La posciencia

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En poco tiempo, las decisiones del flamante Presidente de los Estados Unidos han provocado la unión de sectores antes aislados de los reclamos en las calles. El científico quizás represente uno de esos sectores que en el imaginario se encuentran parapetados en laboratorios, oficinas, aulas, en un nivel de hermetismo que los pone lejos de esa abstracción alienígena denominada gente.

El 22 de abril es el Día Mundial de la Tierra, instaurado desde los años setenta tras manifestaciones masivas de norteamericanos con slogans que exigían un medio ambiente sustentable y un entorno saludable. En coincidencia con este día, se anuncia el paro mundial de científicos (March For Science) motivado por los últimos retoques en el presupuesto presentado por Donald Trump con un recorte del 10% que impacta directamente en la comunidad de ciencia y tecnología de Estados Unidos y que promete movilizaciones de millones de personas en todo el mundo ya que la convocatoria se viralizó y pasó a ser un día clave para encausar los reclamos.

Además de los retazos en el presupuesto, las múltiples acciones de Trump contra el cambio climático se suman a la ofensiva. En 40 días, se ha facilitado a los mineros de la industria del carbón tirar sus residuos en los arroyos de Virginia Occidental, se ordenó la derogación de las protecciones que brindaba la Ley del Agua Limpia para vastas extensiones de humedales, propuso cortes masivos en la Agencia de Protección Ambiental (Environmental Protection Agency) que llegan al 25% y se dispuso a revocar la regulación más ambiciosa del cambio climático de la administración Obama. El envío de miles de millones de dólares a los programas climáticos de las Naciones Unidas también es probable que sea bloqueado. Y ya se vieron reacciones ante la construcción de oleoductos en lugares protegidos, como es el caso de Standing Rock en Dakota.

Tales medidas emocionan a grupos conservadores como Heritage Foundation que comparten su desdén por las regulaciones federales y quieren que Washington le otorgue más control a los Estados. “Yo diría que es el peor desastre ambiental de todos los tiempos si tiene la capacidad de implementar los planes que ha esbozado”, dijo el Senador Ed Markey (D-Mass.)

El centro del enfoque de Trump sobre cuestiones de energía y medio ambiente se vincula con un profundo desprecio por la regulación federal y la burocracia, junto con el deseo de racionalizar las aprobaciones de permisos.

Con estas perspectivas, cabe señalar la presencia latina dentro de las casas de estudios en EU donde un promedio de 50 mil personas se doctoran cada año, la mitad son extranjeros. La ciencia en tiempos de Trump se llamó la conferencia en la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) donde participó el coordinador general del Foro Consultivo Científico y Tecnológico de Mésico, José Franco. “Un número muy importante de nuestros investigadores se prepararon en universidades de los Estados Unidos, en este momento hay cerca de 1.500 becarios del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) que cursan un posgrado en las universidades estadounidenses (…) Independientemente de las relaciones institucionales que tiene México con los Estados Unidos, es muy importante recordar que en el país vecino se doctoran 50 mil personas cada año, de los cuales, aproximadamente la mitad son extranjeros y un gran número de profesores y de jefes de laboratorio en ese país también son extranjeros”. También le cabió una autocrítica: “Si al contexto político internacional originado por Trump se le suma que el desarrollo de la ciencia en México ha sido raquítico, entonces las cosas adquieren tintes patéticos. No es algo que sea de hoy, a lo largo de muchas décadas se ha evidenciado que México no es un paladín del conocimiento en el mundo. La inversión en ciencia y tecnología, que a fin de cuentas es la que permite que crezcan tanto la infraestructura física como la humana, ha sido siempre raquítica, somos el penoso último o penúltimo lugar de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) en inversión en ciencia y esto es sin necesidad de Trump. Toda la política en contra de México tendrá repercusiones muy fuertes, porque nos agarra en un momento en que nuestro país tiene una industria que está muy poco desarrollada”, señaló el astrofísico mexicano.

En su web (https://www.marchforscience.com) mantienen una postura abierta frente a la inminente marcha: “Creemos que un grupo diverso de científicos produce una investigación más diversa, lo que amplía las fortalezas y enriquece la investigación científica, además de nuestro conocimiento del mundo. Debemos trabajar en hacer que la ciencia esté disponible para cualquiera y alentar a que la gente pueda seguir con sus carreras científicas”, expresan los responsables de la convocatoria.

En el About de March for Science, señalan: “Nos unimos como un grupo diverso y no partidista para defender el bien común desde la ciencia y para que los líderes políticos promulguen políticas basadas en el interés público. La Marcha por la Ciencia es una celebración de la ciencia. No se trata de científicos o políticos; se trata del rol que desempeña la ciencia en cada una de nuestras vidas y de la necesidad de respetar y fomentar la investigación que nos proporciona una visión del mundo. Sin embargo, la marcha ha generado una gran cantidad de debates sobre si los científicos deben involucrarse o no en la política. Frente a una tendencia alarmante hacia el descrédito del consenso científico y las restricciones al descubrimiento científico. Las personas que valoran la ciencia han permanecido en silencio durante demasiado tiempo frente a políticas que ignoran la evidencia científica y ponen en peligro tanto la vida humana como el futuro de nuestro mundo. Las nuevas políticas amenazan con restringir aún más la capacidad de los científicos para investigar y comunicar sus hallazgos. Nos enfrentamos a un futuro posible donde la gente no sólo ignora la evidencia científica, sino que trata de eliminarla por completo. Permanecer en silencio es un lujo que ya no podemos permitirnos. Debemos mantenernos unidos y apoyar la ciencia. Debemos sacar la ciencia de los laboratorios y revistas y compartirla con el mundo”.

En tanto, otro grupo de investigadores  fundó 314 Action, una organización que busca apoyar a los científicos que quieren llegar a cargos políticos. “Muchos de los científicos creen que la ciencia está por encima de la política, pero nos hemos dado cuenta que la política no está por encima de terminar involucrada en la ciencia”, afirmó Shaughnessy Naugthon, fundadora de la organización, a The Atlantic.

En Argentina, también permanecen encendidas las alarmas en el Ministerio de Ciencia y Tecnología por los achiques en los fondos destinados y cierta desidia en el vínculo con los investigadores por parte de las autoridades del actual Gobierno. Durante el discurso de Macri en la inauguración de las sesiones legislativas, se realizó una feria de ciencias al aire libre en la plaza del Congreso organizada por la comunidad científica en reclamo de más fondos para el sistema público de investigación, replicándose en varias ciudades del interior del país, en el marco de un paro científico nacional.

“Podemos discutir hacia dónde queremos que vaya la ciencia, hacia dónde necesitamos que vaya. Lo que no debería estar en discusión es el financiamiento, y lo que ocurre es que hubo una reducción aprobada por el Congreso del presupuesto para ciencia”, dice Jimena Rinaldi, una investigadora del Conicet que se dedica a estudiar la fotorrecepción en bacterias, presente en el reclamo.

La comparación con Trump se vuelve odiosa cuando en el caso de Argentina, Macri realizó su campaña electoral prometiendo duplicar el presupuesto en términos del PBI y luego finalmente lo redujo con un piso de 400 científicos que deberían haber entrado al Conicet y no pudieron hacerlo y de yapa para este año con un ingreso que es un 50 por ciento menor que el de 2015. En cambio, el inefable Donald, como con tantas otras cosas, cumplió con sus promesas.

“Los científicos no sólo están trabajando en laboratorios que usan uniformes blancos”, dijo Caroline Weinberg, escritora científica. “Están probando nuestro agua, desarrollando vacunas y ayudando a mantener nuestras granjas productivas. La Marcha por la Ciencia une a científicos y personas de todo el mundo que aman y aprecian la ciencia para unirse y asegurarse de que todos podamos seguir disfrutando de todos los beneficios que la ciencia nos da”.

El argumento principal contra la marcha depende de la idea de que “la ciencia no es política”. Estos opositores argumentan que la ciencia debe ser vista como objetiva, por lo que marchar a una manifestación pro-ciencia es, efectivamente, oponerse a una administración presidencial conocida por sus “hechos alternativos”, y esto contradice la búsqueda científica de evidencia objetiva y verdad.

Trump ha afirmado que el cambio climático es un engaño perpetuado por China y su recién confirmado administrador de la Agencia de Protección Ambiental es un conocido divulgador de esta teoría china. Trump también ha perpetuado el mito de que las vacunas causan autismo, una afirmación que ha sido desmentida varias veces por la investigación de especialistas. Tal vez la presencia abusiva de fake news lleven al autismo.

 

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Julián Doyle es editor de Screenshots. También escribe sobre temas de sociedad y cultura digital. Puede ser contactado en contacto@medioextremo.com.

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