Lo malo y lo peor

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La matanza de cientos de manifestantes esta semana en Egipto demuestra una vez más que la peor democracia es mejor que una dictadura. Pero la lección llega demasiado tarde, no solo para los muertos y sus seres queridos, sino también para  los millones de egipcios que aplaudieron el golpe, hartos de la presidencia de Mursi. El miércoles pasado el ejército egipcio arrasó dos campamentos de Hermanos Musulmanes y mató a 300 manifestantes que pedían la restitución de la presidencia de Mursi. Ese mismo día, como consecuencia de la brutal represión, renuncio el vicepresidente egipcio Al Baradei,  experto nuclear de la ONU y premio Nobel de la Paz. El Baradei es el político más popular y reconocido fuera de Egipto pero no dentro del país, donde su cosecha electoral suele ser magra. Renunció a un gobierno interino títere de los militares. Un gobierno que se va desmembrando a medida que la brutalidad de los militares se hace más evidente, y que ya había perdido el apoyo de los islamistas salafistas tras otra matanza de Hermanos Musulmanes dos semanas atrás.

Por si hace falta recordarlo, Mursi, hoy preso bajo la ridícula acusasión de haberse fugado de una cárcel durante la dictadura de Mubarak, fue el primer mandatario democráticamente elegido en la historia del país. Pero  apenas duró un año antes de que retomaran el poder  los militares, los mismos militares que venían gobernando sin interrupciones desde la caída de la monarquía egipcia en 1952.

Claro que Mursi había hecho algunas cosas muy osadas , como descabezar a la cúpula militar y pasar a retiro a toda una generación de altos oficiales. Claro que Mursi cometió algunos errores. Por ejemplo, nombrar como nuevo jefe militar al general El Sisi, un tipo que había profesado su fe islámica y hasta había defendido la idea de un estado religioso durante su año de estudios en una academia militar estadounidense. Pero que ante la primera oportunidad de recuperar los privilegios perdido para la gran familia militar, El Sisi no dudó en voltear al presidente que lo había promovido y ordenar una represión abierta masiva de los Hermanos Musulmanes, el movimiento social sunita islamista que había ganado la presidencia con Mursi como candidato.

Claro que muchos no le perdonaron a Mursi el haber promulgado un edicto constitucional que lo ponía por encima de los tribunales, en una actitud francamenrte autoritaria. Pero también es cierto que esos tribunales heredados de la dictadura habían disuelto la Asamblea legislativa y la Asamblea constitucional con argucias técnicas, cuando ambos cuerpos se habían constituido a través de elecciones limpias ganadas por los Hermanos Musulmanes. Después, si esa mayoría redactó una constitución pobre, machista, confesional, o lo que sea,  si no fue lo suficientemente concesiva con la minoría laica y liberal derrotada en la urnas, como dicen muchos, puede ser. En todo caso sería un error de Mursi y los Hermanos Musulmanes, error que dentro de una democracia se castiga con el voto en la próxima elección.  En el caso egipcio, había elecciones legislativas programadas para el año que viene, y presidenciales para dentro de tres.  La democracia demanda paciencia.

Claro que paciencia en el caso de Egipto significa mucha paciencia. Significa bancarse el boicott empresarial que  producia colas larguísimas por faltantes de gasolina en las estaciones de servicio, y apagones masivos por cortes de luz, lo cual se revirtió como por arte de magia el día después del golpe. Y bancarse también la huelga de brazos caídos de la polícía, que se había acuartelado durante el gobierrno islamista, , generando un caos en el tránsito y una crisis de inseguridad,  hasta que llegó el golpe y entonces los uniformados se desplegaron con entusiasmo y alegría por todo el país. Paciencia significa bancarse que el gobierno apueste su futuro económico a un crédito puente con el FMI y no lo consiga porque no puede poner sus cuentas en orden, o porque los funcionarios del organismo financiero desconfían de tu gobierno. En todo caso el crédito se cae y no hay plan B porque el turismo, principal industria del país, también se va a pique por el caos político y la inseguridad y la falta de inversión, entonces la crisis se hace carne en la clase media urbana, que sale a la calle a protestar. Y está bien que proteste la gente y que se forme el movimiento Tamarrod de indignados egipcios, y que salgan a la calle de a millones a pedir el juicio político de Mursi.

En democracia protestar en la plaza y juntar firmas está muy bien, pero los juicios políticos los lleva adelante el poder legislativo y allí Mursi no corría ningún peligro. En lo que estuvieron mal esos indignados es en haber aplaudido el derrocamiento del presidente , con la excusa de que la gestión de Mursi  fue apenas una etapa necesaria dentro del proceso revolucionario que empezó con la caída del dictador Mubarak dos años atrás . No. Es cierto que una revolución había iniciado el proceso. Pero los millones de egipcios que habían votado por Mursi, y los millones que habían votado en contra de él, todos ellos habían apostado a la democracia.

Claro que medio Egipto apoyó el golpe. Claro que el general El SIsi usó palabras razonables al prometer una transición breve y pacífica. Claro que al día siguiente del golpe Arabia Saudita y Emiratos Arabes prometieron donar nueve mil millones de dólares al nuevo gobierno para salir de la crisis económica. Claro que Estados Unidos se negó a usar la palabra “golpe” para evitar que el Congreso le congele los 1,500 millones de dólares en ayuda militar que cada año el Pentágono le transfiere a las fuerzas armadas egipcias a título de ayuda directa. Claro que las potencias chíitas, Irán y Siria, no movieron un pelo para ayudar al gobierno de los Hermanos Musulmanes. Claro que Europa siguió la batuta de Washington y también se tragó la palabra golpe. Claro que hubo festejos en Israel. Todo sea para darle otra oportunidad a la “revolución” egipcia.

Entonces, ¿qué pasó? Pasó que la nueva dictadura cerró todos los medios de comunicación que simpatizan con los Hermanos Musulmanes, cosa que el gobierno de Mursi no había hecho ni remotamente con los medios de la oposición. Pasó que servicios de inteligencia y policías vestidos de civil atacaron y quemaron la sede de los Hermanos Musulmanes en la capital egipcia, sin que policías uniformados aparecieran por el lugar. Pasó que metieron presa a toda la cúpula de los Hermanos Musulmanes, empezando por el Líder Supremo, Badie, pasando por Mursi, y siguiendo por los demás. Nada que había hecho el gobierno de Mursi para alienar a la opocisión podía compararse con la brutal reacción de El Sisi y sus aliados de ocasión.

Entonces empezaron  los acampes y las protestas de los simpatizantes de Mursi. Ya que el ejército egipcio no respeta las urnas pero sí reacciona ante las demandas de una gran movilización popular, entonces llegó la contra-movilización. Cada vez que las fuerzas pro Mursi se manifestaron, el ejército reprimió. Cada represión hizo crecer a la protesta. Diez, veinte, treinta muertos. Cincuenta mil., cien mil, un millón de movilizados. ,Ya esta semana la protesta islamista  excedía por mucho a los militantes de la Hermandad Musulmana para incluir a  miles de contra-indignados que habían votado a Mursi porque querían un estado religioso y ahora salían a la calle para defender su voto.  Entonces llegó la gran represión. Más de 300 muertos por no acatar la orden de desalojar dos plazas.  Camiones blindados con topadoras arrasando las carpas de los manifestantes atrincherados detrás de bolsas de arena, que respondían con piedras, palos y armas cortas.  Francotiradores en las terrazas de los edificios aledaños. Helicópteros artillados Apache zurcando el cielo de los acampados. Dos días más tarde, otra marcha y otra violenta represión. Casi 200 muertos en el “viernes de ira”. Desproporción total en el uso de la fuerza del estado, masacre, todo por el capricho o la necesidad de no escuchar más las verdades que gritan los manifestantes .

 

Segura mente el gobierno de Mursi era malo, hasta pésimo quizás. Pero el gobierno golpista que lo sucedió eliminó la libertad de expresión y la libertad de reunión y la libertad de circulación de una fracción importante de la ciudadanía, amén de haber cometido violaciones aberrantes a los derechos humanos  de miles de egipcios. Ahora encima hay toque de queda y estado de emergencia, lo cual facilita aún más los abusos y la conductas aberrantes. Queda a la vista de todo el mundo que la dictadura de El Sisi mata, reprime, encarcela y silencia con obscena impunidad. Queda a la vista que la peor democracia es mucho mejor.

Publicado el 17 de agosto de 2013.

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About Author

Santiago O'Donnell es el director general de Medio Extremo. Es editor jefe de internacionales en Página 12. Y autor de tres libros: ArgenLeaks, Politileaks y Derechos Humanos® La historia del CELS. Antes de MX, trabajó en Los Angeles Times, The Washington Post y La Nación. Escribile a contacto@medioextremo.com

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