Misiles por cohetes

 

Conrado Varotto no tendrá un nombre muy conocido, pero en términos políticos es una especie de Julio Grondona de la alta tecnología . O sea, el científico más poderoso e influyente de las últimas cuatro décadas. Nacido en Italia, criado en Argentina desde los nueve años, doctorado en física en el Instituto Balseiro de Bariloche, especializado en la universidad de Stanford en Silicon Valley, creó y dirigió entre 1976 y 1991 a la empresa estatal de alta tecnología llamada INVAP, especializada en desarrollo de energía nuclear y proyectos aeroespaciales. Desde 1994 es el director ejecutivo de la CONAE, la agencia que lleva adelante el programa espacial argentino.

En el 2006 Varotto quería construir un cohete. Un cohete que sirviera para poner en órbita los satélites argentinos que el INVAP y la CONAE venían desarrollando y construyendo desde la década del 90. Varotto estaba convencido de que el cohete sería un gran avance, tanto en términos económicos como de soberanía. Con cohete propio, Argentina podría poner en órbita sus satélites sin tener que alquilar cohetes extranjeros lanzados desde plataformas en el exterior. Esto es, sin depender de las prioridades, disponibilidades y precios de terceros países. Sólo diez países en el mundo podían hacer eso y Varotto quería que Argentina ingrese en tan selecto club.

El plan sonaba bien, pero Varotto tenía un problema. La tecnología que usa un cohete para transportar un satélite es prácticamente la misma que usa un cohete para transportar una bomba. O sea, en términos prácticos, un cohete satelital es casi lo mismo que un misil. Y Argentina le había prometido a Estados Unidos que no iba a construir más tecnología para misiles. Por lo tanto había prometido que no iba a desarrollar cohetes. La promesa argentina de no hacer cohetes “por un tiempo razonable” data de principios de la década del 90, durante las llamadas “relaciones carnales” del gobierno de Carlos Menem, poco antes de que Varotto se hiciera cargo de la CONAE.

Argentina venía de desmantelar el proyecto Cóndor, una colaboración con Irak y Egipto iniciada después de la guerra de las Malvinas para desarrollar un misil de largo alcance. A cambio del desmantelamiento Argentina había sido premiada con el título de “Aliado extra-OTAN”. Además, en lo que se refiere específicamente a los misiles, a partir del desmantelamiento del Cóndor, Argentina pudo acceder en 1993 a un selecto grupo de 34 países aliados a Estados Unidos que comparten membresía en el llamado MTCR, un tratado de no proliferación de misiles balísticos. El MTCR impone limitaciones a la transferencia de tecnología misilística pero también funciona como una especie de certificado de buena conducta en la materia. En abril del 2011 la reunión anual del MTCR se hizo en Buenos Aires.

Sin embargo, Argentina sigue dependiendo de cohetes estadounidenses lanzados desde bases militares de ese país para poner sus satélites en órbita. El último, el satélite argentino Aquarius, fue lanzado en junio del 2011 en un cohete Delta II de la NASA desde la base Vanderburg en Santa Bárbara, California. Al mismo tiempo la CONAE sigue trabajando en su cohete lanzasatélite, el Tronador II. Esta semana un primer prototipo de este cohete fue lanzado desde la base naval de Punta Indio, provincia de Buenos Aires. Pero la fabricación del cohete satelital argentino viene sufriendo sucesivas demoras y postergaciones y en los cálculos más optimistas todavía le faltan dos años más de desarrollo.

Mientras tanto, desde por lo menos el 2009, militares argentinos trabajan abiertamente en la fabricación de un misil de largo alcance. El Centro de Investigaciones Científicas y Tecnológicas para la Defensa, CITEDEF, desarrolló y lanzó en 2011 un cohete-misil, el Gradicom 2, que llega a los cien kilómetros de altura. Actualmente el CITEDEF, que depende del ministerio de Defensa, está desarrollando otro cohete, el Orbit, que triplicaría el alcance del Gradicom 2.

Según una serie de cables diplomáticos estadounidenses que van desde el 2006 al 2009, filtrados por la organización Wikileaks, los dos proyectos, el del cohete militar y el cohete satelital, entraron en conflicto y provocaron una pelea interna dentro del gabinete de Cristina Kirchner. Según muestran esos cables, tras un paciente trabajo de ablande por parte de Varotto y otros funcionarios argentinos, y después de superar algunos resquemores iniciales, Washington había aceptado permitir la fabricación del cohete satelital, a cambio de supervisar de cerca su desarrollo.

Los cables señalan que a su vez el gobierno argentino había aceptado los términos exigidos por Estados Unidos para darle luz verde al proyecto. Sin embargo, la aparición de proyectos misilísticos con tecnología francesa, alentados por el ministro de Planificación Julio De Vido y la entonces ministra de Defensa Nilda Garré, así como el desembarco de técnicos militares en el CONAE descolocaron a Varotto ante sus interlocutores estadounidenses. El último cable de la serie muestra a Varotto buscando tomar distancia del proyecto misilístico y a la embajada renovándole el crédito al director de la CONAE, pero claramente preocupada por el doble juego argentino.

La serie arranca con un cable de septiembre del 2006. Todavía no se habla del cohete, pero Estados Unidos acababa de votar en contra de un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo para que argentina desarrolle un satélite asociado con Italia. La embajada le comunica a Varotto y a un funcionario de la cancillería argentina que el voto no es en contra de Argentina, sino que parte del convencimiento de Estados Unidos de que los préstamos del BID deben enfocarse en “necesidades más inmediatas de desarrollo”. Varotto contesta que el voto “hará mi vida más difícil,” dando a entender que sería aprovechado por sectores más belicistas o antiestadounidenses dentro del gobierno.

Varotto de la CONAE le dijo a un Funcionario de la Embajada que el voto de EE.UU. “hará mi vida más difícil”. Explicó que, si bien todos los proyectos espaciales de Argentina están diseñados para promover el desarrollo económico y social, este mensaje de desarrollo será ahora más difícil de transmitir a quienes dentro del gobierno argentino determinan el presupuesto de la agencia.

El siguiente cable, de septiembre del 2007, va directo al grano: Varotto quiere fabricar un cohete. El despacho diplomático describe a un Varotto enérgico, determinando y con suficiente experiencia como para hablar de la historia del programa aéreo espacial argentino en términos personales, hablando desde el lugar de un protagonista que ha vivido esas sensaciones. El comienzo del cable es bastante elocuente:

Resumen —-El jefe de la agencia espacial argentina Dr. Conrado Varotto dijo que el desarrollo de un vehículo de lanzamiento espacial es esencial para el programa espacial de Argentina, y que Argentina ha perseguido el desarrollo de esa capacidad durante años de manera transparente. Varotto hizo hincapié en el compromiso de la Argentina con el Régimen de Control de Tecnología de Misilística (MTCR) y expresó su disposición personal para reunirse con funcionarios de Estados Unidos para explicar la posición de Argentina, abordar las preocupaciones de Estados Unidos sobre la dirección del programa espacial de Argentina, y trabajar hacia una solución mutuamente aceptable. Fin del resumen.

El cable describe el tono de Varotto como “agitado” cuando su interlocutor en la embajada de le hablaba de un compromiso que había asumido Argentina de no fabricar cohetes.

Varotto pareció agitado cuando el funcionario de la embajada señaló que desde 1992 Argentina había dado varios reaseguros en el sentido de que no procuraría tecnología autóctona para fabricar vehículos de lanzamiento de al espacio (SLV). Contestó que Argentina tiene un largo historial en la búsqueda de ese desarrollo de forma transparente. Varotto indicó que el primero de esos pasos se tomó en 1994, cuando él mismo le llevó a un miembro del personal de la embajada (el «asesor científico») el borrador del capítulo del Plan Espacial de Argentina que articulaba claramente el deseo de Argentina de desarrollar capacidad SLV. El funcionario de la embajada consultó con sus superiores en Washington y más tarde dijo que el gobierno de Estados Unidos no tenía ningún problema con el documento, según dijo Varotto. Afirmó que esa «garantía» llevó a la firma de un decreto presidencial del Gobierno de Argentina GOA en 1997 que especifica que Argentina debería tener acceso al espacio, lo cual a su vez condujo a sociedades eventualmente abortadas con Lockheed y con Brasil y Ucrania.

A continuación, según el cable, Varotto argumentó que la promesa argentina había expirado. La promesa, hecha en 1992 consistía en no fabricar cohetes en el “foseeable future” o sea un futuro predecible o inmediato. Y ya habían pasado quince años.

Varotto también señaló que cuando el entonces ministro de Relaciones Exteriores de Argentina Di Tella aceptó el desmantelamiento del misil Cóndor en la década de 1990 y se comprometió a evitar el desarrollo de SLV, el compromiso era sólo «para el futuro previsible.» Varotto sostenía que nada más allá de 5-7 años se podía considerar «previsible». Cuando el funcionario de la embajada le recordó a Varotto que el gobierno de Argentina había reiterado su compromiso en el año 2000, Varotto dijo que el gobierno de Argentina había afirmado entonces que era necesario desarrollar capacidad SLV, y que no ha cambiado su punto de vista.

Cuatro meses después del planteo de Varotto la embajada contestó en febrero del 2008 con una recomendación al Departamento de Estado para que apruebe el pedido argentino. El autor del cable reconoce que el argumento de Varotto sobre el “futuro previsible” es bastante convincente.

El Gobierno de Argentina entiende que los argumentos sólidos en contra de todos los puntos anteriores existe, pero cree que tiene una carta de triunfo. Es decir, el Gobierno de Argentina cree que debido a que calificó sus garantías al gobierno de Estados Unidos y para ingresar al MTCR con la frase «en el futuro inmediato», en lugar renunciar al desarrollo SLV para siempre, sostiene que esas garantías ya no son válidas. Argentina ha tenido ocho presidentes diferentes desde 1992, argumenta, y no es razonable exigir coherencia en las políticas a través de tantos cambios y durante casi dieciséis años en ausencia de un acuerdo internacional más vinculante. (Comentario: Encontramos considerable mérito en este argumento Fin de Comentario).

El cable, firmado por el entonces embajador Earl Anthony Wayne, concluye que lo mejor para los intereses de Estados Unidos es permitir el desarrollo de un cohete argentino, y a cambio de tener información detallada y control directo sobre su desarrollo y fabricación.

 –Nuestra recomendación: Aprovechar al máximo de la situación— Debido a que no tenemos conocimiento de ninguna información que indique que el programa SLV de Argentina representa un peligro para la no proliferación (de armas de destrucción masiva), y tomando en cuenta los factores citados anteriormente, consideramos que el mejor camino para alcanzar una solución mutuamente aceptable y definitiva a este irritante de larga data sería liberar Argentina de sus compromisos 1992. Como condición, podríamos pedir que Argentina nos informe sobre su programa y lo mantenga abierto al MTCR y/o a expertos que nosotros elijamos, un paso que Varotto ha indicado que el Gobierno de Argentina está dispuesta a dar (aunque Varotto también señaló que los dirigentes políticos de Argentina, probablemente sólo estarán de acuerdo con informes / inspecciones discretos). Convertir las promesas de transparencia de VAROTTO en acciones será un esfuerzo conjunto, en nuestra opinión. Además, tal curso de acción sería interpretado por el Gobierno de Argentina como un gesto de amistad, y sería visto como un reconocimiento y reivindicación de la fuerte vocación de lucha contra la proliferación en Argentina desde la cancelación del programa Cóndor. Lo mejor para todos, sería cerrar este tema sin costos, lo cual nos da poder para intervenir en caso de desarrollos de programas que dan lugar a preocupaciones sobre la proliferación, y demostrar que hablamos en serio cuando decimos que todos los estados deberían poder cosechar los beneficios del espacio con fines pacíficos. WAYNE

El siguiente cable de la serie parte del Departamento de Estado. Dice que Washington acepta el cohete aunque no le guste y está dispuesto a negociar, siempre y cuando Argentina le garantice acceso y poder de supervisión. El despacho de mayo del 2008 contiene una larga descripción del conflicto a partir de la decisión de Argentina en los años ochenta de desarrollar un misil. El cable recuerda que Argentina intentó disimular ese desarrollo misilístico, diciendo que se trataba de un cohete para lanzar satélites, ya que las tecnologías para fabricar uno u otro vehículo son prácticamente idénticas. Ese antecedente hacía que Washington desconfíe de cualquier propuesta para un cohete argentino, señala el cable. Ahora el Departamento de Estado se entera que Varotto y la CONAE están desarrollando un cohete, el Tronador, en la misma fábrica de Falda del Carmen, Córdoba, donde había funcionado la fábrica del Condor II, advertía con preocupación el cable diplomático.

En la década de 1980 / principios de 1990, Argentina participó activamente en el desarrollo del programa de misiles balísticos Cóndor, que claramente tenía la intención de producir misiles militares MTCR Categoría I, incluso para exportar a Egipto e Irak. (NOTA:.. Un sistema de misiles MTCR Categoría I es el que puede transportar una carga útil de por lo menos 500 kg a un alcance de al menos 300 kilometros FIN NOTA) El programa Cóndor generaba una grave preocupación de proliferación de misiles y un irritante importante en nuestra relación bilateral. Esa situación se vio agravada por los intentos de la Argentina de camuflaje – y por lo tanto mantener – el programa Cóndor llamándolo un SLV. El programa de SLV y los misiles balísticos son casi idénticos en diseño, fabricación y funcionamiento. Sus tecnologías son esencialmente intercambiables, y prácticamente no hay tecnologías que apoyan el desarrollo SLV que no faciliten también el desarrollo de misiles balísticos. Cualquier cohete capaz de poner en órbita un satélite también es, por definición, un MTCR Categoría I. También es intrínsecamente capaz de transportar armas de destrucción masiva (WMD) contra objetivos en tierra, y muchos países han cargado con armamento los mismos cohetes que usaron para lanzar satélites.

Al final del cable Washington le indica a la embajada cuáles son los reaseguros necesarios que los diplomáticos deberían exigirle a los funcionarios argentinos para facilitar la aceptación del proyecto para desarrollar el cohete satelital.

En particular, instamos a que su gobierno acceda a consultas anuales sobre la situación del programa SLV de Argentina – y que, cuando sea necesario y apropiado, se discutan posibles importaciones / exportaciones en relación con el programa -, así como la opción de periódicos inspecciones de funcionarios estadounidenses. – Además, nos gustaría pedir que Argentina haga una presentación ante sus socios del MTCR explicitando su intención de desarrollar un programa SLV. También exhortamos a Argentina a describir su programa SLV en su declaración anual ante el Código Internacional de Conducta contra la Proliferación de Misiles Balísticos de La Haya (ICOC). Sabemos que Argentina comparte nuestro compromiso con los esfuerzos internacionales de no proliferación y esperamos seguir cooperando estrechamente con la Argentina en cuestiones de interés mutuo. Esperamos que podamos trabajar juntos para hacer frente al tema SLV tema de una manera satisfactoria para ambas partes. FIN DE PUNTOS DE DISCUSIÓN

Diez días más tarde la embajada le contestó al Departamento de Estado. Informó que continuaba el dialogo con Varotto y que el director de la CONAE había dicho que la decisión de aceptar la propuesta norteamericana lo tomarían la presidenta Cristina Kirchner y sus asesores más cercanos. Existe incertidumbre acerca del desenlace. El cable da cuenta del lanzamiento del cohete Tronador I en Puerto Belgrano, al que fue invitado el delegado científico de la embajada, pero no militares estadounidenses. Varotto dijo que los militares habían sido excluidos del lanzamiento “para que nadie se imagine que el programa SLV tiene un componente militar.” El cable de fines de mayo del 2008 arranca con el siguiente resumen:

El jefe de la agencia espacial de Argentina confía en que eventualmente el Gobierno de Argentina aceptará a la solicitud de una mayor transparencia en el programa de desarrollo de un vehículo de lanzamiento espacial (SLV) de Argentina. Sin embargo, explicó que la decisión será tomada al más alto nivel político, y es probable que el nivel de intrusión de las medidas que proponemos sea objeto de una evaluación. También sospechamos que el gobierno de Argentina le pedirá al gobierno de Estados Unidos que lo libere formalmente de su compromiso de 1992 de no desarrollar un SLV antes de permitir que su programa sea completamente transparente.

Dos meses más tarde, durante una visita a la CONAE del responsable de Educación Ciencia y Tecnología de la embajada el 31 de julio del 2008, Varotto le informó que Argentina aceptaba las precondiciones estadounidenses para avalar el desarrollo del cohete argentino.

Varotto le informó al Funcionario de Educación, Ciencia y Tecnología que el gobierno de Argentina aceptaba todos términos y condiciones que se han establecido. Varotto dijo que, como Director del CONAE, su aprobación era autorizada y vinculante, y que no hacían falta más aprobaciones de otros organismos del gobierno. Varotto pidió que el gobierno de Estados Unidos considere a la CONAE como el interlocutor oficial para todos los temas referidos al programa SLV, y pidió que el gobierno de Estados Unidos canalice toda su comunicación a través de la CONAE. Varotto afirmó que otros organismos del gobierno argentino estarán involucrados en el diálogo bilateral, pero como cabeza de proyecto del programa SLV, la CONAE servirá como foco central del gobierno argentino.

El Departamento de Estado contestó un mes más tarde que aceptaba la promesa argentina de aceptar que el desarrollo de su cohete sea supervisado por Estados Unidos. EL cable, fechado 3 de septiembre del 2008 instruía a la embajada a transmitir la aceptación del acuerdo por parte de Washington, más algunas precisiones sobre cómo se podría llevar adelante la supervisión.

Se solicita a la Embajada Buenos Aires que transmita lo siguiente al director de la CONAE Varotto y a las autoridades correspondientes de la cancillería argentina: — Estados Unidos valora y agradece que Argentina acepte ofrecer una total transparencia en su programa SLV, incluidas las consultas anuales sobre el estado del programa y la importaciones / exportaciones vinculadas al programa, además de la opción de las visitas periódicas. —A Estados Unidos le agradaría recibir un «informe de situación» del programa SLV de Argentina y estaría dispuesta a acoger una reunión a tal efecto en Washington, DC a finales de enero o principios de febrero de 2009. — Estados Unidos visualiza consultas anuales entre Estados Unidos y Argentina sobre el programa SLV, en reuniones de medio día o de un día, que se celebrarían en una fecha mutuamente convenida cada año y que estas discusiones se llevarían a cabo, ya sea en Washington o en Buenos Aires (el lugar se alternaría). Lo ideal sería que la primera de esas consultas se lleve a cabo en Buenos Aires, entre mayo y julio del 2009.

En enero del 2009 el acuerdo seguía viento en popa. Un cable del Departamento de Estado le pedía a la embajada que contacte a Mariotto para arreglar una presentación en la capital estadounidense del plan argentino para hacer el cohete.

Solicitamos que la Embajada en Buenos Aires transmita al director de la CONAE Varotto y otros funcionarios de Argentina involucrados en el tema, el interés de Estados Unidos en recibir un informe de “estado de situación” del programa SLV argentino, tal como se ha acordado. También le pedimos a la embajada que averigüe si funcionarios argentinos estarían dispuestos a reunirse en Washington DC el 19 o el 20 de febrero, y si prefieren empezar la reunión a las 9:30 de la mañana o a las 2 de la tarde. Como alternativa proponemos el 27 de febrero para la presentación del informe. Si ninguna de esas fechas le sirve al gobierno de Argentina, la embajada le debería pedir a los funcionarios argentinos que propongan fechas alternativas, incluso en marzo. NOTA: Funcionarios estadounidenses no estarán disponibles en la semana del 9 de fe3brero. FIN DE NOTA. Una vez que hayamos acordado una fecha le daremos al gobierno de Argentina una lista de participantes de Estados Unidos para coordinar la logística.

El ultimo cable de la serie es de diciembre del 2009 y marca un quiebre con los demás. Argentina estaba por lanzar un cohete fabricado por los militares y ya no ocultaba su intención de construir un misil. Varotto trató de explicarle a los norteamericanos que se trataba de un emprendimiento separado del suyo. Destacó que el cohete de los militares funcionaría con combustible sólido (una vez encendido, el motor no se puede apagar) mientras que el suyo funcionaría con combustible líquido. Afirmó taxativamente que él no tiene nada que ver con los militares, pero confesó que fue invitado al lanzamiento. Según dijo Varotto, no aceptó ir al lanzamiento pero le pidió a los militares que prueben un componente del cohete de la CONAE en el cohete militar para ver si funcionaba a gran altitud. Nada de colaboración: apenas una gauchada de los militares, intentó explicar.

Varotto también informó al Consejero de Educación, Ciencia, Tecnología y Salud de la embajada sobre el lanzamiento previsto el 17 de diciembre de un cohete sonda construido por la agencia de investigaciones del Ministerio de Defensa, CITEFA. Señaló que había recibido una invitación de CITEFA para asistir al lanzamiento, que erróneamente se promocionaba como parte del programa SLV. Varotto dijo que había escrito a CITEFA para protestar por esta caracterización y declinar la invitación al lanzamiento. Explicó que la CONAE sólo le había pedido a CITEFA que permita que la CONAE coloque equipos de dirección en el cohete sonda con el fin de probar el equipo a gran altura, nada más. De ninguna manera está cooperando CITEFA con la CONAE en el desarrollo del SLV, subrayó. Varotto estaba preocupado por lo que podría ser percibido como una «militarización» de un programa puramente civil como es el desarrollo del SLV de la CONAE. Reiteró su pleno compromiso con la transparencia y quería asegurarse de que Washington estuviera informado. Creía que CITEFA había entendido mal el alcance de su cooperación con la CONAE. «No tenemos ningún acuerdo por escrito para cooperar con CITEFA en el vehículo de lanzamiento espacial», dijo Varotto «, “y no tiene sentido para nosotros que lo hagamos.» Explicó que el SLV está diseñado como un lanzador de combustible líquido, mientras CITEFA solo maneja cohetes de combustible sólido.

Según el cable, Varotto contó que estaba preocupado porque el ministro de Planificación, Julio De Vido estaba negociando fabricar misiles de corto alcance con la firma francesa Dessault y porque funcionarios de Fabricaciones Militares habían estado visitando el centro espacial en Falda del Carmen como avanzada de un proyecto para fabricar el misil en el mismo lugar donde la CONAE fabricaba el cohete satelital, combinando ambos programas. (Fabricaciones Militares pasaría del ámbito del ministerio de Planificación al de Defensa en junio de 2013). Antes de denunciar la injerencia de De Vido, Varotto pidió a los estadounidenses que no digan nada de lo que estaba por contar:

Tras solicitar confidencialidad, Varotto compartió un problema «grave» que creía que podría afectar al programa SLV de la CONA. Dijo que el fabricante de equipos militares francés militar francés Dassault se había contactado con Fabricaciones Militares (una empresa estatal bajo la esfera del ministro de Planificación De Vido) para explorar la posibilidad de renovar viejos cohetes militares argentinas de combustibles sólidos de corto alcance (30-40 km), para venderlos en la región. Funcionarios de Fabricaciones Militares habían visitado el Centro Espacial de la CONAE en Córdoba, donde el SLV se está desarrollando. Varotto dijo que más tarde se enteró de que el motivo de la visita fue que el Ministerio de Planificación está considerando el uso de algunas de las instalaciones y la maquinaria para la fabricación de cohetes de combustible sólido de la CONAE.

Varotto les contó a los diplomáticos estadounidenses que para detener la «militarización del proyecto de la CONAE había acudido al entonces canciller Jorge Taiana, ya que en el organigrama del gobierno, la CONAE dependía del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Varotto dijo que se comunicó inmediatamente con el canciller Taiana (el jefe titular del programa espacial de Argentina) para indicar de manera inequívoca que la CONAE se opone totalmente a cualquier uso militar de sus instalaciones. «Esto significaría el fin del programa SLV para la Argentina», subrayó. «Alguien tendría que asumir la responsabilidad por esto». 

La disputa por independencia de la CONAE había derivado en una interna ministerial entre Taiana, por un lado y De Vido y la entonces Ministra de Defensa Nilda Garre por el otro, Varotto le informó a la embajada.

Si bien parece que al final Dassault decidió negociar con los brasileños en lugar de los argentinos, Varotto dijo que Fabricaciones Militares está considerando llevar adelante su propio proyecto de cohetes de fabricación para el uso de los militares argentinos y para vender a militares en la región. Dijo que el ministro de Planificación, Julio De Vido está impulsando esta idea para reequipar completamente el centro espacial de la CONAE para fabricar cohetes militares. La situación ha escalado en una confrontación entre el Ministro de Relaciones Exteriores Taiana contra el Ministro de Planificación De Vido y la Ministra de Defensa Nilda Garré, dijo Varotto. Añadió que había pedido al canciller Taiana que presente una apelación personal  a la Presidenta. «Es una cuestión existencial para nosotros», dijo, «por eso apelo a la Presidenta.» Varotto insistió en que «compartir nuestro centro espacial civil con la fabricación militar significaría el final de nuestro programa de SLV.» Hizo hincapié en que la CONAE se opone completamente a que los dos proyectos convivan dentro del mismo centro. Además, dijo, el centro espacial está totalmente centrado en el desarrollo de los propulsores de combustible líquido y no está equipado para la fabricación a gran escala de los cohetes de combustible sólido.

El comentario final del cable firmado por la entonces embajadora Vilma Soccorro Martínez, muestra a un Varotto buscando salvar su “credibilidad” después de haber prometido en reiteradas oportunidades que el cohete que Argentina buscaba desarrollar tenía fines pacíficos. Ahora debía explicar que en Villa María, a 170 kilómetros al sur del centro espacial de Falda del Carmen, los militares argentinos estaban desarrollando otro cohete, pero con fines bélicos. Y además debía convencer a los estadounidenses de que los dos cohetes no tenían nada que ver, a pesar de que los militares hacían un seguimiento in situ del cohete de la CONAE, y la CONAE probaba su instrumental en el cohete de los militares. El cable destaca la relación de años de cooperación entre la CONAE de Varotto y la NASA, la agencia espacial estadounidense. Es en función de esa larga y estrecha relación que el cable finaliza dándole a Varotto el beneficio de la duda.

Comentario: Varotto estaba claramente preocupado por el daño a su credibilidad, e insistió en que se transmita a Washington su compromiso inquebrantable con la plena transparencia. El programa espacial de Argentina implica mucho más que el proyecto SLV, y CONAE ha tenido durante muchos años una cooperación muy productiva con la NASA en el diseño y la construcción de satélites (el más reciente, el SAC-D, será lanzado desde California a finales de 2010.) Varotto no quiere que rumores de un posible uso militar de su centro espacial ponga en peligro la cooperación espacial con los Estados Unidos. Al final, él confía en que CFK mantendrá el enfoque civil de larga data de la investigación espacial y dejará que CONAE mantenga el uso exclusivo de su centro espacial en Córdoba. Fin de comentario. MARTINEZ

Desde entonces, en los papeles, los dos proyectos de cohete avanzan por carriles separados. La CONAE mantuvo el control exclusivo del centro espacial en Falda del Carmen, pero sufrió demoras por problemas presupuestarios mientras el gobierno priorizaba el trabajo de CITEFA, que en julio de 2011 lanzó en La Rioja el cohete Gradicom 2, prototipo de un cohete de «aplicación dual» (militar y civil) que a futuro pueda usarse como misil,  según la explica propia CITEFA, en su página web.

Aunque la finalización  de la filtración de Wikileaks no permite conocer los intercambios más recientes, es razonable suponer que la decisión del gobierno de Cristina Kirchner de reconocer el componente bélico de su programa aeroespacial habría inhibido la colaboración de la NASA con la Argentina. Sin embargo, un mes antes del lanzamiento del Gradicom II la NASA puso en órbita un satélite de observación fabricado por la CONAE.

En noviembre del 2013 el sueño de Varotto  volvió a cobrar impulso. Fue cuando el gobierno transfirió a la CONAE del ámbito de Cancillería al del Ministerio de Planificación, a la vez que duplicaba el presupuesto de la agencia. Con fondos frescos (dos mil millones de pesos presupuestados para los próximos dos años) y liberada del tutelaje del Departamento de Estado, la CONAE retomó el proyecto a toda máquina. Esta semana se probó el primer prototipo del cohete desde la base naval de Punta Indio y se anunció que el Tronador II estaría listo para despegar a fines del 2015.

«El plan Nacional Satelital también incluyó la recuperación de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), organismo que había sufrido el desmantelamiento de la década del ’90 estableciéndose su pase bajo la esfera del Ministerio de Planeamiento Federal, Inversión Pública y Servicios. Nuestra cartera designó el incremento de su presupuesto para así potenciar su acción de campo», escribió De Vido este domingo en el suplemento especial «Soberanía y desarrollo tecnológico» del diario Página/12.

Los tiempos cambian.  De Vido y los militares ya no representan una amenaza para el cohete de Varotto, ahora son sus salvadores. El 13 de noviembre de 2013  Varotto condujo a un grupo de periodistas en un tour del hangar de la base militar de la Armada donde se hacen los ensayos del el cohete. De Vido también iba a participar, pero su helicóptero no pudo despegar de Buenos Aires por la lluvia.

Los tiempos cambian. Los misiles se disfrazan de cohetes lanza-satélites, después desaparecen, después resurgen los lanza-satélites, después reaparecen los misiles y después se reactivan otra vez los lanza-satélites pero esta vez sin la NASA y con los militares, que ya no disimulan sus planes para hacer misiles.

 

Todo pasa en el espacio argentino. Todo, menos Varotto.

 

 Publicado el 9 de noviembre de 2013.

 

About Author

Santiago O'Donnell es el director general de Medio Extremo. Es editor jefe de internacionales en Página 12. Y autor de tres libros: ArgenLeaks, Politileaks y Derechos Humanos® La historia del CELS. Antes de MX, trabajó en Los Angeles Times, The Washington Post y La Nación. Escribile a contacto@medioextremo.com

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