PRECARIZACIÓN LABORAL EN THE NEW YORKER

En la mañana del jueves, el equipo editorial de la revista The New Yorker enviaron una carta a su editor principal, David Remnick, solicitando que la empresa y su propietario corporativo, el pool de medios Condé Nast, reconozcan voluntariamente su membresía en NewsGuild of New York. Las publicaciones que van desde el New York Times a Jacobin tienen alianzas con NewsGuild, la unión de profesionales de la información en los medios de comunicación de la capital de Estados Unidos. En el texto que actúa también como un informe alarmante de la situación laboral de TNY, dicen que de los aproximadamente 115 empleados disponibles para el sindicato, casi el 90 por ciento han firmado a favor de empezar a formar parte de la órbita del sindicato.

El grupo incluye editores, periodistas, productores web, verificadores de datos, personal de diseño y fotografía, los equipos de redes sociales y publicidad, asistentes editoriales y editores asistentes. La gerencia y los empleados de alto nivel están excluidos, al igual que los redactores: los escritores de The New Yorker son casi todos freelance, sin contrato personal, y por lo tanto no reciben protección en salud u otros beneficios, a pesar de que se les impidió en gran medida escribir para otros medios. Los relativamente pocos miembros del equipo editorial que han expresado su preocupación por el esfuerzo sindical, dicen también que están preocupados por las represalias en una industria donde la reputación es la vara.

Entre las cuestiones críticas están la disparidad salarial entre los empleados que realizan trabajos similares, bajos salarios en comparación con los competidores, y no hay una manera clara en que los aumentos estén estandarizados o vinculados al rendimiento del trabajo. Las horas extras son otro tema complicado: el personal de bajo nivel de tiempo completo, que trabaja muchas horas, se ve disuadido en su mayoría, tanto implícita como explícitamente, dicen, por las pocas horas extras que les asignan. Mientras tanto, otros trabajadores, se contratan inicialmente como subcontratistas, en algunos casos hasta por dos años. Cuando se abre un puesto en el personal, se ven obligados a elegir entre la atención médica provista por el empleador y la pérdida de horas extras: la contratación del personal es, de manera funcional, un recorte de sueldo significativo.

AL contrario de muchas otras revistas en papel, el caso de The New Yorker no amerita recortes ni poca claridad en los términos de contratación ya que es una publicación que sigue manteniendo un prestigio altísimo, con ventas masivas y un sistema de suscripción aceitado. El negocio editorial claramente funciona.

Diferentes miembros del personal señalaron que el costo de la vida en Nueva York ha superado con creces los aumentos salariales en la publicación. “Tienes que ser rico de familia, o tener una forma alternativa de fondos, para permitirte tomar estos trabajos, y muchas personas provienen del mismo grupo universitario de Harvard o Yale”, dijo un empleado de la imprenta que prefirió no dar su nombre por posibles represalias.

La sindicalización se produce en el contexto de una reorganización reciente y algo catastrófica en Condé Nast. Las “marcas” poco relacionadas, como las revistas, comparten verificadores de datos, redactores y personal de arte, una práctica conocida como “enrutamiento” que las personas dentro de la empresa generalmente encuentran desmoralizadora.Una reorganización similar tuvo lugar en el sector comercial. Pese a esto, hubo despidos en diciembre.

Las nuevas generaciones de empleados ahora ven a la sindicalización como el mejor curso de acción para preservar el medio. Y aunque el trabajo organizado en general está en declive en los EE. UU., está en alza entre los trabajadores jóvenes y de “cuello blanco”. La sindicalización de los medios está aumentando especialmente en los últimos años, particularmente en publicaciones digitales: Vox Media, The Huffington Post, Slate y Vice, entre otros, han votado recientemente para formar sindicatos. Ayer mismo, Fast Company envió una carta anunciando su plan para sindicalizarse . Y por supuesto, hubo efectos inmediatos. DNAInfo y Gothamist fueron cerrados por su propietario, el multimillonario republicano Joe Ricketts, y los archivos de esas publicaciones desconectados, en venganza. Huffington Post y Vox Media han sufrido despidos desde su sindicación. Sin embargo, los empleados obtuvieron paquetes de indemnización, algo que no se les hubiera garantizado antes.

A continuación, el texto completo publicado:

The New Yorker has been a vital force in American journalism for nearly a century. Its deeply reported, clear-eyed, and principled stories have consistently challenged power and exposed injustices and abuses in communities of all kinds. We, the editorial staff of The New Yorker, are very proud of this legacy, and of our place in it. But we believe that the publication must work harder for its employees; the values that run through its pages should be better reflected in the culture of its workplace.

Behind each New Yorker story is a team of editors, fact checkers, designers, producers, and social-media strategists. We bolster and polish the reporting and writing of our authors, and do the granular work of upholding the magazine’s high standards. Yet we lack job security and, for the most part, receive no overtime pay. Salaries often vary significantly among people who hold the same position, and we have seen a steady stream of our colleagues leave for jobs that provide more tenable wages. Some of us have worked for years as subcontracted employees, without health insurance and other basic benefits, though we do the same jobs as the staff members who sit beside us. There is no clear system for tying compensation to performance, no codified method of evaluation, and few opportunities for career development.

To protect our rights as workers and to safeguard the future of our publication, we have chosen to form a union with the NewsGuild of New York, which represents our peers at the New York Times, the Washington Post, the Associated Press, The Nation, and a rapidly growing number of newly unionized publications, including the Los Angeles Times, the Chicago Tribune, and The New Republic.

Our decision to unionize comes at a moment when much of what defines The New Yorker—its atmosphere of deliberation and care and its devotion to factual accuracy, careful prose, and expert design—is vulnerable to competing priorities from our corporate parent, Condé Nast. We are determined to do everything we can to protect the health and the integrity of our publication from staff cuts and reorganizations handed down by corporate management without warning or transparency.

We believe that the ability to collectively bargain is the best way to secure a fairer workplace and to insure that the people who produce The New Yorker can continue to do so far into the future. We are asking Condé Nast to recognize our union, and we look forward to beginning an amicable collective-bargaining process.

About Author

Julián es el editor de BREAKING.

Leave A Reply