GLIFOSATO: MURIÓ FABIÁN TOMASI, EL HOMBRE ENVENENADO CON AGROTÓXICOS

El hombre oriundo de Basavilbaso que fue ejemplo de las secuelas de los agroquímicos, murió hoy tras una nueva internación. El ex banderillero Fabián Tomasi falleció en su ciudad y con su deceso se abre una nueva discusión sobre las consecuencias del uso de glifosato en los campos.

Un gran dolor inunda las redes sociales en Entre Ríos y principalmente en la zona sur de la provincia porque Tomasi fue un ejemplo de las consecuencias de las pulverizaciones con agroquímicos. Junto a Estela Lemes, la docente de la escuela Bartolito Mitre que también sufre en su cuerpo las secuelas de las fumigaciones con agroquímicos, se convirtieron en los ejemplos de lucha de aquellos que reclaman un cambio en el modelo agroproductivo.

Patricio Eleisegui, el periodista y escritor del libro “Envenenados”, utilizó a Tomasi como protagonista para su libro y tras conocerse el fallecimiento escribió en su cuenta de Twitter: “los agrotóxicos minaron su salud hasta este final. Se va un símbolo de la lucha contra las fumigaciones. Alguien determinante a la hora de entender este modelo que mata”.

La revista Sudestada le dedicó un texto en su cuenta de Facebook:

ADIÓS A UN LUCHADOR(Sobre la muerte de Fabián Tomasi, y sobre un país que envenena a su pueblo)Hoy se nos fue un…

Posted by Revista y Editorial Sudestada on Friday, September 7, 2018

EXTRACTOS DEL LIBRO “ENVENENADOS” DE PATRICIO ELEISEGUI

“Fabián Tomasi, el último afectado al que arribo en mi investigación, alejó las mezquindades típicas que nos atosigan por estos tiempos. El primer acercamiento a su historia fue por teléfono desde el departamento que compartía con la que hoy es otra ex pareja. De un lado y otro de la comunicación lo que prevaleció fue el llanto mordido. Entre los dos repasamos las costillas de una tragedia que luego se transformó en símbolo de Envenenados. El otro lado del mito de la prosperidad que en el presente predomina por efecto de una cultura de contaminación negada que hoy suma dos décadas. De un modo me sentí responsable por ese hombre en tránsito inexorable hacia una muerte inminente. La culpa, entonces, se sumó al listado de ingredientes que me atravesaron en la concepción de este libro.”

“En lo que hace a insecticidas de uso difundido en el campo local, uno de los químicos que más se menciona en el sector es la cipermetrina, que actúa eliminando todo tipo de plagas –isocas, chinches verdes, pulgones, orugas, polillas, gusanos– de cultivos como alfalfa, algodón, soja, girasol, lino, sorgo, maíz, trigo, cebolla, tomate e, incluso, árboles frutales. Pero también tiene una aplicación doméstica que muchos desconocen: suele estar presente –aunque en una dosificación leve– en los collares, champús o jabones con los que se bañan a los perros y otras mascotas para aliviarlos de las garrapatas. La cipermetrina aparece como uno de los desarrollos que, en combinación con otros pesticidas, viene originando casos de polineuropatías tóxicas y trastornos en el sistema nervioso periférico como el denunciado por Fabián Tomasi, ex empleado de una compañía fumigadora de Basabilbaso, provincia de Entre Ríos, y cuyo testimonio está incluido en este libro.”

Fabián Tomasi
(actualizado a enero de 2017)

“Me llamo Fabián Tomasi, tengo 50 años y soy de Basabilbaso, provincia de Entre Ríos. Tengo una hija de 21 años, Nadia. En el 2006 empecé a trabajar en una empresa de acá, de Basabilbaso, que se llama Molina & Cia. SRL. Entré a trabajar como apoyo terrestre, o sea que era el encargado de cargar los aviones fumigadores y de llevar la gente del campo hasta los productos que se echaban, que estaban al costado de una pista improvisada en el medio de los lotes. Una vez ahí, destapaba los bidones y el piloto dividía la cantidad de producto que iba a echar por vuelo. Esto último no estaba basado en una cuestión de medida exacta, sino que el criterio pasaba por la efectividad del producto. El dueño decía “Echá todo, que no sobre nada, porque con lo que me costó… más vale que sea efectivo”, con lo erróneo de pensar que echando más se logra más efectividad.

En Molina & Cia. SRL trabajé en dos etapas. En la primera, estaba el dueño de la empresa, que fallece de cáncer a raíz del trabajo que hacíamos. La familia desmiente esto. En la segunda etapa, el que toma el mando es el hijo, que ahí me pide que dé una mano y paso a trabajar como programador de vuelo. En ese momento venían aviones de Córdoba, de todos lados. Yo organizaba el trabajo sin tener ya tanto contacto con los productos, aunque igual me tocaba convivir con las pilas de veneno en la oficina.

Me tocó enfermarme en la segunda etapa. Como soy diabético, mi sistema inmunológico está de por sí deprimido, y haberle puesto encima la cantidad de productos químicos con los que tuve contacto en esos años me trajo las consecuencias con las que cargo ahora.

En mi trabajo hacían uso de todos los productos que están prohibidos por lo tóxicos que son. Endosulfan, por ejemplo. También gran cantidad de 2,4-D. Se tiraba principalmente en el arroz, porque en esa época la empresa fumigaba sobre arroceras. Muchos de estos productos se traían de contrabando de Uruguay. El mercado
negro de plaguicidas es muy importante.

Se echaban también muchos fungicidas para los hongos del campo, que son productos tremendamente tóxicos. Cuando llegó la soja a Entre Ríos, ahí apareció el glifosato. Nunca nos protegimos con nada y mucho menos cuando se empezó a usar el glifosato, ya que viene con una franja en el envase que dice que es levemente tóxico.

Con la soja empezamos a echar camiones y camiones de glifosato. Igual es un error cargar contra un solo producto, porque los insecticidas también son potentes y efectivos a la hora de causar malformaciones y cáncer. En ese caso, se fumigaba con endosulfan, cipermetrina y gramoxone, que es una sustancia derivada del gamexane y se echa en los cultivos la noche anterior a la cosecha y a la mañana siguiente las plantas amanecen secas pero con la humedad exacta para poder hacer ese trabajo.

El cultivo que recibe gramoxone, que es extremadamente tóxico y por eso viene con una franja roja, llevará dentro de la semilla que se cosecha, almacenado, el veneno que recibió la planta. Eso
queda en el arroz, por ejemplo, y en todo lo que uno come.

Hoy no hay cultivo que se salve de estos productos químicos. ¿Por qué? Porque el modelo de producción es ese. Te obligan a comprar la semilla para que luego vos vayas y compres los químicos que producen los mismos que te dieron esa semilla. Pero nadie sabe los resultados de la modificación genética que le están
haciendo a los cultivos para aguantar los químicos.

Mientras tanto, los del campo, la provincia, el Gobierno nacional, ganan millones.

Con la llegada de la soja empezamos a usar mucho glifosato e insecticidas como el clorpirifos. También el endosulfan, que está prohibido en el mundo pero acá el SENASA (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria) hasta hace poco permitía que se siga usando porque hay mucho stock en el país. Se lo aplica sobre todo para eliminar la chinche que ataca la soja.

Por mi trabajo, ahora tengo problemas en la parte motriz y el aparato digestivo. Empecé a tener problemas de salud a los seis meses de estar trabajando en Molina & Cia. SRL. Al principio sufrí problemas en la punta de los dedos. Se me empezaron a lastimar.

Eso derivó en una neuropatía que el doctor Roberto Lescano, de Basabilbaso, empezó a tratar como si fuera diabetes. Un día, el doctor Lescano me dice que me saque la remera que llevaba puesta, que había algo raro. Ahí nota que me estaba secando. Tengo el cuerpo seco de la cintura para arriba. Casi no tengo ningún músculo, sólo piel y huesos. Cuando empecé a trabajar pesaba 80 kilos. Ahora, hoy, peso 58.

Lescano me deriva a Puiggari, también en Entre Ríos, donde me hace atender con un doctor holandés, Bernhardt. Ahí ese otro doctor, un toxicólogo, dice que lo mío es precisamente una intoxicación por agroquímicos. También dice que se agravó mi diabetes. En Puiggari me detectan disminución de la capacidad pulmonar. Mucho tiempo después, cuando logré jubilarme por incapacidad en el PAMI, los veinte médicos que me revisaron para ese trámite me decretaron polineuropatía tóxica y enfermedad del zapatero, entre otros problemas.

Hoy subsisto porque pude jubilarme por incapacidad. En Molina & Cia. SRL trabajé en negro y sin ninguna protección. Me jubilé gracias a mis trabajos anteriores. La enfermedad del zapatero se llama así porque el fabricante de calzado, al igual que el despachante de una estación de servicio, aspira los solventes de los productos químicos todo el tiempo. Eso produce problemas en el sistema nervioso periférico.

Ese es uno de los tantos problemas que tengo. No puedo coordinar los músculos, dejás de caminar y perdés el equilibrio.

De mis compañeros de trabajo en la empresa de fumigaciones, uno hoy tiene el mismo problema que yo para tragar. Y otro quedó estéril.

En el 2007 ya no podía caminar por las lastimaduras en mis pies y sólo podía dormir sentado en una silla. Tiempo después, el médico Jorge Kaczewer, que es como un Dios para mí, me regaló un tratamiento extremadamente caro que consistió en la aplicación de procaína en diferentes partes del cuerpo. Eso me permitió una cierta
recuperación. Volví a caminar y se me cerraron las heridas.

Tengo una rodilla operada de la que me sacaron más de un litro de líquido blanco. Cuando hicieron la biopsia en el hospital público de Basabilbaso, los resultados se perdieron y nunca supe qué fue eso. Me dijeron que nunca me voy a recuperar del todo. Y la primera vez que me revisaron completamente me dieron 6 meses de
vida. La medicina no sabe a lo que se enfrenta.

En Basabilbaso y la zona hay muchísimos casos como el mío. Acá murió un nene de cuatro años, Jeremías, por un cáncer en el estómago. Esto fue hace muy pocos meses.

El nene estuvo en el hospital Posadas de Buenos Aires. Cuando vieron cómo estaba, al padre le preguntaron si vivía cerca de una usina atómica o de una fábrica de químicos por el grado de contaminación que presentaba el chico. El padre respondió que era encargado de campo, y que al lado de la casa en la que vivía tenía un depósito de agroquímicos.

Ese nene murió con cuatro años, en pañales, con morfina y retorciéndose del dolor por el cáncer en el estómago. Acá hay muchas malformaciones, nenes que nacen con labio leporino. A dos casas de la mía vive una ingeniera agrónoma que secó el pasto de su casa con glifosato puro. Al glifosato lo usan para fumigar las vías del tren, los terrenos baldíos. Todo.

Están haciendo de la agricultura un campo de concentración. Molina & Cia. SRL sigue funcionando, aunque se fue de Basabilbaso por todo esto. La empresa se compró un campo entre Basabilbaso y la ciudad de Gilbert. Hoy hacen soja y todo lo que se les cruce. Fumigan, fertilizan, todo con equipos terrestres y aéreos.

Una de las dueñas, precisamente de apellido Molina, fue la presidenta del LALCEC (Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer) de Undinarrain, un pueblo a 40 kilómetros de Basabilbaso. O sea que por un lado te mata y por el otro trata de curarte.

Hoy, con respecto a mi tratamiento, bueno, abandoné todo. Por una cuestión económica y de decisión. Abandoné todo el 3 de agosto de 2012. Ahora me duele otra vez todo el cuerpo y sufro una regresión muscular. Incluso, me volvieron los calambres en las piernas.

A mí me tienen como un hito en todo esto porque los problemas y las enfermedades directamente se me notan.

Ahora estoy esperando.

Esperando que se termine todo.

Es una decisión que tomé. Mi hija ya está muy bien preparada. Tengo miles de problemas físicos, pero me siento mentalmente lógico y claro. Ya no tengo más fuerzas.

No le veo sentido a seguir peleando para vivir.”

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Director: Santiago O´Donnell. contacto@medioextremo.com

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