Todo lo ilustrado se desvanece en los no lugares

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Por Felipe Luis García (Universidad de Mar del Plata)

 

Mentes maestras nos tienen atontados, dicen: “entrá que está climatizado”, y esto aparenta ser normal, transcultural, es nuestro plan globalizado. Siento que pocos controlan las recetas, sofisticada química a la venta, creen tenerme bajo control también, tejan marañas yo fumo bajo el agua, ¿Qué es lo normal cerca de estar en el fin de la historia?

BABASÓNICOS, El shopping (1)

 

En la ciudad de Mar del Plata —como en muchos otros lugares del mundo— las concepciones de la ciudad se ponen en juego a través de las diversas lógicas que operan por detrás de ella. En  este caso puntual, me dispongo a exponer brevemente las inquietudes que fluyeron en un estudio académico de grado acerca de las lógicas de restauración y puesta en valor en las sociedades contemporáneas y que tuvieron asidero en un emblema de la ciudad feliz; como es el de la Vieja Estación  Terminal  de  Ómnibus.  Es  decir,  y sin  afán de  reproducir  una  síntesis  acerca  de la investigación realizada, me gustaría dar cuenta de los interrogantes latentes que se despertaron. Por ejemplo, la operatoria que prevalece en las obras de mayor magnitud en la ciudad es la de las iniciativas privadas que enmarcan el rumbo de dichas refacciones tendiente a la condensación de una lógica comercial (como una herramienta de la apropiación del espacio público para fines privados) amparada en la conservación de vestigios culturales para dicho cometido. Esto nos pone frente a reflexiones profundas suscitadas en las concepciones culturales que se pregonan en el capitalismo tardo-moderno; y que autores como Jameson, Huyssen y Berman dan sobradas referencias de cómo esta concepción globalizada trae aparejadas mutaciones en torno a la esfera cultural en relación con el capital.

Posmodernismo, la lógica cultural del capitalismo avanzado

Las concepciones que afloran en el trabajo se emanan de la tensión posmoderna que Jameson da cuenta a partir de: una nueva superficialidad, que se manifiesta tanto en la teoría contemporánea como en la nueva cultura de la imagen o el simulacro; el consiguiente debilitamiento de la historicidad, manifiesto en nuestra relación con la Historia pública, así como en las nuevas formas de nuestra temporalidad íntima; un tono completamente nuevo en el terreno emocional (lo que señaló Lyotard como intensidades), que puede comprenderse mejor desde el retorno a teorías  más antiguas de lo sublime; y las profundas relaciones constitutivas de todo esto con una tecnología flamante, que representa en sí misma un nuevo sistema económico mundial (Jameson; 2012). En otras palabras, el contraste entre la historia y la obra de arquitectura predispuesta por el capital en su faceta global se encarga de destruir todo vestigio, rescatando simplemente ínfimos rincones donde emerge una supuesta continuidad y una relación de espacialización de la historia. Por ende, la espacialización de la experiencia intenta devastar cualquier antecedente histórico sustancial que impida el marco de abstracción que el mercado sugiere para que estos lugares propicios para el consumo lleven su cometido. Entonces, la historia y la preservación del  patrimonio histórico presentan una débil resistencia en la ponderación de sus marcas, ya que, al  fin y al cabo, terminan siendo un estorbo pintoresco para la finalidad lucrativa del emprendimiento en cuestión.

Por cierto, todas estas implicancias teóricas tienen una íntima vinculación con un modus operandi que se ejerce en la ciudad, amparadas bajo la figura tradicional de ciudad-anfitrión, y por su herencia balnearia que tiñe el horizonte de debate basado en las contradicciones más intensas. Toda esta amalgama de tensiones aflora a la hora de generar políticas de restauración del patrimonio cultural-urbano y las distinciones que la configuración de un espacio público cultural conlleva. Ya que como asevera Huyssen: “El mote cultural opta por resignificarse y ponerse en valor para lograr generar mixturas que hacen más difuso el límite ancestral entre la baja cultura y  la alta cultura (2002). Entonces bien, al mutar la concepción de lo urbano, donde se confrontaban las nociones de público y privado; descansa una peculiar estética ficticia de la igualdad en el acceso.

Iniciativas privadas

Por otra parte, me parece interesante la idea propia de la iniciativa privada (como mecanismo jurídico-político de apropiación del espacio) según la cual lo público aparece como una rémora o un sucedáneo de la inversión privada generando una gran mutación en el papel del Estado; que pasa de planificador del desarrollo urbano (mediante la inversión pública) a un mero regulador de la competencia entre los capitales privados. Sostenido de manera reiterativa tanto por funcionarios públicos como por arquitectos o empresarios ligados a la restauración de un patrimonio cultural- urbano de la ciudad. En otras palabras, la concepción de la mediación entre los capitales y la gente es sustancialmente cardinal, ya que prevalece la injerencia estatal en tanto juez de los capitales; siendo estos los únicos habilitados para innovar. Argumento clave, y notoriamente asociado a una lógica de ponderación del mercado basado en un dispositivo esencialmente neoliberal.

A su vez, dichas operatorias van acompañadas de un éxito garantizado por el respeto de las normas y lógicas operativas y funcionales que arrastra el capital globalizado a la hora de generar una mega-inversión sectorizada en un lugar emblemático; no solo por su historia, sino también por su centralidad geográfica y morfológica. Ya que como sugiere Ítalo Calvino: “Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de intercambio, pero no solamente de mercancías, son intercambios de palabras, de deseos y de recuerdos” (2). En otros términos, las ciudades son concebidas según la visión fenomenológica de Maffesoli; que implica un cúmulo incontable de emociones e intensidades vitales que fluyen de manera anárquica e intermitente generando una potencia de los lugares emblemáticos, que, en este caso particular, se limitan a configurarse como huellas culturales emblemáticas.

Ahora bien, como vaticiné anteriormente las concepciones de ciudad que quedan entrever son aquellas que despiertan las ancestrales tensiones que arrastra una ciudad con diversas facetas; entre ellas la de una tradicional concepción turística y la impactante imagen de invasión que expresa el marplatense tipo a la hora de referirse al uso de los espacios públicos culturales y de esparcimiento que existen en el municipio. Debido a que es un rasgo fuertemente identitario de la ciudad, esta concepción de la otredad como la de un invasor que arrebata los espacios del ciudadano, pero que deja como contrapartida su remuneración económica. Esto se  permite develar a partir de la circunscripción de círculos conservadores y sectarios que se adjudican la propiedad del ser marplatense a través de la creación de un Centro de Residentes Marplatenses en la propia Mar del Plata. Lo que da cuenta de una fuerte sensación y percepción de  manutención de una pureza marplatense por sobre las mixturas que se pueden generar en los intensos espacios de intercambio que se ocasionan durante las temporadas estivales.

Lugares emblemáticos y no-lugares

Entonces, la tensión medular del escrito yace en la notoria proliferación de no lugares que se presenta en la sobremodernidad que Augé vaticina; encontrándose allí un sinfín de complejidades propias de las sociedades contemporáneas. Es decir, los no lugares (Augé, 2008) a pesar de su condición de palimpsesto-tipología abstracta y de su notoria enmarcación como una criatura etnocéntrica (Grimson y Seman; 2007) traen a colación conflictividades vinculadas a la manera en que interpelan al sujeto en tanto consumidor; como así también, en cuanto al modo en el que perciben la noción temporaria y provisional de sus usuarios, quienes, ajenos a su identidad,  historia y pertenencia, depositan su afán de consumo, orden, limpieza y seguridad en estos shoppings, terminales y aeropuertos. Pero bien, estas premisas de limpieza, seguridad y orden que el shopping emana son de carácter hiperreal, porque como diría Baudrillard: “La simulación no corresponde a un territorio, a una referencia, a una sustancia, sino que es la generación por los modelos de algo real sin origen en la realidad: lo hiperreal” (1978: 9). En otras palabras,  Baudrillard enmarca toda esta representación urbana ficticia que el shopping quiere transfigurar; despojando un carácter constitutivo de la urbe como es: la contingencia, el caótico azar y la vertiginosa incertidumbre. Por ende, este modelo perfecto de reproducción de una atmósfera que propicie el consumo en el que se circunscribe el shopping; conlleva una espectacularización intensa. Y se reafirma con una flamante sentencia de Guy Debord, que consiste en que la cultura del simulacro cobra vida en una sociedad en la que el valor de cambio se ha generalizado al punto de desvanecer todo recuerdo del valor de uso; una sociedad en la cual, “la imagen se  ha convertido en la forma definitiva de cosificación mercantil” (1995).

Bajo esta feroz disputa por la lógica que se pondera, la esfera comercial y la cultural entran en un canal inescindible que les permite posicionarse como facetas de la puesta en valor de un patrimonio histórico-cultural para una comunidad. Tal es así, que la Vieja Estación Terminal comenzó siendo un proyecto por la instauración de un Centro Cultural y derivó en la   construcción de un shopping comercial con vestigios culturales que hacen alusión a este lugar emblemático, pero sin romper la dinámica comercial que el mercado impone para llevar adelante dicho emprendimiento.

Ahora bien, la confrontación entre lugares emblemáticos y no lugares genera una interpretación interesante por parte de los intelectuales argentinos que impregnan un ideal urbanístico a la hora de analizar las dinámicas sociales que componen la ciudad. Es aquí donde aparecen las opiniones de Sarlo, Liernur y Gorelik, como grandes tamices decodificadores de los criterios en puja; como así también, las cosmovisiones más populistas de Grimson y Semán que descalifican de cuajo las concepciones eurocéntricas por el hecho impositivo con el que se someten a la estructura hermenéutica latinoamericana. Liernur, por su parte, define que: los terrenos inciertos son la expresión de la condición vital de las metrópolis contemporáneas, un producto de la complejidad de intereses que se reúnen en ellas. En estos casos, el desorden o la ausencia de forma y el relativo caos son generados por la potencia creativa de los ciudadanos, y revelan una negociación no resuelta entre actores de características múltiples y muchas veces contrapuestas. Pero la energía de esa interacción dinámica es el componente más valioso del fenómeno metropolitano. Tender a un modelo de ciudad que elimine esos espacios de incertidumbre inestable supondría imaginar una orwelliana sociedad totalmente controlada (Liernur; 2004).

Horizonte de debate

Por ende, es sumamente relevante destacar que el entramado conceptual y el análisis del Paseo Aldrey —que se dispone en el predio de lo que era la Vieja Estación Terminal de Ómnibus de Mar del Plata— convergen en puntos comunes como son: la concepción de una proliferación de no lugares, con tendencia a mantener espacios de hiperrealidad y simulacro, solventados por una oleada del capitalismo global e imperial basada en la espectacularización, la tecnificación y la espacialización de la experiencia posmoderna. No obstante, esta coyuntura se ve sumamente enriquecida por una conflictividad mayor que corresponde a la tensión latente entre la esfera cultural —los vestigios emblemáticos anteriormente mencionados— y la esfera comercial que confluyen en un canal compartido e inescindible de puesta en valor.

Entonces, y para finalizar, estimo que este proceso de puesta en valor y de restauración de un edificio emblemático como es el de la Vieja Estación Terminal de Mar del Plata, devela un modo determinado de accionar urbanísticamente en la ciudad, una concepción estética que tiene fuertes raíces en la noción de una ciudad balnearia —con todas las aristas que supone la responsabilidad de  sentirse  anfitriona—  y  con  la  notoria  implicancia  política  que  genera  una  ciudad  con  la importancia estratégica que tiene la cabecera del Partido de General Pueyrredón. Dicho esto, y sin afán de extenderme en vano, considero que el análisis propiciado por esta investigación académica forja un horizonte de debate que se presenta como una gota en el vigoroso río analítico que discurre alrededor de los estudios culturales urbanos nacionales y que permiten —en forma incipiente, pero no por eso menos productiva— develar las concepciones de ciudad que por detrás se esconden, y que permiten que Todo lo ilustrado se desvanezca en los no lugares.

Notas

 

  • El Shopping es una canción de Babasónicos del disco titulado Miami del año 1999; en honor a una postura tajante y cínica frente a las conductas peculiares que caracterizaron (y caracterizan) a la clases medias y las capas alta’ más adineradas de nuestro país, las cuales suelen visitar esta ciudad norteamericana con
  • Las ciudades invisibles de Ítalo Calvino es una obra que brinda imágenes que tienen una notoria pregnancia y relevancia para referirse a la dinámica urbana en su conjunto.

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