El entramado urbano

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Por Nicolás Sagaian

La política del PRO en relación a las villas dio un giro inesperado en la Ciudad de Buenos Aires. De aquel plebiscito que quiso impulsar el por entonces jefe de gobierno, Mauricio Macri, en 2008, para que la ciudadanía decida si valía la pena hacer obras en los 38 asentamientos y barrios precarios del territorio porteño a la puesta en marcha de al menos cinco proyectos de urbanización durante la gestión de Horacio Rodríguez Larreta, algo cambió. ¿Pero qué?

Jonatan Baldiviezo, titular del Observatorio del Derecho a la Ciudad, propone una lectura interesante sobre el tema y da cuenta de qué es lo que hay detrás del nuevo rumbo que decidió encarar el macrismo a partir de 2016. Una trama que incluye intereses políticos, empresariales y grandes negocios inmobiliarios en el prólogo de un año electoral. “Es algo planificado, esto les ayuda a hacer los negocios de ahora y es el principio de los negocios del futuro”, sostiene.

¿Qué fue lo que ocurrió para que el discurso oficial pasara de “hay que erradicar la villa 31” a “todos tienen que ser vecinos por igual, con derechos y responsabilidades”?
—Creo que se dieron cuenta que la ecuación les cierra por todas partes. El PRO en estos años ha demostrado ser una derecha muy versátil, que no tiene problema en resignar algunas cosas. Una derecha más de ala dura diría ‘no, estos son usurpadores’, ‘no les corresponde estar ahí’ y los sacaría a como de lugar. Estos no, son versátiles, son muy pragmáticos, algo que llama la atención porque cuando asumieron en el Gobierno nadie pensó que iban a ser así.

¿Qué factores influyeron para ese cambio de actitud?
—Hay muchos negocios que no podían hacer que los vincularon a la urbanización de villas. Caso Villa Olímpica, el Plan Maestro de la Comuna 8, Empalme Norte, IRSA, Isla de Marchi. Estos son todos negocios que nunca hubieran salido por sí solos en la Legislatura. Al mismo tiempo, al PRO siempre le costó tener el voto de las villas y sabe que necesita cierto control social, no a nivel territorial, pero sí por lo menos de disciplinamiento para evitar quilombos. Ahí tiene otra ganancia: obtienen el apoyo de algunos sectores en particular y hacia la sociedad muestran un rostro más humanitario de alguien que gobierna para el otro, bajo esa idea de “Pobreza Cero”. Además, dejaron de ver a las obras en los barrios como una pérdida de plata. Antes pensaban que poner un peso en la villa era perder plata y que ese suelo tenía que estar para otra cosa. Ahora empezaron a ver que hacer obras en la villa también es un negocio de la obra pública, quizá no es un negocio de gran envergadura pero es un negocio.

Según el Presupuesto van a invertir más de 7000 millones de pesos en proyectos de urbanización durante 2017…
—Sí. Igual el PRO no entiende el negocio como el peronismo o el kirchnerismo. El negocio para el peronismo son los fondos, es la corrupción; el negocio para el PRO es que el mercado funcione. ¿El mercado cómo funciona? Creando rentabilidad para algunos, para los amigos. Entonces, hacer negocios con el Estado para ellos es eso: ¿cómo el Estado puede colaborar para que el mercado siga generando rentabilidad para algunos? Vieron que hacer obras en las villas motoriza eso, que lo pueden hacer con plata que no es propia, es plata de deuda, de tierra pública, así que tampoco les joroba el Presupuesto. Ellos se endeudan y paga otro. Aparte, es un negocio a largo plazo, porque están metiendo gran cantidad de tierra pública en el mercado.

Urbanización -NAN_2017_ PHPrensa Gobierno de la Ciudad1

¿Cómo es eso?
—Por ahora hay tierra pública, se ve en los negociados del Parque de la Ciudad, el Tiro Federal, IRSA. Hay tierra pública ociosa y vacante. Pero cuando eso se acabe, dentro de 20 o 30 años, ya habrán logrado incorporar mucha más tierra al mercado; tierra que para ellos estaba inutilizada, sin explotar, incluso en los sectores más caros de la ciudad en algunos casos. Después, no les preocupa si tienen que comprarla, adquirirla a futuro, porque saben que esa tierra cuando se urbaniza no se está explotando al máximo. No son torres, no son grandes complejos.

Con esa visión, las obras de urbanización no estarían pensadas simplemente para mejorar la infraestructura de un barrio sino implicarían algo mucho más grande…
—Es algo más grande que les ayuda a hacer los negocios de ahora y es el principio de los negocios del futuro. Por eso ahí también les vino como anillo al dedo lo que siempre reclamaron las organizaciones. ¿Antes qué era lo que entendían por urbanizar? Urbanizar era demoler todo y construir viviendas nuevas. Cuando uno hace eso, consolida un barrio. Y es muy difícil a futuro que venga alguien, un empresario o quien sea, lo compre y lo demuela. Ellos tomaron ese discurso, el de la identidad y la cultura villera, que sostiene que no hace falta demoler todo sino que lo hace falta es adecuar viviendas y construir otras viviendas nuevas, y les cerró por todos lados. Primero, porque es mucho más fácil demoler eso y comprar viviendas precarias, mal construidas, que comprar un barrio nuevo a futuro; y después, porque les va a salir menos.

¿Es factible que suceda eso o es una hipótesis a largo plazo?
—Rodrigo Bueno, si vos no establecés mecanismos de protección, en dos años desaparece. Entonces, el Estado va a hacer una inversión tremenda, va a poner tierra pública en el mercado, va a destinar millones para que en dos años termine en manos de IRSA. No tiene sentido, ¿no?

Verdaderamente no
—Entonces, uno podría decir que es algo hipotético que el mercado empiece a comprar las propiedades que se le van a dar a los villeros, pero IRSA para ampliar el shopping de Palermo está comprando edificios enteros casi al límite con Recoleta. Y va comprando uno por uno, edificios en los que vos no tenés un solo dueño, tenés que convencer a todos los propietarios, y lo está haciendo. Imaginate en una villa, un barrio, que venga alguien que te de un poquito más de lo que vale tu casa, que con eso puedas comprar una casa en otro lado y un auto, es difícil no pensar que no vayan a aceptar todos de a poco. Entonces eso no es una situación hipotética, es un lío grave y Rodrigo Bueno yo creo que no va a durar así.

Ahí asoma la otra cara del negocio inmobiliario, la que no se ve…
—Es un gran negocio. Imaginate que le vendés como terreno ocioso 40 hectáreas de un Parque a un empresario, algo que no se le ocurriría a nadie, y en simultáneo le abrís una posibilidad al mercado de hacer otros negocios a futuro. Es el Estado al servicio de los intereses de clase. Es lo que decía antes: el PRO no toma al Estado como propio, entonces tiene que hacer que ganen los propios. ¿Cómo hace eso? Les vende la tierra barata a empresarios, les da la zonificación casi gratis, les resuelve todo el problema y que el negocio lo hagan los propios, no el Estado.

¿Y los dueños de las empresas quienes son?
—Hay varias empresas: Kopar, Pose, Bricons (N.de R.: que tiene adjudicada parte de la Villa Olímpica, tres líneas de Metrobus, el camiño ribereño de la villa 21 Y su dueño, Mario Ángel Rapagliesi colaboró con un millón de pesos para la campaña electoral del PRO en 2015). En general, las obras más importantes de la ciudad las hacen todas empresas de Macri. El soterramiento del Sarmiento, el Colector Margen Izquierdo del Riachuelo, el Paseo del Bajo lo hacen Ghella y Iecsa, que son testaferros de Macri, no necesitan un Lázaro Báez; ellos ya tienen las empresas, tienen las máquinas y la estructura. Hay que entender que el negocio en esta época va a ser lo que fue en la década del ’90: la patria contratista y los negocios inmobiliarios.

FOTOS Y GLOBOS

El 6 de febrero pasado, el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, presentó las primeras cuadras con nueva infraestructura del Barrio Carlos Mugica. Las obras eran una muestra para los medios del avance del proyecto de urbanización en las manzanas 104 y 12 del sector Cristo Obrero. 1600 metros cuadrados de nuevas veredas, 1200 metros de pavimentos, 1600 de agua potable, 397 metros de red cloacal, la misma cantidad de metros de desagüe, más 25 nuevas columnas y 15 luces LED. Todo muy lindo, todo muy presentable, todo para la foto.

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El tema es que algunos días después, luego de inspeccionar las obras, analizar los pliegos y de hablar con las familias del barrio, los integrantes de la Cátedra Libre de Ingeniería Comunitaria, la CTA Autónoma y el Observatorio del Derecho a la Ciudad se encontraron con la verdadera cara del proyecto. “Las primeras obras de infraestructura distan mucho de prestar servicios públicos equivalentes a los que existen en el resto de la ciudad”, sentenciaron.

En un documento público entendieron que no existe realmente un plan para todo el barrio. En cada manzana, las obras las hizo una empresa diferente; los diámetros, los materiales y las metodologías de construcción en las redes de cloacas y desagüe eran diferentes; no se pudo encontrar algo básico como estudios de proyección demográfica, análisis de la estimación de la demanda y los cálculos que permitan garantizar el funcionamiento del sistema si el barrio crece. “Hay una gran improvisación y un interés electoralista de mostrar obras”, afirma Baldiviezo.

¿Qué análisis puede hacerse de los proyectos de urbanización en marcha?
—Yo siempre lo aclaro, por más que soy ultra crítico de lo que están haciendo, que con lo que están haciendo ahora, ya hicieron más de lo que ningún gobierno hizo en la historia. Y ahí hay una crítica solapada a los gobiernos anteriores. ¿Qué carajo hicieron en todos estos años para que un gobierno del PRO en un año haya hecho más que vos en toda la historia? Después hay millones de críticas que pueden hacerse a la política de urbanizaciones del macrismo.

¿Por ejemplo?
—Uno de los temas es el financiamiento porque se están endeudando a gran escala y a largo plazo el plan de urbanización así no es sustentable. Tema planificación es otra cosa a analizar, porque eligieron cinco villas y el resto quedó afuera por el momento de las obras. Tema inquilinos: uno sabe la cantidad de inquilinos que hay en los barrios (el promedio es del 50 por ciento y llega al 70 y 80 por ciento en barrios como la 1-11-14) y el gobierno no está teniendo en cuenta la problemática que se genera a partir de lo que sucede cuando arranca la urbanización. Cuando empiezan las obras, comienza a darse una dinámica sistemática en los barrios, los propietarios les exigen a los inquilinos que los compren las viviendas y sino se las sacan para venderlas. Entonces surge un eventual problema, los que fueron censados terminan siendo expulsados e ingresa gente nueva sin censar, y eso va a ser un conflicto al corto plazo.

¿Eso por qué pasa, es falta de experiencia o desconocimiento de lo que sucede en los barrios?
—Un poco de las dos cosas. La voluntad política la tienen, pero muchos funcionarios son nuevos, muchos se fueron a Provincia o Nación. Hay distintas áreas trabajando el mismo tema y dependen de diversas áreas de Gobierno. En la 31, por ejemplo, vos tenés la Secretaría de Integración Socio Urbana y en la 20, Rodrigo Bueno y Chacarita está el IVC. Entonces, en algunos sectores hay tipos que no tienen mucha cancha, que no entienden esto de cómo funciona el Estado, porque son técnicos, son nuevos y no entienden del todo cómo funciona la política.

Urbanización -NAN_2017_ PHPrensa Gobierno de la Ciudad

¿Qué consecuencias trae esto?
—Varias. Porque a veces actúan de una forma en la que muestran total desconocimiento sobre qué es lo que pasa en los barrios. En la 31 hay cosas que hicieron desastrosamente: por ejemplo, la prohibición de construir e ingresar materiales. Lo hicieron de un día para otro, no solo cerraron los corralones sino que empezaron a levantar el material que la gente había comprado, y la construcción representa una economía importante dentro del barrio. ¿Qué pasa con la gente que no puede trabajar? Otra cuestión: por más que podamos hablar muchas cosas y uno no pueda ser titular de tierra pública, hay una realidad en los barrios que da cuenta que en muchas familias parte de su ingreso viene de inquilinos. Entonces, vos como Estado tenés que prever qué vas a hacer con esas familias si les vas a quitar un ingreso y aparte le vas a incrementar un gasto porque van a tener que pagar una cuota para pagar el terreno. Son cosas que no las están viendo. No todo es tan simple como hacer obras y construir viviendas.

¿Decís que están simplificando un proceso que es complejo?
—Ellos piensan que van a hacer las viviendas, la gente va a ir contenta, va a aceptar pagar y que todo va a salir bien de acuerdo a los plazos esperado. Una cosa es presentar un proyecto de ley, aprobarlo e iniciarlo y otra llevarlo a cabo, con la realidad compleja que hay en los barrios.

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