra de los Balcanes, cuando fue practicada sistemáticamente como recurso político-militar contra una nación enemiga.

Seguramente la mayoría de esos soldados al volver a la vida civil no experimentaron la compulsión a violar. Sin embargo, parece ser que en algunos varones esa orientación sexual forma parte de lo que llamaríamos su carácter, tan difícil de modificar como la orientación heterosexual u homosexual, etc., y se debate qué posición debería adoptar la sociedad respecto de tales sujetos. El debate podría perfeccionarse mediante un par de observaciones preliminares.

La tendencia compulsiva a la violación, entendida como formación caracterológica particular, imposible o muy difícil de modificar, debiera como tal afectar a hombres de diversas clases y sectores sociales; sin embargo, los detenidos por ese delito suelen guardar el perfil habitual de los detenidos por otros delitos: clase social baja o, a lo sumo, media baja. ¿No hay violadores entre los hombres de clase alta y clase media? Tiene que haberlos: si la compulsión a violar no estuviera repartida en todo el cuerpo social, la noción misma perdería sentido y los violadores serían sólo un epifenómeno de la pobreza.

Es razonable suponer que los violadores de clase media y alta no son apresados porque eligen sus víctimas entre mujeres de alta vulnerabilidad, como prostitutas o empleadas domésticas. La dificultad de estas mujeres para formular la denuncia –su muy baja expectativa de que la denuncia tuviera curso y no repercutiera contra ella misma–, sumada a alguna compensación económica, ha de ser suficiente para evitar la acción de la Justicia. No hay estadísticas, no podría haberlas, de cuántas empleadas en casas particulares fueron abusadas por “el señor”.

En realidad, los sectores más bajos también han contado con la posibilidad de ejercer la violación compulsiva: lo ha permitido, en tiempos de paz, el desempeño en fuerzas de seguridad. Las comisarías han sido (¿son?) lugares tradicionales de violación de mujeres, pertenecientes en general a los mismos grupos desprotegidos que proveen al violador de clase media o alta. Y, por ejemplo durante la última dictadura, un violador podía fácilmente satisfacer su compulsión si se incorporaba a un grupo de tareas paramilitar.

Así, el debate sobre los violadores debiera tener en cuenta –pero no lo hará– que la cuestión se enmarca en la respuesta que históricamente les ha dado la sociedad: otorgarles víctimas.

Lic. Ricardo Stepanich


La vuelta del malón La vuelta del Malón  (Della Valle, Ángel)