VI Feria de Editores: La otra Feria

Google+ Pinterest LinkedIn Tumblr +

Hay otra Feria, y es como decir: hay otra verdad. La VI Feria de Editores, que se celebró entre el 9 y el 11 de junio en Buenos Aires, hace presente una realidad que en la Feria del Libro está literalmente arrinconada: la multiplicación de editoriales chicas y medianas, que viene a configurar para la publicación en la Argentina un doble sistema: el del capitalismo previsible –editoriales cada vez más grandes y concentradas, multinacionales, que acaparan las grandes tiradas– y el del capitalismo sorprendente: pequeñas editoriales, sostenidas por las nuevas tecnologías que abaratan la impresión en cortas tiradas y por las redes sociales, que facilitan la difusión de las ediciones independientes. La cantidad de empresas participantes en la Feria de Editores creció de 85 a 140 desde el año pasado, y la cantidad estimada de visitantes pasó de 6.000 a 8.000.

El amplio local de la calle Santos Dumont, cerca de Chacarita, se parece a una feria artesanal, con los puestos alineados uno junto al otro. Ningún stand es mejor que otro; la identificación de cada editorial no es muy visible y se hace más bien por los sellos de colección en los libros expuestos. Y, en cada stand, el editor en persona. “No imaginaba que fuera así. La Feria del Libro es menos personalizada, allá son empleados y acá son editores”, dice Gladys, licenciada en bibliotecología, que, junto con Daniel, diseñador, ha venido desde Mar del Plata: en esa ciudad, “hay una sola librería con material de editoriales independientes”, señala Daniel. “Buscamos textos de crítica literaria, por ejemplo, que una editorial grande difícilmente publicaría”, agrega Gladys.

“Es la primera vez que vengo, me enteré por Facebook”, cuenta Rodrigo, estudiante de periodismo. “Me interesa la variedad de géneros y de estilos, el diseño de las tapas; algunas editoriales me sorprendieron por su variedad. Y es un ambiente familiar, cálido, veo que hay buena relación entre los distintos stands. Le pedí la tarjeta de la editorial a una chica y me acercó también las de los stands de al lado, ‘Difundimos juntos’, me dijo.”

“Yo soy dibujante y vengo para conocer editores, ver las líneas editoriales, saber dónde puedo presentar trabajos. Acá podés ver el catálogo de cada editorial, qué materiales buscan, qué rango de edades alcanzan, y el trato es más personalizado, humano, distinto a la frialdad de la Feria del Libro”, dice Ismael Cherro.

“Hay ediciones de poesía que en librerías son más difíciles de conseguir. Y los libros son mucho más baratos, tienen promociones dos por uno”, dice Valeria López, artista plástica. “También voy a otras ferias más chiquitas que se hacen mensualmente.”

Los visitantes dan la impresión de saber qué buscan, y algunos buscan libros muy específicos: “Estoy en la Argentina por una investigación posdoctoral sobre cómo la cultura piensa las enfermedades del sistema inmunológico y supe que hay una novela que trata el tema, pero es de una editorial que tiene poca distribución en librerías: vine a la Feria buscarla y a mirar si hay más libros vinculados”, cuenta Miguel García, madrileño. Junto a él está Luz Santos, valenciana, que investiga sobre publicaciones infantiles censuradas durante la última dictadura militar y comenta que “acá puedo encontrar libros de autoedición o sin ISBN” (número de identificación internacional).

“Vengo a comprar libros para mi librería”, dice Elizabeth Graviotto. “Acá puedo hablar con editores y editoras, ver el libro, palparlo, sentir el gramaje del papel. Muchas de estas editoriales, sobre todo las que hacen novela gráfica, ponen en el libro un trabajo artesanal con resultados más valorables que los de editoriales que tienen mucha plata. Vengo a entablar un vínculo personal con el libro, que es lo mismo que quiero generar en mis clientes.”

De la paritaria al lector 

“Lo mejor de esta edición fue la concurrencia: calculamos que sobrepasó las 8.000 personas; el año pasado habían sido unas 6.000, destacó Víctor Malumián, uno de los fundadores de la Feria de Editores (ver más abajo entrevista). “Empezamos en 2012, con 20 mesitas. El año pasado ya hubo 85 editoriales y este año llegamos a las 140, incluyendo de Chile, Uruguay, Ecuador y Venezuela.”

Andrés Beláustegui – titular de editorial Sigilo- contó que “es el tercer año que estamos: conseguimos ventas y logramos el contacto directo con los lectores: qué les interesa o no, ‘Me gustó la tapa…’. En las librerías no es fácil tener un lugar: los libros se muestran un tiempo y después van al estante. Y la distribución es complicada en la Argentina porque se produce mucho, las distancias son largas, la logística es cara”. Beláustegui observó que en la Feria del Libro tradicional “algunas editoriales chicas participan mediante stands colectivos, pero eso no facilita que se grabe la identidad específica de cada una”. El precio de un stand en la Feria de la Cámara del Libro está fuera del alcance de las editoriales chicas.

– Parece haber en la Argentina un doble fenómeno: por un lado, concentración creciente en editoriales grandes a la vez que proliferación creciente en editoriales chicas. ¿Cómo entenderlo?

– Las nuevas tecnologías en especial las impresoras digitales, permiten bajar los costos de producir libros en pequeñas tiradas, 200, 300 ejemplares. Y hay circuitos de venta alternativos. Algunas de estas editoriales no buscan rentabilidad empresaria sino sólo ubicarse en la actividad cultural; otras, como la nuestra, quieren desarrollarse como empresas. Para eso hay que profesionalizarse en producción, comercialización, administración, marketing. Es todo tan difícil que, si no se hace muy bien, no funciona, o funciona sólo en ese plano alternativo -contestó Beláustegui.

Damián Ríos, de la editorial Blatt & Ríos, advirtió que “la Feria de Editores nos ayuda mucho pero seguimos dependiendo de las librerías, que están pasando por un momento muy difícil: sus ventas han caído un 20, 30, 40 por ciento, hay librerías al borde de cerrar; se estira la cadena de pagos, no te pueden pagar los libros al contado: nosotros dependemos de que a las librerías les vaya bien”. Es que “hay políticas generales que afectan al sector: aunque nuestra editorial no se dedica a libros de texto o a la educación, el hecho de que las paritarias docentes hayan sido tan malas nos afecta muchísimo: los docentes de colegios secundarios actualizan sus lecturas y compran nuestros libros, que son material de estudio en universidades. Muchos docentes compraban 20 o 30 libros al año, pero ya no”.

De todos modos en la Feria de Editores “nos fue mejor que otros años. Y a los editores nos permite ver lo que hacen nuestros colegas, cuál es la apuesta de cada uno, tenés 140 catálogos completos –agregó Ríos. El clima es muy colaborativo, intercambiamos información, aprendemos. En cambio entre las editoriales más grandes hay más rivalidades, se disputan autores de venta masiva. Nuestro sector empezó en 2002, después de la gran crisis económica. Somos muy recientes.”


“Catálogos vivos” 

“No sé si llamar ‘independientes’ a nuestras editoriales: el hecho es que no podemos traicionar nuestro catálogo; no podemos publicar algo que sea repudiable para los que siguen nuestro catálogo”, dice Víctor Malumián, quien junto con Hernán López Winne dirige Ediciones Godot, la editorial desde la que se fundó y promovió la Feria de Editores. “Y el catálogo se origina en el gusto del editor –continúa–. No estamos atentos a los ‘nichos del mercado’: ahora, por ejemplo, está el tema de cómo funciona el cerebro, todas las editoriales grandes sacan libros sobre eso. En cambio, los nuestros son catálogos vivos que evolucionan según ‘la marca del editor’, como dice el título de un libro del gran editor Roberto Calasso. Y esto permite que se produzca el ‘efecto de colección’: si a un lector le gustó un libro, es probable que los demás libros publicados por ese editor le gusten. Lo cual irá sostenido por el efecto estético del libro, de la tapa. Apostamos a libros que en general tienen una venta más limitada pero cuentan con su público. Claro que no tenemos espalda financiera como las multinacionales, que, al tener también otros negocios, pueden hacer transferencias de capital.”

“Tenemos un público de entre 1.000 y 5.000 lectores. Hay un primer anillo de 3.000 o 4.000: son los que conocen las editoriales, las estéticas, los catálogos, siguen y distinguen; un segundo anillo es el de los lectores más esporádicos, que no eligen por catálogo sino que compran libros aislados. Las tiradas suelen ser de entre 500 y 2.000 ejemplares”, precisa Malumián, y agrega que “estas editoriales son la que dan trabajo a los traductores argentinos; las multinacionales sólo traducen en España”.

Y el fundador de la Feria de Ediciones explica cómo los dos sectores de editoriales responden a lógicas diferentes: “Supongamos, una editorial multinacional compra una editorial chica: ‘No tocaremos nada, queremos que todo siga como está’, empiezan por decir. Pero, tres meses después, ‘¿por qué no usar nuestra distribución, que es tan eficiente?’. Y después, ‘¿por qué tener una administración duplicada?’, y al final cada libro que se publique deberá tener una tirada mínima garantizada. Porque funciona así, más allá de la voluntad de cada persona”.

Malumián advierte que “el nuestro es un proyecto profesional. Aunque no nos hagamos ricos queremos vivir de esto. Y es importante porque, si no, la edición de este tipo de libros queda en manos de gente que tiene plata, y el gusto del editor está en relación con su procedencia de clase: si la edición está sólo en manos de determinada clase social, sólo se van a publicar determinados libros.”

Pero “la situación actual no es buena, el consumo de libros cae, como cae el consumo en general. Y nos perjudica la apertura de importaciones. Las editoriales españolas exportan saldos de edición a una fracción de su precio real. En España el papel no paga IVA y en la Argentina sí; ellos venden sus libros en euros, nosotros vendemos en pesos pero las máquinas y los insumos los pagamos en dólares, como también los derechos de traducción. Haber abierto de este modo la importación es responsabilidad del ministro de Cultura, Pablo Avelluto (ex funcionario de Planeta y de Random House): la designación de un ministro que viene del riñón de las multinacionales fue desde el vamos un mensaje claro del Gobierno”, sostiene Malumián.


“Lealtad de lecturas” 

“Casi parece que en la Argentina hubiera más editores que lectores”, se asombra o ironiza Luis Chitarroni, que ha sido editor de una de las grandes –Sudamericana– y de una de las chicas –La Bestia Equilátera–. “La cantidad de editoriales es impresionante, siendo que no hay tantas librerías, sobre todo en provincias. La Feria de Editores parece corresponder a un país más próspero y más dedicado a los libros, parece ese lugar magnífico, Aquilea, que aparece en el film Invasión. Me encantó ir. Y tal vez estas pequeñas editoriales independientes sean las verdaderas indicadoras del gusto, las que guían a los grandes grupos editores hacia las zonas de interés.

– O sea que las publicaciones de estas editoriales alcanzan relación con la crítica, con los mecanismos de legitimación de los textos…

– La relación con la crítica siempre fue controversial, paradójica: la coincidencia de la crítica no conduce necesariamente a la venta de los libros, y la Argentina es un país muy distraídamente crítico, se ha distraído mucho de la crítica. En los años 60 del siglo pasado, la aparición de los libros y el acompañamiento crítico era más parejo y se traducía en la venta. Desde los 80, cuando España se apodera del mercado y editoriales como Anagrama empiezan a dictar modos de leer, con el realismo sucio y esas cosas, la lectura perdió autonomía en la Argentina. Hoy la difusión funciona más bien a través de las redes sociales.

– ¿Cómo ha sido su experiencia como editor en ambos mundos editoriales?

– Cuando entré en Sudamericana, hacia 1986, el mercado argentino ya se hundía: la recuperación del mercado en España después de la dictadura de Franco marcó una supremacía absoluta del libro español. Empezaron a desarrollarse en narrativa editoriales que en los 70 eran sólo de ensayos, como Tusquets; hasta entonces en ficción habían prevalecido Argentina y México. Por mi parte, contaba con cosas que me venían por añadidura, como la lealtad de Gabriel García Márquez a Sudamericana, pero la actuación social propia de una editorial grande no era lo que más me gustaba como editor. Es más linda y gozosa la experiencia en la editorial chica, la del editor un poco oculto. En La Bestia Equilátera, mi idea fue tratar de ocupar un mercado que estábamos perdiendo de vista: el de la traducción, donde la Argentina se había destacado en su momento. Empecé con autores que habían sido traducidos hacía mucho en Emecé o Sudamericana, como Vonnegut, pero con el relevo de lectores parecían novedades: quizás hay una lealtad de lecturas que la juventud mantiene a lo largo de las generaciones. Jack Kerouac después de tantos años sigue siendo rebelde, hay una lealtad de la edad de la lectura que importa más que el juicio del editor.

Foto portada: Matías Moyano Fotografía

Share.

About Author

Escritor y Periodista

1 comentario

Leave A Reply