Estallido

Yo sé que es muy progre decir que Evo sufrió un golpe, pero Evo renunció a causa de un estallido social provocado por un fraude torpe, grosero y alevoso.

Lo vi por la tele el 20 de octubre. Lo vio todo Bolivia. Con más del 80 por ciento del conteo rápido escrutado se les rompe la compu y se da vuelta todo. Milagro en el Antiplano. Justo tiene la mala suerte Evo de que se le rompe la computadora justo justo cuando iban a llegar los votos salvadores de las zonas rurales. Por favor. Millones de bolivianos salen a la calle con banderas bolivianas bajo la consigna “respeten la voluntad popular.” Venían de que Evo reforme la constitución para darse un término más, y después de un plebiscito para habilitar otra reelección que Evo perdió, y después, de que Evo consiga que un juez habilite su candidatura con el argumento de que la reelección eterna es un derecho universal. Y los bolivianos no se la bancaron.

No sólo los fachos: la central obrera, el movimiento estudiantil, los partidos políticos, movimientos sociales, comunidades indígenas: millones de personas, igual que en Chile, Ecuador, Haití o Puerto Rico, cortando calles, copando plazas, marchando en paz.

La primera parte de la revuelta fue con prescindencia militar y policial y más o menos pacífica, salvo por las patotas del oficialismo que salieron a romper las barricadas, con un saldo de tres estudiantes opositores muertos y ninguno del bando de Evo. Esta etapa de la rebelión, que duró unos diez días, diez días de parálisis y desgaste para el gobierno, mientras la OEA negociaba para que Evo se baje de su autoproclamado triunfo en primera vuelta, fue liderada por el candidato opositor que el fraude había perjudicado, el ex presidente de centroderecha Carlos Mesa.

Como en todo estallido social la lógica asamblearia radicalizó la protesta y así empezó la fase robesperiana del proceso, ahora sí bajo la conducción de los comités cívicos de la media luna, la extrema derecha, la derecha fascista y chupasirios, encarnada en la figura reaccionaria de Luis Fernando Camacho. Mientras el ejército permanecía callado y acuartelado estallaron peleas callejeras, venganzas, quemas de edificios, persecuciones políticas y saqueos, con el equilibrio de fuerzas cada vez más favorable a los insurrectos, tanto en la calle como en los palacios del poder.

A medida que se acercaba el informe de la OEA confirmando lo que ya todo Bolivia había visto en la noche de la elección, Evo se iba quedando solo, aquejado por un vacío de poder a causa de una crisis de legitimidad que había empezado con el plebiscito y que el fraude había exacerbado. Y todavía los militares no habían entrado en acción.

Según un esclarecedor artículo del periodista uruguayo Raúl Zibecchi, “la movilización social y la negativa de los movimientos a defender lo que en su momento consideraron ‘su’ gobierno fue lo que provocó la renuncia. Así lo atestiguan las declaraciones de la Central Obrera Boliviana, de docentes y autoridades de la Universidad Pública de El Alto (UPEA), de decenas de organizaciones y de Mujeres Creando, quizá la más clara de todas. ..La declaración de la histórica Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), cercana al gobierno, es el ejemplo más claro del sentimiento de muchos movimientos: “Presidente Evo ya hiciste mucho por Bolivia, mejoraste la educación, salud, le diste dignidad a mucha gente pobre. Presidente no dejes que tu pueblo arda ni te lleves más muertos por encima presidente…La renuncia es inevitable compañero Presidente. Tenemos que dejar en manos del pueblo el gobierno nacional”.

Cuando finalmente se filtró la primera versión del informe de la OEA a Evo le renunció medio gabinete. La policía ya no le respondía y se había acuartelado en al menos tres departamentos. En medio del caos, la violencia y la anarquía, con los líderes fascistas envalentonados, con los Trumps y Bolsonaros del mundo relamiéndose, los militares, haciendo uso de sus facultades constitucionales que le permiten aconsejar al presidente, le “aconsejaron” que renuncie y Evo cayó.

Lamentablemente. Porque para mí Evo fue por lejos el mejor presidente de la historia boliviana y uno de los mejores de la historia de Latinoamérica. Nombrar sus logros y aciertos llevaría otro artículo entero. Pero el pueblo boliviano lo echó a patadas por querer chorearse una elección.

Para mí los milicos nunca deben participar en los asuntos internos de un país por más que la constitución boliviana les permita aconsejar al presidente. Sería ingenuo negar que su tardía y limitada participación en el proceso de interrupción del orden institucional no agrega un ingrediente golpista a la situación. En toda situación preanárquica el dueño de los fierros juega un rol y todos lo quieren de su lado.

Además, en muchos casos la línea entre revolución y golpe es muy fina y suele depender de una mirada política. En Ucrania se sigue discutiendo si la revolución naranja fue una revolución como dicen los yanquis o un golpe como dicen los rusos.

Para mi, hijo y hermano de politólogos, la distinción entre golpe y estallido no depende de mis preferencias políticas, claramente prefiero a Evo antes que a Camacho, sino de cuál fue el actor decisivo en causar la interrupción del orden constitucional. Y fue importante el rol de los policías, los jueces y por supuesto los milicos. Pero el actor principal fue el pueblo boliviano, sobre todo por su manifestación informal y espontánea en la calle pero también por su manifestación formal a través del pronunciamiento de sus principales representantes en la sociedad civil: partidos, sindicatos y movimientos sociales, que vaciaron al gobierno de legitimidad.

Además, cuando alguien da un golpe, asume el poder. En cambio los militares bolivianos nunca asumieron ni nombraron a nadie; solo se sentaron a esperar cómo termina la disputa política en el Congreso, donde el Mas tiene mayoría y, ojalá, debería prevalecer.

Pero las revoluciones no son prolijas. Fidel fusiló a mansalva, expropió, encarceló. Ni hablar de Stalin o Mao. Las escenas dantescas que nos llegan de Bolivia, con quemas de whipalas y palizas policiales, no son prueba de golpe o no golpe, ni es responsabilidad de quien esto escribe por decir y razonar que fue más estallido que golpe.

Tampoco sé en qué derivará este proceso: si en algún engendro corporativista-autoritario de la derecha trump-bolsonarista, u, ojalá, en un proceso electoral limpio y sin exclusiones. Ojalá.

 

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About Author

Santiago O'Donnell es el director general de Medio Extremo. Es editor jefe de internacionales en Página 12. Y autor de cuatro libros: ArgenLeaks, Politileaks, Derechos Humanos® La historia del CELS y Argenpapers. Antes de MX, trabajó en Los Angeles Times, The Washington Post y La Nación. Escribile a contacto@medioextremo.com

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