FAKE NEWS: Engaño, mentira y legitimación de la noticia

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Los medios periodísticos están a punto de perder una de las funciones primordiales que habían cumplido durante un siglo y medio: legitimar las noticias en circulación garantizando su veracidad: en efecto, el motor de búsqueda Google y la red social Facebook han anunciado que se harán responsables de chequear las noticias que circulen a su cargo, a fin de prevenir o mitigar el efecto de las fake news, noticias falsas.

Hasta hace pocos años, el conjunto de los medios de prensa era responsable de tres funciones en relación con la noticia: su construcción, su trasmisión y su legitimación. El medio periodístico, en el acto por el que trasmite la noticia que ha elaborado, garantiza su veracidad, es decir: le otorga legitimidad. Pero, en los últimos años, gracias a las redes sociales, la posibilidad de trasmitir noticias se ha extendido a particulares, y diversos sectores e intereses se revelan con voluntad y capacidad para construir y difundir noticias, verdaderas o falsas. Ha caído así el periodismo como “cuarto poder”. Por supuesto, según su circulación y su prestigio los medios conservan un poder importante, pero no ya el poder que había permitido su inclusión en la serie de los tres poderes clásicos del Estado democrático y que  provenía del control total –considerando el conjunto de los medios– sobre la circulación de las noticias.

Sin duda, ese importantísimo poder no equivalía a la posibilidad de manipular a su antojo el suministro de noticias, ya que al respecto los medios encontraban, y encuentran, limitaciones que puede parecer ingenuo exponer y que están lejos de ser infranqueables, pero existen: en cuanto concierne a los periodistas, su responsabilidad profesional y el compromiso de su firma; en cuanto concierne a las empresas periodísticas, su lugar en el mercado, que quedaría comprometido por la difusión de noticias falsas. Por eso, contra lo que dice cierto lugar común, los medios no mienten: no producen fake news. Los medios engañan, lo cual es bien distinto.

Esto puede constatarse si se examina un mensaje periodístico desde la perspectiva de la técnica con la que fue construido. Su condición engañosa, si la hay, se detecta y desmonta mediante una lectura que examine cómo fueron utilizadas las técnicas y procedimientos periodísticos. En medios gráficos, la condición engañosa puede rastrearse por lo menos en: a) la exclusión de determinadas noticias, cuyo valor de noticiabilidad ameritaría su inclusión; b) la asignación a una noticia de una ubicación en la agenda noticiosa inferior a la que le correspondería por su valor de noticiabilidad; c) la asignación de un espacio o extensión de texto asimismo inferior a la que ameritaría su noticiabilidad; d) la omisión de una parte o partes significativas del contenido de la noticia; e) una titulación que cuestione, disimule o contradiga el contenido de la noticia que se trasmite; f) modificaciones de la estructura periodística de la nota a fin de distorsionar u oscurecer el contenido central de la noticia.

Hasta cierto punto, estos procedimientos pueden ser remontados mediante una lectura técnica, la que puede hacer un periodista avezado o incluso un lector atento. La noticia, o una parte de ella, está ahí, semioculta, y en ese sentido es todavía accesible, aunque requiera una práctica de lectura que el público generalmente no está en condiciones o dispuesto a efectuar. El mensaje engañoso eventualmente permite restituir la información correcta, lo cual no es posible con las fake news, el mensaje mentiroso.

La distinción entre mensaje mentiroso y mensaje engañoso concierne también a posiciones muy distintas del receptor. El que recibe la mentira es, por así decirlo, inocente. Se lo supone inerme ante una falsedad que no está en condiciones de discernir como tal, por falta de información independiente. Podemos imaginarlo como un ser bienintencionado, que si dispusiera de la información correcta actuaría de otra forma, aunque lo notamos influenciable y sentimos que no es la más astuta de las personas.

Para el mensaje engañoso, en cambio, es conveniente y quizás necesario que el receptor participe en el engaño. Si el engañado se deja engañar, si admite con gusto el mensaje engañoso, es porque el sentido de ese mensaje conviene a sus propias ideas, expectativas o intereses. Los medios engañan, o tienen el poder de engañar, pero no a cualquiera sino al público al que se dirigen.

Y no producen fake news. El problema de las fake news es solidario con la diseminación de la facultad de construir y trasmitir noticias. En las redes, las noticias son propagadas por particulares que tienden a retrasmitir lo que les llega de fuentes para ellos confiables en términos personales o en términos políticos, ya que no manejan el concepto periodístico de confiabilidad de la fuente. Así la difusión responde a los conocidos mecanismos del rumor. No es que esto sea nuevo y en rigor no habría que hablar de posperiodismo sino de preperiodismo.

Hasta estos días, la cuestión de las fake news permanecía sin resolver, ya que la autoridad en condiciones de legitimar noticias seguía siendo la institución periodística, que precisamente puede ser soslayada o salteada en las redes sociales. Pero Google ha comenzado a recurrir a empresas de fact-checking, como Snopes y PolitiFact (equivalente en nuestro medio sería Chequeado). Tal vez dé resultado. Si funciona, las instituciones periodísticas habrán perdido la función de legitimación de las noticias, única que, aunque últimamente no pudieran ejercerla en plenitud, todavía no había quedado en otras manos.

Imagen: Facebook Data Center.

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Escritor y Periodista

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