No importa Julian Assange

No importa Julian Assange. Importa que ayer empezó su juicio de extradición. Y que hay mucho en juego en este juicio, al igual que en el proceso que le espera en Estados Unidos si se concede dicha extradición.

No importa él como persona, si cae o no simpático. Importa que estos juicios serán determinantes para el futuro del periodismo, la libertad de expresión y el derecho internacional.

En concreto, Assange está siendo acusado de espionaje por hacer lo que hacen los periodistas. Esto es, recabar y publicar información. Los espías hacen otra cosa: roban documentos y se los entregan a otro país.

La acusación en contra de Assange combina lenguaje del Espionage Act de 1917 con una descripción de prácticas que son habituales en las redacciones, como intercambiar mensajes encriptados con fuentes que desean permanecer anónimas.

Pero según el Departamento de Justicia, esas prácticas está bien que las haga un periodista de un medio reconocido como podría ser el New York Times. Assange no. Assange no puede porque “Assange no es un periodista.” En un informe anual el gobierno de Trump ha definido al medio que Assange dirige, WikiLeaks, como “servicio de inteligencia no estatal”.

Entonces, ¿Cuál sería la diferencia entre un periodista, que supuestamente goza de protección legal, y un “no periodista” como Assange, que no puede publicar información secreta? ¿Entre un portal de internet especializado en filtraciones periodísticas y un “servicio de inteligencia no estatal”? Mas importante aún, ¿quién decidiría esta cuestión? El gobierno, por supuesto. En este caso, el gobierno de Trump. No parece algo que beneficie la libertad de expresión, o el ejercicio del periodismo crítico.

A esto hay que sumarle que en éste y otros casos similares Estados Unidos parece querer ejercer una especie de justicia universal pero al revés, en favor de sus propios intereses. Al hacer detener y extraditar a personas como Assange, que no estaba en Estados Unidos al momento de los hechos, acusado por publicaciones o reproducciones online que ocurrieron en otros países a través de servidores instalados en el extranjero, Estados Unidos, lejos respetar principios universales, impone los suyos al resto del universo.

A semejante persecución hay que agregar que Assange estuvo siete años encerrado en tres cuartos sin poder respirar aire puro ni ver la luz del día, en lo que Naciones Unidas llamó una detención ilegal, sumada a nueve meses en solitario en la cárcel británica de máxima seguridad de Belmarsh, entre otras severas restricciones para preparar adecuadamente su defensa.

Tanto la jurisprudencia británica como la europea prohíben extradiciones por delitos políticos. La defensa de Assange argumentará que no hay nada más político que este juicio de extradición. El proceso podría durar meses e incluso llegar a Estrasburgo o La Haya y poner a prueba al sistema legal europeo.

Conocí a Assange en Ellingham Hall, Norfolk, Gran Bretaña, en el invierno del 2011. Le dije que quería escribir sobre él.

“Mi vida personal no importa,” contestó. “Lo que importa es mi trabajo y lo que sucede con lo que hago. Escribí sobre eso.”

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Santiago O'Donnell es el director general de Medio Extremo. Es editor jefe de internacionales en Página 12. Y autor de cuatro libros: ArgenLeaks, Politileaks, Derechos Humanos® La historia del CELS y Argenpapers. Antes de MX, trabajó en Los Angeles Times, The Washington Post y La Nación. Escribile a contacto@medioextremo.com

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