ENTREVISTA: Trumplandia

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Un libro que puede ser leído con la CNN en mute, con la ventana entreabierta a un horizonte tormentoso. Un libro que es un viaje o muchos viajes a un mismo lugar que termina siendo muchos lugares en uno o directamente un gran no-lugar.

Estados Unidos según los ojos y la sensibilidad de Marina Aizen, en su tour de trumpalandia, llegando hasta los confines tanto industriales como desérticos que resultaron ser el enclave necesario para la gesta histórica de la familia Trump al poder. Las representaciones en juego, las creencias de una sociedad que supo soñarse y que ahora parece estar envuelta en sus propias pesadillas. El paso a paso de la construcción de un déjà vu nacional, dorado y crepuscular.

Historias desesperantes del desierto entremezcladas con el ascenso de la extrema derecha a niveles también desesperantes. El traspaso de un hombre del mundo del espectáculo y las bienes raíces a la geopolítica. Las trampas.

Hablamos con Marina, autora de Trumplandia, uno de los libros del año y de la nueva era.

En el imaginario, sobre todo en el imaginario turista y de su filmografía histórica y actual, Estados Unidos se reduce a Nueva York y de ahí a las luces de neón de Manhattan. Lo que sentí con este libro es una patada a todo este entramado, dejando en claro la puesta en escena y que el Estados Unidos verdadero y decisivo se encuentra más allá de la General Paz.

Los Estados Unidos no tienen nada que ver con Manhattan. De hecho, uno al otro se miran como extraños, aunque los ataques del 9/11 los acercaron más que antes. Los valores que tienen los habitantes de Nueva York difieren diametralmente a los del interior del país, de la misma forma en que los porteños nos diferenciamos de las provincias. Sin embargo, hay una excepción: los argentinos no tenemos formas diferenciadas de concebir la libertad; en los Estados Unidos, sí. Entonces, esto hace que las diferencias políticas sean tajantes.

En un momento, terminás diciendo: Todo vuelve de las formas más extrañas, este país no sale de su laberinto.

Me refería con esta frase al tema racial. El pecado fundacional de los Estados Unidos es la esclavitud. Y, desde entonces, sigue sin poder deshacerse de esa maldición. Cuando juntas la discriminación racial con la pobreza, tenés un cóctel que de tanto en tanto explota. Explota de formas diferentes y en todo el país, y suele tener que ver con la forma en que la policía trata a sus ciudadanos. Durante el gobierno de Obama, el Departamento de Justicia hizo investigaciones que arrojaron conclusiones estremecedoras en lugares como Baltimore, Chicago y Ferguson.

La formación de un caldo de cultivo no se da de un día para el otro. La explicación del fenómeno Trump, poniendo el acento en su campaña electoral, por qué crees que no se vio este caldo de cultivo que incluía no solo a sus fanáticos reaccionarios sino también a los desocupados de Detroit?

Trump le ofreció una esperanza que los desposeídos y los desocupados compraron porque él era una figura que venía legitimada por los medios. No sólo durante la campaña, sino por los años de los años. La fantasía de que un señor empresario puede arreglar las cosas de un país porque lo hizo en su empresa, no es una idea original de los Estados Unidos. Pero en esta última elección, confluyeron un montón de factores históricos y económicos, que le dieron potencia a la voz de Trump como no había sucedido con otro populista, al menos, en el siglo XX.

La apelación a los años dorados por parte de Trump, a ese “Make America Great Again” de Reagan, es el recurso a la nostalgia ultra en un país que parecía ir para otro lado dominado por el futuro con los chicos de Silicon Valley…

Make America Great Again no es Reagan. Es Trump. Reagan apelaba al optimismo, Trump al cataclismo. Sillicon Valley es una elite muy alejada de lo que sucede en la economía real de los Estados Unidos. Incluso, algunos podrían argumentar que están afectando negativamente a los norteamericanos. Por ejemplo, la automatización de las líneas de producción, los softwares para regular los horarios erráticos de los trabajadores, etc.

Pero en los días de transición Trump con los primeros que se reunió fue con la cúpula de Silicon Valley, ellos manejan temas determinantes como big data, seguridad e inmigración.

Sí, es cierto que Trump se reunió con empresarios de Sillicon Valley. Pero el sector no tiene una influencia real en un gobierno, cuya agenda aún es errática y no se entiende. Si tanto le preocuparan los trabajadores a Trump y tuviera una conexión real con los empresarios tecnológicos, se hubieran tenido que ocupar del tema de la automatización de las fábricas, que es el fenómeno que auténticamente está destruyendo los empleos clásicos, que el presidente dice defender. Y no lo han hecho. Son todos gestos vacíos, como mucho de lo que sucede con esta administración.

¿Por qué crees que el fenómeno Trump se dio en el marco de una decadencia de la cultura política?

Desde el gobierno de Bill Clinton, en los años 90, el partido republicano viene mostrando que no tiene escrúpulos para empujar su agenda. Los ataques son personales, dolorosos, y también institucionales. Han llegado a los límites de dejar al Estado sin financiamiento para funcionar o de bloquear la elección de un juez de la Corte Suprema. Entonces, ¿por qué habría de sorprendernos que un tipo sin escrúpulos avanzara sobre la Casa Blanca?

Más allá de lo estructural existió una complejidad desde el equipo de Trump para afrontar la campaña por fuera de los medios tradicionales, con una estrategia de enfrentamiento con ellos, y utilizando medios marginales de ultra derecha del interior de EEUU que salían por YouTube. ¿Cómo ves todo este nuevo mapa de comunicación? ¿Crees que es posible algo así en Argentina?

En todas partes es posible algo así. Hay un debate profundo en las redes sociales, principalmente en Facebook, como canal de difusión de noticias falsas. Ahora también se sabe que los “bots” rusos ayudaban a difundir mentiras en Twitter. Todo es un combo muy peligroso. Todos nos tenemos que preguntar cómo imponer otra vez la legitimidad del periodismo.

¿Cuál es el rol del periodista (y del periodismo) frente a esta nueva estrategia de alt-right, ser corporativo y apoyar al New York Times o por el contrario,  no serlo y establecer una distancia también de los grandes medios que en definitiva son corporaciones con grandes intereses en juego?

No quiero entrar en la discusión si un medio grande es legítimo o no, porque me parece inconducente. Lo que sí te voy a decir es que diarios como el NYTimes y el Washington Post están ayudando a desenmascarar tramas oscuras del gobierno de Trump, que han provocado, por ejemplo, la renuncia del asesor nacional de seguridad, un señor muy importante. Yo creo que estos medios, entre otros, están jugando el rol que tienen que jugar en la democracia. Y hoy más que el lema del Washington Post, “la democracia muere en la oscuridad”, es más verdadero que nunca.

Ok pero estos grandes medios que mencionás basan sus investigaciones en filtraciones de Wikileaks o asociaciones afines. Es decir que el buen periodismo hoy corre por ese lado, con información secreta de empresas y gobiernos asociados.

No es cierto que todo el periodismo de investigación esté basado en filtraciones hechas por Julian Asange. De hecho, ninguno de los escándalos que estuvieron reventando en Washington en estos días (gracias a la prensa) tuvieron que ver con esto, sino con el viejo mecanismo de consultar fuentes en diversos organismos, que escudándose en el anonimato, han hecho revelaciones contundentes. Y es por eso, por ejemplo, que Trump tuvo que echar a su Asesor de Seguridad Nacional, un tipo clave en el esquema del poder, apenas semanas de haber asumido.

Así como el sitio infowars decis que es una de las usinas de la posverdad, se da esto en Argentina, podrías decir si hay algún sitio en este sentido? (en algún momento, SEPRIN podría calificar como posverdad)

No los conozco lo suficiente en Argentina. Pero que los hay, los hay. Y en algún momento fueron alimentados por el propio Estado, lo que es patético.

“Bannon le dijo a Green que la economía de las redacciones modernas no aguanta para apoyar periodismo de investigación. Porque nadie puede costear a un periodista para que esté siete meses sobre una historia”.

La irrupción de la web y de los smart phones ha puesto a todas las redacciones del mundo a parir. Qué duda cabe. Hay un recambio del modelo de negocios. Por suerte, como decía antes, el periodismo no está muerto. Trump, sin querer, ha ayudado a revivir sus mejores tradiciones.

Es muy buena la descripción que hacés de la clase media norteamericana, famosa por haber concretado el sueño americano pero también por estar viviendo una serie de pesadillas últimamente. ¿Cuál es tu visión de esta clase media a futuro, de acá a unos años?

La clase media está en el horno. Así de sencillo. El modelo clásico con el que venía desarrollándose llegó a su fin. En los Estados Unidos tienen que repensar el modelo suburbano, de transporte y consumo que se está comiendo los sueldos. Este es un modelo de desarrollo que no aguanta, y que además, es injusto con el resto del planeta por la cantidad de recursos que insume. Y, encima de todo, está haciendo a la gente estresada e infeliz.

Hay otra clase (o varias) por debajo de la clase media en EEUU que la retratás en tu paso por los trailerparks en Penssylvania, que vive a base defoodstamps, etc. Contanos de esta situación y cómo la situás en torno a Trump.

Lo más bajo de lo bajo son los homeless urbanos, que viven sin ningún acceso al dinero. La verdad, es penoso saber que tantos millones de personas en Estados Unidos ni siquiera tienen ingresos para subsistir. Es la cara oculta del país. A los pobres siempre los esconden debajo de la alfombra. Pero esta gente no vota. Está fuera de toda órbita. No tiene ninguna influencia y nadie se ocupa de ellos. La gente de los tráiler park está un escalón más arriba de esos pobres urbanos. Ellos también a veces tienen que vender su plasma sanguíneo para pagar las cuentas, pero –al menos- tienen un lugar para poder vivir, lo que no es poco. Estos últimos estuvieron más conectados con el fenómeno Trump. Fue la base en donde su figura empezó a crecer y se cimentó.

La situación en la frontera con México, aunque viene con un arrastre de muchos años, fue uno de los focos de la campaña y está en lo más alto de la agenda actual.

Las historias de la frontera son fascinantes. Hay un grado enorme de sufrimiento, que sin embargo, es anónimo. Eso es lo que más me impresionó. Historias de muerte terribles, desconocidas e ignoradas por tantos.

El trabajo de las ONGs en ese territorio hostil se vuelve fundamental, por ejemplo nombrás a los Tucson Samaritans y a Colibri Center for Human Rights. Contanos cómo es el trabajo de estas ONGs allí.

Estas organizaciones evitan que hayan aún más muertos en el desierto. Me emociona su naturaleza solidaria. Y además, demuestran que no hay sólo un estereotipo del yanqui facho de la frontera, sino que además hay gente hermosa y valiente, que deja todo para ayudar a otros.

Siento que estoy spoileando parte del libro con esta pregunta pero además de la figura de Trump, se va posicionando como un monstruo Bill Clinton, que en el imaginario es un tipo hasta cool de los 90s, con el saxo xxx. Pero tuvo injerencia en la construcción del muro y también en otras operaciones siniestras.

Bill Clinton fue la expresión demócrata de Ronald Reagan, el tipo que terminó el trabajo sucio que el republicano había empezado. Por ejemplo, destruyó el sistema del welfare, dejando a millones y millones en la pobreza, principalmente mujeres y niños. Un desastre total.

En relación  al capítulo que te ocupás de la NRA, en un tramo decís “las armas pertenecen integralmente a la cultura del país, tanto como el idioma y las hamburguesas. Son un elemento identitario, inamovible, irremovible”. Pero luego “La figura del cowboy idealizada por John Wayne, así como los personajes de series de TV como Bonanza o el Gran Chaparral contribuyeron a que los norteamericanos creyeran en una versión romántica de la cultura de la pistola en el Old Wist West”. Nuevamente la construcción de un imaginario…

Una cosa refuerza a la otra. La popularidad de las armas está más asentada en la cultura popular que en la historia. Pero como a la historia la cuenta la tele o el cine, todo se reinventa.

Por último, es inevitable terminar con Obama. Es insoportable pensar que su administración haya generado el caldo de cultivo que permitió tener a un racista (entre otras cosas) en el poder de Washington.

Trump puede decir que se deshace rápidamente del legado de Obama, pero en la práctica le cuesta bastante trabajo. O no siempre puede. Parece paradójico que después de un presidente negro haya asumido un racista. Como te decía antes: Estados Unidos no sale de su laberinto.

 

BIO

Marina Aizen es periodista. Fue corresponsal en las Naciones Unidas por la agencia Inter Press Service y corresponsal de Clarín en los Estados Unidos. Obtuvo premios nacionales e internacionales por su cobertura medioambiental, entre ellos, el de la Asociación de Corresponsales Extranjeros de las Naciones Unidas y la Earth Journalists Network. Actualmente trabaja en la revista Viva. Es autora del libro Contaminados, una inmersión en la mugre del Riachuelo. Para escribir Trumplandia no sólo utilizó sus años de experiencia como corresponsal extranjera en los Estados Unidos. Durante 2016 hizo viajes en los que recorrió ese país haciendo entrevistas de este a oeste. Así consiguió valiosos testimonios de expertos y de ciudadanos comunes, que forman parte de este libro.

FOTOS: Josef Hoflehner.

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About Author

Julián Doyle es editor de Screenshots. También escribe sobre temas de sociedad y cultura digital. Puede ser contactado en contacto@medioextremo.com.

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