ENTREVISTA EXCLUSIVA CON FACUNDO JONES HUALA DESDE LA CÁRCEL: “Luchamos por la reconstrucción del poder mapuche”

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“Luchamos por la reconstrucción del poder mapuche, sobre la base de recuperar nuestro territorio ancestral usurpado por terratenientes y empresas trasnacionales. No le pedimos nada al Estado: construimos desde adentro, a partir de nuestra cultura y nuestra religión.” Así habla Facundo Jones Huala, uno de los líderes del Movimiento Mapuche Autónomo del Puelmapu, desde la cárcel de Esquel donde está detenido. El 1º de agosto, durante una movilización por su libertad que fue reprimida por Gendarmería Nacional, desapareció el joven Santiago Maldonado: Jones Huala señala antecedentes de violencia por parte de las fuerzas de seguridad, entre los que incluye el caso de Genaro y Cristian Calfullanca, que permanecen desaparecidos. En su extenso diálogo con Medio Extremo, el dirigente mapuche explicó qué es la “recuperación productiva de la tierra”, detalló las bases culturales y religiosas de su pensamiento y sus diferencias con movimientos como el zapatista; y fundamentó la utilización del sabotaje como método de lucha, diferenciándolo de la lucha armada.

– ¿Cuál es la experiencia de ustedes en relación con Gendarmería u otras fuerzas?

– En enero pasado, Gendarmería efectuó la represión ordenada por un juez luego de que el gobierno de la provincia de Chubut desbarató una mesa de diálogo que estaba funcionando. Gendarmería llegó sin mediar palabra y a los tiros, usaban escopetas con munición de goma: a un primo mío le volaron la mandíbula de un escopetazo, y mi hermano quedó sordo de un oído. La mesa de diálogo era por un tren, “la trochita”, que pasa muy de vez en cuando por territorio mapuche: ya habíamos llegado a un acuerdo con los trabajadores del ferrocarril, nos iban a avisar antes de pasar, pero el gobierno de Chubut dijo que no iba “a dialogar con delincuentes” y el juez ordenó una represión que duró tres días. Robaron animales de la comunidad. Mataron una vaca de mi abuela. Se llevaban detenidos a los animales, 15 días los tuvieron detenidos.

– ¿Puede mencionar otras experiencias de represión?

– La relación con las fuerzas de seguridad es conflictiva. Si el “gatillo fácil” es moneda corriente en los suburbios y barrios marginales de las grandes ciudades, qué se puede esperar donde hay poca infraestructura y poca comunicación. En el caso de Santiago Maldonado, seguramente pensaron que era uno de nosotros y se les fue la mano. Ellos saben que hay un movimiento político reivindicativo, eso les genera preocupación y un nivel de ensañamiento y violencia que desemboca en la desaparición de Santiago. Ya hubo desapariciones antes. Genaro Calfullanca y su hijo Cristian están desaparecidos desde 2013, fueron las fuerzas de seguridad. Y hay casos de asesinatos por la tierra.

– ¿Cómo se organiza el proyecto en el que usted se incluye?

–Estamos dentro del Movimiento Mapuche Autónomo del Puelmapu, que comprende diversas comunidades en resistencia de la comarca andina. Yo soy lonco, autoridad del departamento Cushamen. Nuestras ideas políticas están cercanas a las de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), que consideramos la experiencia más consecuente e íntegra en Chile. Nuestra experiencia es de este lado de la cordillera, hermana de otras pero con sus propias características.

– ¿Qué modo de organización social plantean ustedes?

– Se basa en la organización que traemos de nuestros antepasados. No hemos perdido nuestra forma de vida ancestral. El pueblo mapuche perdió la guerra hace poco tiempo, no más de 130 años, nuestros bisabuelos vivieron en un mundo libre. Tenemos esta herencia, los recuerdos trasmitidos de una organización política y social que hasta hace 50 años se mantenía bastante íntegra. Basamos nuestro quehacer en el trabajo comunitario de la tierra. Nos planteamos un proceso autonómico pero desde la práctica cotidiana; no que lo vaya a dar el Estado sino que lo construimos desde adentro. Nos proponemos la reconstrucción de nuestro mundo, en términos de autonomía y autogestión. Esto no se puede dar si no tenemos en nuestras manos todo nuestro territorio ancestral: las tierras productivas y las tierras sagradas están hoy en manos de capitalistas, terratenientes. Planteamos la recuperación productiva de esas tierras.

– ¿Cómo es el concepto de recuperación productiva de la tierra?

– Nuestros derechos políticos y sociales sólo podemos desarrollarlos en nuestras tierras. Donde tenemos territorios recuperados ejercemos la normativa ancestral, la ley no escrita dictada por los elementos de la naturaleza y los espíritus de nuestros antepasados. En el mundo mapuche existe el concepto de trabajo comunitario, la reciprocidad; ayudarse entre los vecinos, construir la casa entre todos. Por eso las recuperaciones son productivas. No podemos tener mucha calidad de vida si vivimos en pedreros, arenales, mientras las tierras productivas de nuestros antepasados están en manos de latifundistas trasnacionales.

– ¿Hay lugares donde ya esté funcionando esa vida comunitaria en territorios recuperados?

– En Chile hay ya lugares controlados íntegramente por las comunidades, donde ni la policía ni los winkas entran si no es con 400 o 500 efectivos de fuerzas especiales.

– ¿Cómo sería la fórmula jurídica o política de esta recuperación de territorio?

– La recuperación se da en términos prácticos. No nos interesa el reconocimiento del Estado sino el de nosotros mismos como pueblo, y el de los demás pueblos oprimidos. Más que pedir concesiones al poder, buscamos acumular fuerza política a través de la práctica. No entendemos el poder desde la estructura de un Estado sino hacia el interior, desde la organización política de las comunidades. Entonces, si se presenta un problema entre vecinos, como un robo, deben resolverlo las mismas comunidades, las autoridades de la comunidad.

– ¿Cómo podría resolverse, en el caso de un robo?

– El que robó devuelve lo robado y repara ese daño; debería solucionarse en forma colectiva.

– ¿Si se tratara de un asesinato?

– También debe resolverlo la comunidad; los mayores, los ancianos. Ver por qué sucedió, que llevó a esa acción. Y hay ceremonias religiosas o espirituales para subsanar esos daños.

– En el actual Estado Plurinacional de Bolivia hay experiencias de administración comunitaria de la Justicia.

– Sí, sí. Cada cultura tiene maneras diferentes de resolver sus conflictos internos. Buscamos la reconstrucción del poder mapuche, también en lo jurídico. La cultura no es una cosa folklórica sino una forma de vida.

– Ustedes rechazan la posición del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en México, y se consideran próximos a las ideas de Fausto Reinaga (político y pensador boliviano, autor de La revolución india).

– Si bien el zapatismo tomó las armas, lo consideramos reformista, ya que ellos plantean una serie de concesiones a la lógica del mercado y piden ser considerados como ciudadanos del Estado capitalista. La idea katarista indianista de Reinaga nos resulta más cercana, ya que plantea un movimiento propio como pueblo indígena. Nuestra doctrina es anticapitalista, basada en un mundo en equiibrio y armonía; el capitalismo es desequilibrio, y restablecer ese equilibrio natural se transforma inevitablemente en un movimiento revolucionario. En ese orden planteamos el acceso a la vivienda, a la educación, a la salud.

– En la salud, ¿qué lugar otorgan a los logros de la medicina occidental, como los antibióticos o las vacunas?

– Depende de cada uno y de cada comunidad. Yo personalmente no recurro a la medicina occidental pero respeto a quienes la utilizan. La salud es un derecho humano básico y se pueden combinar conocimientos de distintas culturas.

– La educación también la plantean desde las comunidades.

– No negamos el intercambio cultural; Calfucurá tenía una inmensa biblioteca de libros occidentales. Pero no aceptamos la integración forzada que plantea el Estado, ni las teorías bilingüistas. Planteamos la integración desde nuestro propio idioma; primero debe estar la cultura propia, después los conocimientos provenientes de otros pueblos; pueden combinarse y no deberían negarse unos a otros.

– ¿Qué posición tienen respecto de las tecnologías productivas desarrolladas desde Occidente?

– Si bien sabemos cómo usar una motosierra, en el fondo nuestra lucha es más que anticapitalista: es casi anticivilizatoria, no en el sentido de destruir las sociedades, sino de cuestionar una civilización que se ha desarrollado en términos antinaturales. Esto no significa dejar de lado los avances científicos del mundo occidental. Pero en el fondo nadie puede vivir en la civilización occidental, que es un suicidio constante y cada vez se acerca más al precipicio, la hecatombe. Creo que hay que tomar desarrollos alternativos como la permacultura. Las energías alternativas, desarrolladas en Occidente, entran en contradicción con el modelo de desarrollo neoliberal, extractivista, con otra lógica, distinta de la capitalista.

– Pero los molinos de energía eólica suelen ser producidos por empresas, en el marco del capitalismo.

– Eso tendrá que ver con cada sociedad, en cada lugar. Nosotros tenemos formas propias y las desarrollamos. Y admitimos la socialización del conocimiento. Hay otras formas de producir energía como el uso de aceite de coco, empleado en comunidades de Oceanía.

– ¿Qué lugar otorgan a la propiedad privada en sus comunidades? Al sancionar el robo, parecen reconocerla.

–No existe para los mapuches el concepto occidental de propiedad. La sanción del robo tiene que ver con la ruptura del orden de las cosas, con restablecer el equilibrio de un orden natural dañado. Respecto del robo, como para cualquier tipo de daño, en el mundo mapuche no se plantea más que la reparación del daño. Hay cosas que pueden ser de uno o de otro, hay cosas de índole personal pero más que nada los bienes son colectivos. La gente tiene animales pero muchas veces se cuidan en colectivo. Por más que uno tenga 20 chivas y el otro 40, se cuidan en colectivo, todo se trabaja en conjunto.

– ¿Utilizan el dinero?

– En la sociedad actual sí pero la idea económica mapuche se basa en lo que el winka llama trueque. Y en la reciprocidad. A veces no se puede hacer trueque pero una persona le cede algo a otro y el otro le paga con alguna cosa que le nazca para agradecer ese favor.

– Esto parece más factible en comunidades pequeñas.

– Nuestra organización política y social se basa en los linajes. Las comunidades son como familias extendidas. Aunque se trate de grandes territorios con miles de personas, todos son parientes entre sí. Todos se acuerdan de quiénes fueron los bisabuelos, los tatarabuelos, se conoce el grado de parentesco de cada uno. La familia, no desde la lógica occidental sino desde nuestra propia lógica, es la primera organización política del mundo mapuche.

– ¿Qué diferencias hay entre la familia mapuche y la occidental?

– A diferencia de la familia cristiana, en la familia mapuche los grados de parentesco van más allá. Los primos lejanos siguen siendo familia, mantienen ese grado de reconocimiento entre sí. Y toda la organización política se basa en esa forma de parentesco, incluso la asignación de cargos como los loncos. Hay familias que tienen determinados tipos de cargo. Esto tiene que ver con una concepción espiritual y religiosa. Es un todo integrado, me resulta difícil explicarlo por teléfono pero lo vivimos todos los días.

– ¿Podría dar un ejemplo de la presencia de lo religioso en las actividades productivas?

– Antes de sembrar pedimos permiso a los espíritus; lo mismo para capar los animales. Nos manejamos con los tiempos de la naturaleza: la observación de la luna, las etapas del año, los momentos del día. Tenemos mucho contacto con los elementos de la naturaleza y con los antepasados, los espíritus. Ellos son los que nos ordenan, no nos mandamos solos; ellos dictan las formas como debemos actuar. Nos basamos en las palabras de nuestros mayores, los que están vivos y los muertos, y en los espíritus de los lugares, cerros, ríos, pantanos, bosques, elementos de la naturaleza que son sagrados y determinan nuestro modo de vida. No podemos vivir sin conexión con elementos de la naturaleza.

– ¿Cómo se concreta esa conexión?

– Tenemos regulado todo, desde la forma de dormir hasta la forma de morir. Los sueños, las formas de vuelo de los pájaros, incluso signos en el cuerpo de las personas. Aquí en la cárcel conseguí que me dejen hacer todos los días, antes de que salga el sol, una ceremonia espiritual que se llama Witra Tripan, “Levantarse y salir”. Para comer, ofrendamos cada vez algo a los espíritus que viven a nuestro alrededor. Todo el día vivimos en contacto con esos seres que nos dictan la forma de vivir, y a partir de esa convivencia espiritual regulamos la vida entre las personas. Para sembrar pedimos permiso y según la respuesta podemos sembrar en ese momento o esperar todavía.

– ¿Quién descifra esas señales? ¿Sacerdotes?

– Hasta los niños saben qué significan esas cosas. Los padres, los abuelos enseñan que eso significa tal cosa, las señales, la fuerza de cada lugar. Puede variar según los lugares, depende del entorno donde la gente viva. Hay reglamentaciones que, aunque no están escritas, forman parte de la vida cotidiana de los mapuches.

– ¿Estas formas religiosas han persistido o fueron recuperadas luego del cristianismo que trajeron los conquistadores?

– Entre los mapuches el sincretismo ha sido muy pequeño. Casi toda nuestra religión se ha mantenido como para poder ser reconstruida. Lo occidental no se ha mezclado con lo ancestral, a diferencia de lo que sucedió en religiones sincréticas de origen africano. En cuanto a lo externo, la manera de resolver el conflicto político con los Estados es la devolución de los territorios usurpados; la expulsión de los latifundistas trasnacionales del territorio mapuche. Reconocemos como interlocutores válidos a sectores políticos ligados al campo popular, a los pueblos nuevos, como los llamamos, que pueden construir alternativas diferentes de lo que vivimos hoy.

– ¿Cuáles serían estos “pueblos nuevos”?

– Desde ya están los otros pueblos originarios que encaren su propio proceso de reconstrucción y lucha por la liberación. Pero también están los pueblos nuevos oprimidos, el argentino pobre, el chileno pobre, en tanto desarrollen sus propios movimientos revolucionarios surgirá el diálogo para la transformación colectiva de la sociedad. Aunque no nos consideramos marxistas, acordamos en que la revolución debe ser mundial; un proceso revolucionario a escala mundial que construya un sistema distinto del capitalista. La lucha es contra los capitales trasnacionales, los grandes terratenientes, las oligarquías criollas. No estamos contra los campesinos pobres ni los obreros pobres. Dentro de nuestro territorio debe respetarse nuestra normativa pero no planteamos la lucha entre pobres. Existe la lucha de clases, el sistema la plantea. Nosotros planteamos un proceso de liberación nacional mapuche, utilizando el sabotaje para la expulsión de las empresas que dañan el territorio mapuche.

– Plantean el ejercicio de la violencia mediante el sabotaje y no mediante la lucha armada.

– Todas las formas de lucha son válidas pero no planteamos la lucha armada ni la guerrilla, sino el sabotaje a las maquinarias, la infraestructura. La lucha es contra la idea de la propiedad y las acciones son contra bienes materiales, no contra la vida humana. El marco es el respeto por la vida, hay una moral en el combate. Es mucho más revolucionario destruir maquinaria de una empresa forestal que matar al gerente. Es más revolucionario defenderse con piedras que poner bombas.

– La correlación de fuerzas con los instrumentos represivos de los Estados parece muy desfavorable.

– Tenemos que aprender a defendernos de la represión, legal o ilegal, con lo que tengamos a mano. Siempre fue así. La diferencia es que hoy estamos organizados en la autodefensa. Los que ponen las pautas de la lucha son ellos. Se responderá en el nivel de violencia con el que ellos vengan. Y lo que va primero es la lucha política. Allí están los argumentos para la resistencia y la autodefensa. Le damos mucho valor al debate político y a la formación de la gente que, en las comunidades, va asumiendo esta lucha. Se plantea como lucha del pueblo, hacia el interior de las comunidades, no de una vanguardia. Si bien hay una vanguardia, avanza en colectivo con el pueblo o consectores del pueblo.

– ¿Qué lugar ocupa la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM)?

– La RAM abarca a los weichafe, guerreros de distintas zonas y territorios. Más que una organización, es una actitud y un nivel de conciencia. No tiene una estructura formal al modo occidental, sino que expresa una actitud libertaria, combativa. Los weichafe siempre existieron, eran los guerreros de las comunidades. En este momento comparten una línea política estratégica basada en el pensamiento del movimiento mapuche autónomo, que ubica como enemigo estratégico al capitalismo. Pero la RAM no es una organización político militar como pudo haber sido, en los 70, el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) con respecto al PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores). Nuestro pueblo siempre tuvo concepciones políticas y militares. Tuvimos ejército. Calfucurá, en el siglo XIX, fue un gran estratega. Hubo generales, comandantes como Lautaro y Caupolicán, que lucharon contra los españoles en el siglo XVI. Una mujer, Janequeo, también comandó ejércitos en esa misma época.

– ¿Cómo evalúa las causas de la derrota en lo que se llamó la Conquista del Desierto?

– Se cometieron errores. El enemigo sumó a una parte del pueblo mapuche: los yanaconas, los traidores; fueron vanguardia en los ejércitos que colonizaron a la fuerza nuestro territorio. Se sumó a eso la financiación de los ingleses, y los nuevos fusiles Remington. Y el cambio de táctica de los ejércitos invasores, que esquivaron a los weichafe que fueron directamente a la retaguardia, a las comunidades; trasladaron el combate desde la zona de frontera hasta el interior del mundo mapuche, adonde antes no habían llegado los ejércitos occidentales. Masacraron a la población civil.

– ¿Qué respuesta daría ante la posibilidad de que, en el marco de la lucha que ustedes desarrollan, las fuerzas represivas recurrieran a tácticas de ese orden?

– Es un largo debate, supera lo que podemos decir hoy. No sé qué sucedería pero creo que, en esta etapa de la lucha, no debería llegarse a esa situación.

[El autor de esta entrevista hace suya la pregunta: ¿dónde está Santiago Maldonado?]

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Escritor y Periodista

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