Facebook, la escritura despiadada

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Primero, lo que Facebook no es:

“Hablaron mucho esa tarde pero lo importante fue el apretón de manos del final.”

“Vio lágrimas en sus ojos.”

“Su voz en el teléfono temblaba.”

“Reía, pero sus ojos decían otra cosa.”

“Objetaba, pero con su mirada sostenía la amistad de siempre.”

“Él daba razones perfectas pero algo en su voz delataba el engaño.”

“No pudo evitar una sonrisa.”

“‘La amistad es, también, saber olvidar’, dijo con ese gesto tan suyo.”

“Hubo un silencio tenso.”

“Lo dijo sin decirlo.”

“La vi sonrojarse.”

En Facebook, plataforma virtual, no hay apretón de manos, no hay lágrimas en los ojos, ni abrazos reales, ni voces que tiemblan, ni sonrisas involuntarias ni modulaciones de la voz, ni miradas, ni silencios tensos. En Facebook no existe el olvido, todo queda registrado para siempre, y no hay sonrojos.

Facebook propone una comunicación por escrito que preserve la inmediatez propia de la comunicación oral. Por eso no ofrece una instancia “borrador”, que aliente la posibilidad de revisar lo escrito antes de postearlo. (Gmail, en cambio, adscripto al modelo de la escritura antes que al de la oralidad, ofrece esa instancia.) En tanto comunicación puramente escrita, los mensajes en Facebook no pueden modularse mediante los recursos no verbales que –como puede advertirse en los ejemplos que encabezan esta nota– no se refieren sólo a los enunciados sino a la enunciación: la explicitación o reafirmación del vínculo en cuyo marco se sostiene el mensaje.

Ese texto, generado en la inmediatez, puede ser leído y releído mañana o el mes que viene; en Facebook, toda palabra es definitiva. En cambio el discurso oral, desde el mismo momento en que es pronunciado queda sujeto a las contingencias de la desmemoria, y esto es una bendición para los hablantes. Nadie está del todo seguro de lo que dijo o lo que escuchó, eso que molestó u ofendió pudo ser un malentendido, seguramente lo fue, disculpas, me expresé mal, disculpas, entendí mal.

Todo esto contribuye a que en Facebook se destaquen dos posiciones enunciativas: la adulación mutua y la segregación. Los elogios y aplausos están –entre “amigos”– garantizados, ya que las limitaciones comunicacionales de la plataforma tienden a hacer imposible la crítica amistosa. Y el “amigo” que derive hacia opiniones o puntos de vista diversos tendrá a ser expulsado, subsistiendo así grupos con opiniones y discursos similares.

Seguramente hay otros factores para que esto suceda. De entre los distintos factores posibles estamos señalando uno –la utilización de la palabra escrita bajo condiciones propias de la comunicación oral– que no es reductible a variables políticas, sociales, psicológicas o tecnológicas y que pasa necesariamente inadvertido. No se trata sólo de que falten en Facebook las modulaciones propias de la oralidad sino, sobre todo, de que esta carencia no es reconocida como tal. Quien postea en Facebook no se plantea esta cuestión, ya que, si se la planteara, su participación se le haría difícil o imposible. La opacidad de la plataforma a su propia limitación no es deliberada, o no importa si lo es, porque es un efecto del sistema mismo.

Y sería un error suponer que alguien profesionalmente alerta a la diferencia entre el discurso oral y el escrito –un escritor, un periodista– pudiera estar mejor habilitado para expresarse en Facebook. Al revés, al que conoce las incertidumbres de la palabra escrita, al que aprendió que nadie decide el sentido de lo que escribe, tal vez le sea más difícil lanzarse a esta escritura oralizada.

Por último, al examinar estas limitaciones de Facebook u otras plataformas basadas en la palabra escrita, conviene no entenderlas como una especie de deterioro, en comparación con un pasado comunicacional no tecnológico que hubiese sido mejor. Facebook no reemplaza la comunicación oral sino que se agrega a ella. Y la cuestión se podría plantear al revés: un mundo exclusivamente Facebook donde, un día, alguien inventa algo novedoso que se llama comunicación oral, y el Oralbook se desarrolla exponencialmente. En ese mundo también hay una publicación que se llama Medio Extremo y un columnista que pregunta cómo la gente pretende entenderse mediante esa plataforma rara, la comunicación oral, con tantos canales ambiguos o contradictorios, carente del rigor del texto escrito y donde, finalmente, a las palabras se las lleva el viento.

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Escritor y Periodista

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