Diario del año de la peste

21 de marzo de 2020

El jueves 19 de marzo, todos los diarios argentinos salieron con la misma tapa: «Al virus lo frenamos entre todos». En la página 2, todos publican un comunicado de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), con varios ítems encabezados por la fórmula «Somos responsables». Uno de ellos dice: «Somos responsables denunciando a quien incumple una cuarentena». Ambas páginas están coloreadas con el celeste y blanco de la bandera argentina.

Un aspecto muy repudiado en la trayectoria de ADEPA es su conducta durante la última dictadura, entre 1976 y 1983). Así por ejemplo, Estela Schindel (La desaparición a diario: Sociedad prensa y dictadura; 1975-1978, ed. EDUVIM, 2019) consigna que ADEPA «a poco del golpe de Estado saludó ‘el cambio de estilo producido en las relaciones entre el gobierno y la prensa’ y en octubre de 1976 sus directivos afirmaron ante la Sociedad Interamericana de Prensa que la libertad de prensa en la Argentina ‘es una realidad’. Luego, a medida que la represión se fue haciendo sentir sobre el gremio, ADEPA hizo declaraciones públicas pidiendo por algunos periodistas prominentes secuestrados, como Edgardo Sajón y Jacobo Timerman, y a partir de 1977 sus comunicados se hicieron más enérgicos. Pero estos reclamos eran matizados con comentarios favorables al gobierno y en 1978 ADEPA rechazó un premio internacional por los periodistas perseguidos de Argentina argumentando que la situación del país debía ser interpretada por periodistas argentinos y no por ‘ajenos’, y declaró que ‘la posición asumida por el gobierno militar es de respeto a la libertad de prensa’ pero ‘en su aplicación por funcionarios’ había sido ‘desvirtuada'». Se contabilizan por lo menos 101 periodistas detenidos-desaparecidos durante la última dictadura.

El llamado a denunciar a los conciudadanos que incumplan un decreto del Gobierno adquiere connotaciones siniestras cuando proviene de una entidad con los antecedentes y las características de ADEPA. Y, a partir de esta puntualización, es válido volver a la tapa blanquiceleste de los diarios del jueves pasado para recordar una observación que en 1976, poco después del golpe del 24 de marzo, formuló Rodolfo Terragno –que antes de dedicarse a la política fue un excelente periodista–, en su revista Cuestionario: «El 25 de marzo, los diarios argentinos entraron en cadena», refiriéndose a la sumisión unánime a las prohibiciones, mandatos y criterios de la dictadura. Aquellos diarios, como La Nación y Clarín, volvieron el jueves a entrar en cadena.

Por supuesto, el mandato de cumplir la cuarentena es totalmente distinto en su naturaleza y objetivos a los mandatos de la dictadura, y es dictado por un gobierno civil en uso de sus atribuciones constitucionales. Y, por el bien de todos, debe ser cumplido por todos. Y está bien que quien lo incumpla sea denunciado a las autoridades, en la confianza de que no será torturado ni desaparecido. Todo esto está muy bien. El problema es la ideología de «unidad nacional» que suele acompañar este llamado a la responsabilidad social, y que se anuncia en el blanquiceleste de los medios en cadena. Se compara la campaña sanitaria con una guerra, por fin los argentinos nos hemos unido contra un enemigo que, ciertamente, viene de afuera. Y se celebra el fin de «la grieta», entendido como la supresión de los conflictos.

Tal vez, sí, deba postergarse la expresión de algunos conflictos entre sectores y clases sociales, aunque quizá puedan manifestarse sin afectar el ejercicio de la responsabilidad común ante la pandemia. En todo caso el hecho de postergar conflictos, como la perspectiva de denunciar a nuestros vecinos, son posibilidades que pueden ser soportadas pero no deberían ser celebradas. La «unidad nacional» no es un encuentro auspicioso sino el cumplimiento del oscuro anhelo de los privilegiados: que los conflictos, reales, legítimos, se desestimen y se nieguen, porque esa negación conduce a preservar sus privilegios. El hecho de que una entidad como ADEPA formule este pedido, a través de unos medios funcionando en cadena, sólo puede ser motivo de preocupación y repugnancia.

 

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Escritor y Periodista

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