Charlie

Es muy difícil analizar una masacre salvaje como la ocurrida ayer en Paris porque analizar es contextualizar y eso es demasiado parecido a justificar.

Doce personas, la mayoría dibujantes y periodistas, fueron acribillados por dos terroristas islamistas en la redacción de una revista satírica llamada Charlie Hebdo.  La noticia causó conmoción y dolor y dio la vuelta al mundo. Condena unánime a la ira irracional de los fundamentalistas religiosos, ataque sin precedentes a la libertad de expresión. Un 11-9 contra esas torres gemelas que son la palabra y la imagen  La revista publicaba dibujos del profeta Mahoma, consciente de que retratarlo es una blasfemia para millones de sus creyentes, por esas cosas místicas y medio inexplicables que tiene todo pensamiento religioso. Los asesinos salieron de la redacción gritando que habían vengado al Profeta.

El periodismo es una bestia insaciable y a la noticia había que agregarle contexto, agregarle análisis, agregarle explicación, aunque aclarando siempre y antes que nada que el analista, que el periodista,  condena lo que pasó. Ustedes lo vieron, lo escucharon, lo leyeron en los diarios, en las radios y en la tele y ahora en los blogs. Apurados, todos salimos a buscar un explicación.

La extrema derecha anduvo sin vueltas y le echó la culpa a la excesiva tolerancia con el crimen, con la inseguridad y con los inmigrantes islámicos que llegan a Europa escapando las interminables guerras de Medio Oriente, como si todo fuera parte del mismo paquete. En Francia Marine Le Pen pidió un plebiscito para reinstaurar la pena de muerte y en Grecia voceros del gobierno usaron el atentado como argumento para no votar a la izquierda en las elecciones del 25.

La extrema izquierda dijo que toda muerte es lamentable pero que en el fondo gran parte de la culpa la tiene Occidente en general y Estados Unidos en particular por iniciar guerras y matar a miles de personas en países islámicos. Olvidaron que ya se venían matando entre ellos mucho antes de que aparecieran los gringos, que la Irak de Sadam Hussein usó armas químicas contra la Irán del ayatola y después contra los kurdos de su país, que los muchachos del Estado Islámico se la pasan decapitando a sirios e iraquíes de su propia religión. Barack Hussein Obama no será un santo pero no odia al islam.

En el medio, miles de escenarios y contextualizaciones que inclinan la balanza hacia uno u otro extremo: Occidente asesino, Occidente víctima. Sin negar, claro, lo que hoy en día ya parece obvio: cualquier acto de terrorismo debe ser condenado y  toda la responsabilidad debe recaer sobre los individuos que lo planearon y lo cometieron. Quisiera agregar que ninguna blasfemia o insulto merece la pena de muerte, que todo castigo, si cupiera, debe guardar proporción con el hecho que se quiere castigar.

Quizá no sea oportuno analizar los límites de la libertad de expresión a la luz de semejante acto de barbarie, pero en homenaje a la irreverencia, a la incorrección política que invocaron los muertos de Charlie Hebdo para dibujar sus provocaciones, me permito un comentario.

La libertad de expresión nunca es absoluta. Un viejo fallo de la Corte Suprema estadounidense usaba el ejemplo de una persona que grita “¡fuego! ¡fuego!” en un cine y provoca una estampida. La pluma puede ser un arma poderosa, puede lastimar, no es inocente. En Argentina, como en muchos países de Occidente, la ley prohibe el uso de la simbología y el lenguaje nazi. Dibujar una cruz svástica está considerado un crimen de odio. Pero dicha condena no se extiende a Stalin, por ejemplo, cuando Stalin mandó a matar a muchos más millones de personas que Hitler. Es que Stalin ganó la guerra mientras Hitler la perdió. Dibujar a Mahoma está permitido ¿Pero está bien dibujar a Mahoma cuando ese dibujo insulta a millones de personas?   ¿Es necesario? Charlie Hebdo tenía problemas económicos y cuando públicó los dibujos supuestamente blasfemos vendió miles de ejemplares por encima de su tirada habitual. Ahora, por el atentado recibirá un subsidio millonario del gobierno francés. No digo que dibujaron a Mahoma solamente para vender más ejemplares pero eso también es contexto, aunque suene feo.

 

También tengo que decir, aunque pueda sonar feo, que el fanatismo religioso no es patrimonio exclusivo del islam, pero es el terrorismo islámico, no el de otras religiones, el que ataca con actos barbáricos, no sólo los valores básicos de la cultura occidental_libertad, tolerancia, democracia_sino también a su propia gente, con líderes importantes y no sólo terroristas que niegan el holocausto, que niegan el derecho de Israel a existir, que riegan de sangre a Medio Oriente desde hace décadas, alternando enemigos externos con guerras intestinas. Estados Unidos será la potencia dominante y tendrá sus culpas pero no es todo lo mismo. Un dibujante de la izquierda libertaria francesa no es un agente de la CIA. No es lo mismo insultar blasfemando que aterrorizar asesinando. Ningún dolor autoriza a transformarse en un monstruo.

 

 

Publicado el 8 de enero de 2015.

 

 

About Author

Santiago O'Donnell es el director general de Medio Extremo. Es editor jefe de internacionales en Página 12. Y autor de tres libros: ArgenLeaks, Politileaks y Derechos Humanos® La historia del CELS. Antes de MX, trabajó en Los Angeles Times, The Washington Post y La Nación. Escribile a contacto@medioextremo.com

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