Lula

 

 

(Extracto de mi libro Politileaks dedicado al Mundial de Brasil 2014 )

 

Según un cable diplomático estadounidense de octubre de 2003, el único obstáculo en ese momento a la creación de un tratado de libre comercio continental, más conocido como ALCA,  era Brasil. Mejor dicho, el gobierno brasileño de Luiz Inácio Lula da Silva. Y, más precisamente, algunos sectores del gobierno de Lula, en particular la Cancillería, a la que el cable de la Embajada cita como “Itamaraty” y a la que le atribuye un importante grado de autonomía.

 

El cable cuenta que el entonces jefe de gabinete de Lula, José Dirceu, actualmente preso por corrupción, había visitado la Embajada para decirle a la embajadora estadounidense en Brasilia, Donna Hrinak, que Brasil quería el ALCA y que Lula le había pedido a Dirceu que se encargara personalmente del asunto. Pero, en la misma reunión, Dirceu también le aclaró a la embajadora que Itamaraty le respondía a Lula y le aclaró específicamente que Lula apoyaba la propuesta que había presentado el canciller Celso Amorim en una cumbre de cancilleres en Trinidad y Tobago la semana anterior. Esa propuesta, hecha en nombre del Mercosur, reducía el ALCA prácticamente a la nada, delegando los temas que le interesaba negociar a Estados Unidos a la Organización Mundial de Comercio.

 

El cable dice que en ese momento Brasil estaba partido con respecto al ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas, o FTAA  en inglés) Como muestra de las divisiones dentro y fuera del gobierno de Lula, el despacho destaca las duras críticas del ministro de Agricultura a la Cancillería por su actuación en Trinidad y Tobago (la define como “una vergüenza”), y las quejas del ministro de Desarrollo porque Itamaraty no había consultado a la poderosa CAMEX, la Cámara Brasileña de Comercio Exterior, antes de presentar su propuesta en la cumbre caribeña.

 

Más aún, el cable diplomático de la embajadora Hrinak observa que Brasil estaba cada vez más solo en su oposición al ALCA entre los 34 países de Norteamérica, Sudamérica, Centroamérica y el Caribe que negociaban el tratado. Como evidencia de ese creciente aislamiento, señala que, a duras penas, Brasil había logrado que Paraguay y Uruguay acompañaran su propuesta en nombre del Mercosur, después de un fuerte cruce de declaraciones que “dio la nota” en la cumbre de Trinidad y Tobago. También dice que el presidente de la delegación argentina, Martín Redrado, entonces secretario de Comercio Exterior, se había retirado de la cumbre un día antes para no estar presente en la votación, tomando distancia de Brasil.

Por entonces, Néstor Kirchner llevaba seis meses al frente del gobierno argentino y Hugo Chávez cuatro años al mando del ejecutivo venezolano, y los estadounidenses no registraban ninguna resistencia de parte de ellos a la idea del ALCA. Por el tenor del cable, en la Embajada no imaginaban que dos años más tarde Lula, Kirchner y Chávez se unirían para derrotar al ALCA en la histórica cumbre de Mar del Plata. En 2003, en cambio, para los estadounidenses Lula estaba solo y ni siquiera tenía el apoyo de importantes sectores de su gobierno. A su juicio, sólo faltaba un empujoncito para que el ALCA se hiciera realidad.

El cable se titula con una pregunta que hoy suena ingenua: “¿Podrá aflojarse el ahorcamiento de Itamaraty al ALCA?“

 

Si el ALCA venía “ahorcado”, no era porque la cultura burocrática nacionalista de Itamaraty se encaprichaba en arruinarle la fiesta a todos los americanos del continente. O sí, era eso, pero también era mucho más. Ningún ministerio puede torcer la voluntad de su presidente y la de los jefes de Estado de 34 países soberanos, todos al mismo tiempo, para frustrar algo que todos quieren. En todo caso, fueron la fuerza de un poderoso jugador y las movidas de un hábil negociador; de un presidente Lula no tan aislado como la embajadora imaginaba, presionando sobre los cuellos de botella del complejo tratado comercial, ganando tiempo sin confrontar, mientras juntaba fuerzas y reunía voluntades dentro y fuera de su gobierno para derrotar a la iniciativa del gobierno de George W. Bush. El autor del cable parece sobreactuar su optimismo, citando a los chupamedias de siempre como prueba de que el apoyo al ALCA era poco menos que abrumador. El cable empieza, justamente, con la visita de Dirceu:

 

El Jefe de Gabinete José Dirceu transmitió al embajador durante un almuerzo de trabajo el 10 de octubre que el presidente Lula quiere un ALCA y que Lula había indicado al ministro de Relaciones Exteriores Amorim que trabaje con el Secretario del Tesoro Zoellick a tal fin, cuando (si) se reúnen a finales de octubre. Dirceu comentó que la posición del ministro Amorim en el gobierno es muy fuerte dados los éxitos de la política exterior de Itamaraty en los últimos seis meses, pero también hizo hincapié en que el presidente Lula establece la política y que Itamaraty se encarga de llevarla a cabo. Dirceu dijo que el presidente le encargó seguir personalmente las negociaciones del ALCA más de cerca, y que tenía previsto hablar directamente con los Ministros Rodrigues (Agricultura) y Furlan (Desarrollo) para comprender mejor sus preocupaciones.

 

Una vez presentado como delegado de Lula para negociar el ALCA, Dirceu chicaneó a la embajadora con el argumento de siempre:

 

En esencia, preguntó cómo puede esperar nuestro gobierno que incluyamos temas sensibles para Brasil como propiedad intelectual, servicios, inversiones, y compras del gobierno en las negociaciones si no van a discutir agricultura.

 

La embajadora también contestó lo de siempre: que sí, en el tema agrícola pueden tocar muchas cuestiones para facilitar el acceso al mercado estadounidense pero lo único que no se puede discutir son los subsidios agrícolas. A su turno, Dirceu dijo que no pensaba que Estados Unidos hiciera algo al respecto ese año electoral, desafiando a la embajadora a poner algo nuevo sobre la mesa. Ya en 2003, el libreto era archiconocido.

 

Tras dar cuenta de la charla con Dirceu, el cable expone los datos y las reflexiones de dos altos funcionarios

brasileños, Paulo Venturelli del ministerio de Agricultura y Arno Meyer del ministerio de Economía. Ambos se muestran como entusiastas promotores del ALCA. Y ambos le echan la culpa por la falta de avances a Itamaraty, pero se cuidan muy bien de no culpar a Lula. Así describe el diálogo con Venturelli:

 

En una conversación con el cónsul económico en Trinidad y Tobago, Venturelli había comentado que los negociadores de Itamaraty estaban “paranoicos”: había sido igualmente franco en la reunión del 8 de octubre, acusando a Itamaraty de mentirle al presidente Lula con respecto al ALCA. Claramente frustrado, afirmó que Itamaraty no quiere negociar en ningún foro, ni en el ALCA ni en la Organización Mundial del Comercio (OMC), haciendo notar el colapso de la negociación de la OMC en Cancún. Venturelli dijo que los altos funcionarios de Itamaraty formulan políticas completamente basadas en la ideología Norte-Sur de los años 60 sin fundamentos económicos verdaderos. Continuando con su descarga, dijo que la agricultura no es la preocupación central de la política comercial de Itamaraty, pero que más bien usaba eso como un escudo para su verdadero interés, que es evitar negociar acuerdos en servicios, inversión, propiedad intelectual y compras del gobierno.

 

Después fue el turno de Meyer, el funcionario de Economía:

 

Meyer hizo un análisis profundo y franco del tablero actual en el gobierno brasilero y sugerencias de cómo el gobierno de Estados Unidos puede fortalecer a las fuerzas pro-ALCA dentro del gobierno. Explicó que mientras el ministro de Economía quiere un ALCA por los beneficios económicos asociados con la liberalización del comercio, Itamaraty es responsable de llevar adelante la política comercial. El ministerio de Economía no comparte la perspectiva de Itamaraty de que el país debe cuidarse de salvaguardar la posibilidad de adoptar políticas industriales en el futuro.

 

A la hora de sacar conclusiones, la embajadora no le dio mucha importancia al mensaje de Dirceu sobre el supuesto compromiso de Lula con el ALCA. En cambio, compró el optimismo de sus informantes anti-ALCA dentro del gobierno brasilero, quienes habían asegurado que Brasil estaba aislado en la región y que la posición de Itamaraty estaba aislada dentro del gobierno brasileño.

 

Las críticas a Itamaraty por el aislamiento de Brasil, en particular su lucha por mantener a Uruguay y Paraguay como socios del Mercosur, han generado dudas sobre su sabiduría a la hora de  encarar el debate político. Esto abrió la puerta a un amplio arco de críticas de la prensa, comentaristas económicos e incluso de otros ministros. Esto destiñó la imagen de Amorim como un líder de la política exterior regional e introduce la idea de que Brasil puede estar actuando como un aguafiestas.

 

En su comentario final, la embajadora recomienda ser amables con Brasil en la siguiente ronda de negociaciones en Miami, previas a lo que sería la cumbre de Monterrey, Mexico de enero del 2004,  para que nadie les echara la culpa a los estadounidenses si Lula se retiraba del acuerdo. También recomienda calentarle la oreja a los países vecinos con la idea de que en su oposición al ALCA, Brasil se había quedado solo.

 

 

Comentario: Cualquiera sea la estrategia que el gobierno de Estados Unidos decida seguir en las negociaciones en Miami, sería sabio orquestarla de manera tal de que amigablemente deje la puerta abierta a una mayor participación de Brasil en el futuro, no sólo para permitir al gobierno de Estados Unidos de seguir en pos del objetivo mayor de un hemisferio totalmente integrado, pero también para minimizar la oportunidad de que las facciones anti-ALCA dentro de Brasil puedan responsabilizar al gobierno de Estados Unidos por el “fracaso” o el aislamiento de Brasil. Un mensaje consistente de los otros países de la región de que sus intereses no coinciden con los de Brasil será clave para alcanzar los objetivos previamente mencionados.

 

Publicado el 12 de julio de 2014.

 

 

About Author

Santiago O'Donnell es el director general de Medio Extremo. Es editor jefe de internacionales en Página 12. Y autor de tres libros: ArgenLeaks, Politileaks y Derechos Humanos® La historia del CELS. Antes de MX, trabajó en Los Angeles Times, The Washington Post y La Nación. Escribile a contacto@medioextremo.com

Leave A Reply